Riesgos de engordar en el embarazo

Riesgos de engordar en el embarazo
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Apenas quedan ya mujeres que den por cierta la manida expresión "hay que comer por dos” durante el embarazo. Y cada vez se impone más tomar conciencia de la importancia de mantener una alimentación equilibrada durante los meses de gestación.

Sin embargo, a pesar de que los médicos recomiendan, en términos generales, engordar entre 9 o 12 kilos durante el embarazo, la realidad es que muchas mujeres cogen más peso del razonable, especialmente aquellas que ya sufrían sobrepeso antes de quedar encinta. Según una encuesta de la Universidad de Yale, Connecticut (EE UU), casi dos tercios de las mujeres embarazadas engordaron más de lo recomendado en la gestación. Unos datos preocupantes, ya que más allá del mal trago que puedas pasar al subir a la báscula en cada revisión y el consiguiente bochorno por la reprimenda del ginecólogo, un peso excesivo en el embarazo puede tener unas terribles consecuencias, no solo para ti sino también para el bebé que está en camino.

 

Riesgos para la madre

 

1.       Aumento de riesgo de diabetes gestacional. La diabetes gestacional se produce cuando las hormonas durante el embarazo bloquean la acción de la insulina y como consecuencia de ello aumenta el nivel de azúcar en sangre. Entre los factores que predeterminan el desarrollo de esta patología están la edad avanzada de la madre, el sobrepeso, la vida sedentaria o el historial de diabetes familiar. Las mujeres que padecen diabetes gestacional tienden a tener bebés muy grandes al nacer (de más de 4 kg). Esto puede aumentar considerablemente el riesgo de complicaciones en el momento del parto haciendo necesaria, en la mayoría de los casos, la práctica de una cesárea. Además una tercera parte de las mujeres que sufren diabetes en el embarazo, desarrolla diabetes tipo 2 después de haber dado a luz.

Dolor de riñones en el embarazo

Dolor de riñones en el embarazo

Entre las molestias y afecciones que surgen en el embarazo, el dolor de riñones es uno de los más frecuentes. No pocas mujeres embarazadas se quejan de este malestar, que se sufre especialmente por la noche o al final del día, a partir del segundo trimestre.

 

2.       Incremento de riesgo de hipertensión gravídica o preeclampsia. La ganancia de peso en el embarazo se ha asociado a trastornos hipertensivos. Las mujeres con sobrepeso u obesidad tienen la tensión arterial más alta y sufren con más frecuencia preeclampsia. Las consecuencias de ésta pueden ser muy serias, llegando incluso a provocar la muerte de la madre o del feto. Mantener el peso dentro de los límites adecuados puede proteger frente a la aparición de esta patología en el embarazo.

 

3.       Más complicaciones en el parto y probabilidad de cesárea. Aparte de lo comentado anteriormente, es indudable que tener peso de más dificulta el movimiento y fomenta ciertos hábitos nada saludables: una mayor tendencia al sedentarismo, ausencia de ejercicio, mala alimentación... Todo esto coloca a la mujer embarazada con sobrepeso ante el riesgo de importantes alteraciones (diabetes gestacional, varices, edemas…) y afecciones del suelo pélvico (incontinencia urinaria o fecal, disfunción sexual, prolapsos). Al mismo tiempo favorecen los problemas en el trabajo del parto. Una mujer gorda tendrá menos energía, menos movilidad, y en general estará en peor forma para realizar los pujos. Con lo que el parto se alargará y habrá más posibilidad de sufrimiento fetal y por lo tanto de que el proceso termine con una cesárea.

 

Una investigación[i] publicada en la American Journal of Obstetrics & Gynecology en 2010, relacionaba directamente los Índices de Masa Corporal (IMC) altos con el aumento de cesáreas. Así, concluía que el riesgo de cesárea se incrementaba hasta un 5% por cada kilo que aumentaba el IMC.

