Obesidad y embarazo

Obesidad y embarazo
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Obesidad y embarazo es una mala combinación. El exceso de peso, un problema muy frecuente en el siglo XXI, es perjudicial tanto para la salud de la madre como para el desarrollo del bebé. Si estás planificando tu embarazo y tu IMC está por encima de lo recomendado, es mejor que adelgaces antes de quedarte embarazada. Si ya lo estás, deberás controlar tu peso y tu alimentación durante estos 9 meses para evitar complicaciones

¿Soy obesa?
 
 
La obesidad es una de las enfermedades que más complicaciones puede provocar en un embarazo, y desde hace unos años, el número de personas con problemas de sobrepeso no deja de aumentar. La OMS (Organización Mundial de Salud) prevé que la obesidad y el sobrepeso adquirirán una dimensión de epidemia mundial en el siglo XXI. Y es que más de 1.000 millones de personas adultas tienen sobrepeso y de éstas, como mínimo 300 millones son obesas.
 
 
La obesidad -más frecuente en mujeres (17,5%) que en varones (13,2%)- está presente en el 14,5% de la población adulta mientras que el sobrepeso asciende al 38,5%. Esto es, uno de cada dos adultos presenta un peso superior a lo recomendable, según datos del Ministerio de Salud. También se ha observado que crece conforme aumenta la edad de las personas, alcanzando cifras del 21,6% y 33,9% en varones y mujeres de más de 55 años, respectivamente.
 
 
Ante estos datos, es fácil suponer que cada vez son más las mujeres embarazadas que presentan problemas de peso. Pero ¿cómo saber si se es obeso?
 
 
El término obeso realmente se refiere a alguien que tenga más de un 30% del peso ideal, tomando en cuenta la altura de la persona. Los profesionales médicos utilizan una escala conocida como Índice de Masa Corporal (IMC) para saber en qué rango se está. Para calcular nuestro IMC, hay que dividir nuestro peso entre nuestra altura en centímetros al cuadrado. El IMC está catalogado de la siguiente manera:

 
•    De 18,5 a 25: Ésta es la oscilación del peso ideal para la mayor parte de los hombres y las mujeres normales y saludables.

 
•    De 25 a 29,9: Sobrepeso.

 
•    30 y más: Obesidad.


 
 
Atendiendo a lo anterior, según tu IMC deberás engordar más o menos durante el embarazo:

 
Entre 20 y 25: deberías aumentar entre 11 y 16 kg.

 
< 20: entre 12,5 y 18 kg.

 
> 26: entre 6 y 11,5 kg.
 
En el primer trimestre no se suele engordar nada. A veces, incluso se pierde algún kilo si las náuseas y los vómitos –típicos de esta etapa- son muy frecuentes. En el segundo, se aumentan unos 6 kilos, de los cuales 2 son para el feto y los otros 4 para la madre, para la formación de tejidos maternos y la retención de agua. Y en el último trimestre, la ganancia es casi exclusiva para el feto y su medio, engordando de esta manera los kilos que faltan de acuerdo a su rango.
 
 
De todas formas, estas tablas no se tienen por qué cumplir con exactitud. Algunas mujeres sólo aumentan 7 kilos y otras, aunque acumulen 12, los pierden al dar a luz. En cualquier caso, los médicos tienen en cuenta otros factores que pueden favorecer el aumento de peso: sobrepeso, edad superior a los 35, embarazo múltiple, tendencia a engordar, llevar una vida sedentaria, no hacer ejercicio…


 
Complicaciones para la madre
 
 
La obesidad aumenta el riesgo de padecer algunas enfermedades:

 
- Preeclampsia: Es una enfermedad que provoca hipertensión arterial, retención de líquidos e hinchazón brusca de las extremidades durante el embarazo. Cuando es severa, puede llegar a restringir el flujo de sangre que debe dirigirse a la placenta, poniendo en riesgo la vida del bebé. En muchos casos, el único tratamiento es un parto prematuro.

