15 pautas de crianza

15 pautas de crianza
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La crianza y educación de los hijos es muy importante para establecer una relación afectiva y de amor y lograr que el niño se desarrolle y crezca con felicidad, autoestima, valores morales… Pero criar a los niños no siempre es sencillo, por eso unas pautas esenciales pueden ayudarnos.

1- La relación con el bebé empieza antes de su nacimiento. No hay que esperar a que el pequeño nazca para empezar a forjar un vínculo con él, puesto que este empieza a crearse ya en el útero cuando pensamos en él, le hablamos, le cantamos, lo tocamos a través de la tripa, etc.


2- El nacimiento del bebé, por mucho que nos hubiéramos preparado mentalmente, causa una auténtica revolución familiar. Una vez que nace un hijo, ya nada será igual, por lo que debemos prepararnos lo mejor posible para estos cambios y afrontarlos con alegría y buen humor. Los roles familiares cambian y las primeras semanas nos invaden muchas emociones contradictorias (satisfacción, alegría, miedo, preocupaciones, inseguridades…), pero poco a poco nos tenemos que ir haciendo al cuidado de nuestro hijo y aceptando las nuevas responsabilidades.


3- El hijo real no es el hijo soñado. La realidad no siempre es como la habíamos imaginado. Quizá pensábamos en un niño tranquilo, pacífico, durmiendo y comiendo sin problemas, pero rara vez se da eso, por lo que debemos dejar atrás esa imagen ficticia y aceptar la realidad y a nuestro hijo tal y como es.

Los beneficios de los Grupos de crianza, lactancia y posparto

Los beneficios de los Grupos de crianza, lactancia y posparto

El ser humano es un ser social. Independientemente de lo introvertidos o extrovertidos, animales sociales o solitarios que seamos, contar con una red de apoyo a nuestro alrededor siempre es necesario, pero se hace especialmente útil en periodos complejos.


4- La prioridad número uno es el apego. El crecimiento sano del recién nacido se apoya en el establecimiento de un vínculo de apego seguro, confiable y estable con sus padres, lo cual se logra cuidándolo y tratándolo siempre con amor, y atendiendo al momento a todas sus necesidades, tanto físicas como emocionales. Para establecer un buen vínculo no solo tenemos que amar al bebé, sino también empezar a entenderlo.


5- Para sobrevivir, el bebé necesita cuidados físicos (alimentos, abrigo, higiene, salud), cuidados emocionales (amor, dedicación, protección) y establecer una relación de apego saludable con los seres más cercanos.


6- Algunos tóxicos emocionales que pueden afectar al clima familiar y que debemos evitar son: el desamor, el desapego, la falta de respuesta afectiva, la escasa o nula estimación, un clima familiar violento, la inestabilidad o la falta de rutinas. Estas situaciones son potencialmente dañinas para la salud física y emocional de los niños.


7- Los niños son muy tenaces… y debemos aceptarlo. La tenacidad a estas edades les permite seguir intentando lograr habilidades a pesar de las dificultades y de los fracasos y alcanzar nuevos hitos, por eso debemos valorar esta capacidad positivamente, a pesar de que a veces se vuelva contra nosotros, como cuando los pedimos hacer algo y responden que no una y otra vez. Para conseguir que nos hagan caso, en lugar de establecer una lucha de poderes hay que usar estrategias saludables como la negociación («¿Qué te parece si yo recojo un juguete y tú otro?»), dejarles tener cierto margen de decisión o felicitarlos cuando hagan las cosas a la primera.


8- Desde los 2 años el niño reclama su autonomía e independencia y hacer las cosas él solo, y debemos permitírselo, aunque nos lleve más tiempo, ya que eso aumenta su confianza, su seguridad y su responsabilidad.


9- Ante las temidas rabietas, que suelen comenzar en torno a los 2 años, debemos actuar primero con prevención, evitando situaciones que lo frustren o enfaden, dándole la posibilidad de elegir o distrayéndole con algo, cambiando el foco de atención. Si no se ha podido evitar la rabieta, hay que actuar con calma para enseñarle cómo reaccionar de manera adecuada a un conflicto, ignorar la rabieta, asegurándonos de que el pequeño no corre peligro, y ayudarle a tranquilizarse. Hasta que no se calme, no se le puede hacer caso. Una vez se pase, muéstrale lo alegre que estás porque ya haya parado.


10- Para enseñarles buenos hábitos (lavarse las manos, cepillarse los dientes, ducharse…), debemos aprovechar su natural gusto por el juego y lo novedoso y su tendencia a imitarnos. Además, los halagos una vez ha hecho lo que se le pedían siempre refuerza los buenos hábitos y acciones.


11- Es fundamental que la educación sea no sexista, ya que muchos de los problemas actuales de la sociedad derivan de una educación sexista y machista, por lo que la igualdad empieza en la educación familiar. Evita los estereotipos y frases como “los chicos no lloran” o “el rosa es un color de chicas” y ayúdales a respetar a los demás y a sí mismos sin importar el sexo.


12- Tu hijo va a sufrir estrés, debes aceptarlo y ayudarle a él a hacerlo. No hay vida sin estrés, es normal sufrir cierto grado de estrés e incluso puede ser positivo y ayudarnos a avanzar y mejorar, por lo que no debemos intentar evitar cualquier tipo de estrés en nuestro hijo, solo vivir con estrés continuado. Además, debemos enseñar al niño a afrontar el estrés y expresar sus emociones.


13- Las emociones de los niños son muy intensas y cuesta controlarlas, por eso debemos enseñarle inteligencia y control emocional desde bebés mediante el ejemplo y hablando a menudo de nuestras emociones. No hay que evitar las emociones negativas, sino enseñar a afrontarlas y superarlas. El autocontrol ayudará a tu hijo a ser más feliz.


14- Poner límites implica más amor, no menos. Los límites ayudan al niño a sentirse seguro y saber lo que está bien y lo que está mal. Al poner límites le damos una estructura comprensible para entender el mundo y una guía y orientación para la vida. Los límites también le ayudan a aprender a tomar decisiones, a responsabilizarse de sus acciones, a pensar y a crear un clima agradable de convivencia.


15- Las recompensas son un gran apoyo para la educación. Las recompensas no implican juguetes o regalos, sino actividades o privilegios especiales como un paseo, un rato más de juego, ir al cine el fin de semana, etc. Muchas veces es útil y necesario anunciarles la recompensa que obtendrán si hacen algo, ya que eso los motiva y anima. Lo importante es que la recompensa concreta, cuando exista, se sume al estímulo afectivo y no que lo reemplace. Además, para que una recompensa funcione debe ser algo realmente valorado por el niño, adaptado a sus gustos (lo que vale para unos, no vale para otros), que no pueda conseguir de otra manera y que lo reciba lo antes posible para que lo relacione con el comportamiento positivo. Por último, no se debe usar el mismo estímulo una y otra vez, porque pierde su valor. 

 


Fuente:

“Guía sobre pautas de crianza para niños y niñas de 0 a 5 años de edad”, UNICEF. http://files.unicef.org/uruguay/spanish/guia_crianza.pdf

Redacción: Irene García

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