 

4.       Retención del peso en el posparto y riesgo de obesidad posterior. Sin duda uno de peligros más habituales en las mujeres que cogen un peso excesivo durante la gestación es la retención de esos kilos de más tras el parto, que resulta especialmente frecuente en aquellas que al comienzo del embarazo no estaban en su peso ideal. El problema de engordar en este periodo radica en la dificultad de volver a recuperar el peso anterior. La mitad de las mujeres conserva 5 kilos de más pasado el primer año de dar a luz. Pero obviando las consideraciones estéticas, lo preocupante de esto es la alta propensión de estas mujeres a padecer sobrepeso después (4 de cada 10 mujeres estadounidenses tienen sobrepeso tras la gestación[ii]) o incluso obesidad, especialmente si tienen más embarazos, ya que los kilos retenidos entre estos se suman a los ganados en las nuevas gestaciones.

 

Riesgos en el bebé

 

1.       Mayor riesgo de anomalías fetales y del tubo neural. Según un estudio[iii] de la Universidad de Newcastle de Reino Unido, la obesidad de la madre está relacionada con el aumento del riesgo de malformaciones y anomalías del tubo neural del feto.

 

2.       Retardo de crecimiento. Los bebés de madres con sobrepeso, y especialmente las que tienen obesidad, crecen más lentamente que los de una madre cuyo IMC está dentro de los límites recomendados. Esta afirmación se basa en un estudio de la Universidad de Iowa (EE UU) publicado en la Journal of Pediatrics que concluye que el peso de la madre en el embarazo influye en el desarrollo posterior de los bebés, sobre todo al principio de su vida. Estos niños ganan menos masa grasa, fundamental para el crecimiento del cerebro.

 

3.       Incremento de la probabilidad de autismo. Los resultados de otro informe[iv], publicado en la revista Pediatrics, muestran la relación entre las condiciones metabólicas de la madre y el riesgo de desórdenes neurológicos en el niño. El trabajo afirma que las mujeres con obesidad tenían un 67% más de posibilidades de tener un hijo con autismo, en comparación con las mujeres participantes con peso normal o que no tenían ni diabetes ni hipertensión. Asimismo las primeras tienen el doble de probabilidad de que su hijo tenga otros trastornos de desarrollo como habilidades comunicativas deficientes, baja comprensión del lenguaje, falta de atención, etc.

 

4.       Muerte fetal. De acuerdo a lo expuesto en el trabajo de la Universidad de Newcastle (Reino Unido) el riesgo de muerte fetal aumenta cuando el IMC de la madre al inicio del embarazo es superior a 23. Cuando el IMC supera los 30 (obesidad) el riesgo se triplica.

 

Controlar el peso antes de quedarse embarazada, durante el embarazo y después del parto es algo más que una cuestión estética. La gestación no es un buen momento para hacer dietas estrictas pero sí una oportunidad para aprender a comer de manera saludable y controlar la alimentación.

 

Lo ideal, si se está planificando tener un hijo, es acudir a una cita preconcepcional, donde el ginecólogo podrá hacer un diagnóstico del estado de salud y vigilar el peso de la mujer. Ahora bien, en la mayoría de los casos, los tocólogos afirman no disponer de tiempo o conocimientos suficientes para aconsejar a las mujeres en lo que se refiere a nutrición y demás comportamientos relacionados con el peso. De modo que las pautas dietéticas que suelen aconsejar son menús estandarizados que no tienen en cuenta las características o necesidades concretas de cada embarazada. Por ello resultaría conveniente, si crees que necesitas ayuda en el control de los kilos, contactar además con un experto en nutrición.

 

 


[i] “Kominiarek MA, VanVeldhuisen P, Hibbard J, et al. The maternal body mass index: a strong association with delivery route” publicado en American Journal of Obstetrics & Gynecology 2010; 203:264.e1-7.

[ii] Institute of Medicine IOM: “Weight Gain During Pregnancy: Reexamining de Guidelines”. Washington, National Academy Press, 2009.

[iii] “Maternal Overweight and Obesity and the Risk of Congenital Anomalies A Systematic Review and Meta-analysis” del Institute of Health and Society, Faculty of Medical Sciences, Newcastle University, Newcastle upon Tyne, United Kingdom publicado en el Journal of the American Medicine Association JAMA.2009; 301(6):636-650.

[iv] "Maternal metabolic conditions and risk for autism and other neurodevelopmental disorders," publicado en la revista Pediatrics, Journal of the American Academy of Pediatrics.


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