 
- Diabetes gestacional: Es un tipo de diabetes que se desarrolla durante el embarazo. Impide que el organismo destruya y procese el azúcar, acumulándose un exceso de esta sustancia en la sangre de la madre, que puede atravesar la placenta con el consiguiente peligro para el feto. En respuesta a esta subida de glucosa, el páncreas del bebé comienza a fabricar insulina extra para transportar el azúcar a las células. Cuando ya no pueda soportar el ritmo, el excedente de azúcares se almacenará en forma de grasa en el bebé. Si la diabetes no se detecta a tiempo, el feto puede crecer más de la cuenta, por lo que el parto vaginal se hará más complicado y peligroso. Además, el niño corre el riesgo de padecer problemas de salud al nacer, será más propenso a la obesidad y a padecer diabetes de adulto.

 
- Cesáreas: Las mujeres que padecen obesidad durante sus embarazos corren un alto riesgo de experimentar problemas durante el trabajo de parto. El alumbramiento tiende a retrasarse y a prolongarse, incrementando la probabilidad de tener que someterse a una cesárea.

 
-Infecciones posparto: La obesidad puede dificultar la recuperación tras el parto, en particular, aumenta el riesgo de contraer una infección.


 
Complicaciones para el bebé
 
 
- Mayor posibilidad de partos prematuros.

 
- Macrosomía: Es una enfermedad que provoca que el feto aumente mucho de peso durante su desarrollo, más de lo normal. Esto puede complicar el trabajo de parto. Algunos bebés con exceso de peso pueden dañarse los hombros en el momento del parto.

 
- Defectos del tubo neural: Los fetos de madres obesas también tienen mayor riesgo de padecer algún defecto del tubo neural como espina bífida o anencefalia. Para evitarlo, es conveniente no olvidarse de tomar las cantidades de ácido fólico recomendadas durante el embarazo y los meses previos a la concepción, que deben ser mayores en el caso de mujeres con sobrepeso.

 
- Obesidad infantil: Varios estudios clínicos han demostrado que los niños nacidos de madres obesas son más propensos a padecer obesidad a partir de los cuatro años.


 
Tratamiento y prevención
 
 
El embarazo no es el mejor momento para comenzar un régimen de adelgazamiento. La madre necesita los nutrientes adecuados para asegurar el desarrollo del bebé. Por lo tanto, una vez embarazada no hay que someterla a una restricción de calorías, puesto que un déficit de nutrientes tiene como consecuencia, entre otras, la alteración del desarrollo neurológico fetal.
 
 
Lo mejor sería que la futura mamá adelgazara antes de quedarse embarazada, eso sí, siempre siguiendo un estricto control médico y los consejos de un nutricionista. No se debe seguir ninguna “dieta mágica”, ya que muchos de estos regímenes contribuyen a la pérdida en el organismo de nutrientes esenciales.
 
 
Además, es recomendable practicar algún tipo de ejercicio, tanto antes del embarazo como durante los 9 meses. Incluso el hecho de perder sólo unos pocos kilos podría contribuir a reducir los riesgos de padecer complicaciones durante el embarazo.
 
 
Pero si ya te has quedado embarazada y tu peso está por encima de lo ideal, hay que controlar durante los 9 meses la alimentación y los kilos aumentados, intentando que no sean más de 8 y que la mayoría se cojan en el último trimestre, para que vayan destinados al crecimiento del bebé.


 
Alimentos básicos:
 
 
- Frutas, frescas y de temporada, muy bien lavadas y con piel.
 
 
- Verduras y hortalizas. Al menos una ración diaria (las ensaladas son una gran opción).
 
 
- Lácteos, preferentemente desnatados aunque ricos en calcio.
 
 
- Cereales y derivados con moderación, mejor si son integrales.
 
 
- Legumbres, combinadas sólo con ingredientes vegetales, en la cantidad y frecuencia establecida en la pauta dietética. Olvídate del chorizo y la morcilla.
 
 
- Carnes blancas y a la plancha, al horno, a la parrilla… Elimina aquellas que tengan mucha grasa y evita los aceites.


 
Moda y embarazo: ¿Misión imposible?

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De repente llega una mañana en la que abres la puerta de tu vestidor y te das cuenta de que nada de lo que hay dentro te sirve. Hace ya un par de semanas que ibas con el botón del pantalón desabrochado, ocultándolo bajo la camisa, pero ahora la situación es crítica: ya no es el botón el único que se resiste a cerrarse, ahora la cremallera también se ha aliado en el boicot

 


Fuente:

Goetzl, Laura (2006), Concepción y embarazo a partir de los 35, Pearson Educación.

Redacción: Irene García

1 Comentarios

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  1. Anónimo

    ":-)".

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