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Cómo actuar ante las rabietas infantiles

Cómo actuar ante las rabietas infantiles

Todos los niños pasan por una etapa de rabietas entre los 2 y los 4 años. El desarrollo de su autonomía y la falta de control de sus emociones a esta edad son los detonantes de estas pataletas que, seamos sinceros, ningún padre soporta. Pero saber cómo actuar cuando a nuestro hijo le da una rabieta es esencial para controlarlas y llevarlas lo mejor posible.

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¿Cuándo aparecen las rabietas?

Las rabietas suelen empezar en torno a los 2 años, cuando los niños empiezan a desarrollar su independencia y descubren que pueden decir que “no” a sus padres o elegir lo que quieren hacer. A esta edad, como a casi todas, no les gusta que les digan qué pueden hacer y qué no. Además, para ellos no existe el “después”, solo el “ahora”, y si no consiguen lo que quieren en el momento que lo quieren, les entra una rabia inmensa que no son capaces de controlar y que se escapa por sus poros en forma de gritos, llantos, pataletas e incluso insultos o golpes a sus padres.

Estos ataques de rabia de los niños también alteran a los padres, que se ponen nerviosos al ver a sus hijos montando ese espectáculo, especialmente cuando se está en público o con otras personas. Pero ponerse aún más nervioso que el niño no solo no ayuda, sino que empeora la situación. Y es que la enseñanza más importante que debes tener en cuenta a la hora de tratar con una rabieta de tu hijo es tener paciencia y ser consciente de que tu hijo no se pone así para molestarte, sino que no sabe reaccionar de otra forma. Todavía. Pero para eso estamos los padres.

 

¿Cómo actuar ante las rabietas del bebé?

Lo primero que debes hacer es observar cuándo se producen de manera más habitual estas rabietas, ya que hay ciertos estados o actividades que pueden desencadenar una pataleta, y si las conocemos y las evitamos, mucho mejor. Por ejemplo, los niños suelen ponerse más nerviosos cuando están cansados. Si ves que tiene sueño, intenta distraerle o proporcionarle alguna actividad que le entretenga hasta que sea posible llevarle a la cama. El hambre también puede desencadenar una rabieta ya que los niños, cuando están hambrientos, se ponen muy nerviosos. Los niños también utilizan las rabietas para llamar nuestra atención o manipularnos, por lo que no siempre son involuntarias.

Después, recuerda la enseñanza clave que te hemos dado antes: paciencia y tranquilidad. Respira hondo y no te pongas nervioso, ni le grites ni le zarandees diciéndole que pare. No servirá de nada que le pegues o le regañes. Pero tampoco que cedas a sus caprichos. Sí es cierto que si le das lo que quiere en ese momento puede que pare, pero así solo conseguirás que sus rabietas se hagan más frecuentes ya que comprenderá que puede obtener lo que quiera por medio de estas pataletas. Debes ser firme y, si le has dicho que no, no puedes cambiar de idea, aunque también debes ser flexible y ver si la situación es tan importante como para no poder negociar (no es lo mismo que se enfade por ir al colegio que por ponerse un jersey rojo).

Lo que hay que hacer es esperar a que el niño se calme para poder hablar con él. Hazle ver que le vas a ignorar mientras siga gritando y llorando, y que solo cuando esté tranquilo valorarás sus deseos. Asegúrate de que no está en peligro ni se va a hacer daño, y déjale que siga hasta que se calme. Aunque de primeras no lo parezca, en cuanto se dé cuenta de que no consigue nada así, se irá tranquilizando ya que lo único que busca es tu atención.

Una vez se haya calmado, tampoco debes regañarle, sino decirle lo contento que estás de que se le haya pasado. Muéstrale cariño y comprensión a la vez que le dices lo feliz que estás porque se ha calmado solo. Así desarrollas su autonomía y le haces ver que él solo puede calmarse.

Habla con él para averiguar qué le pasa e intentar buscar una solución intermedia. Si estaba frustrado o enfadado, dile que puede pedirte ayuda siempre que lo necesite antes de ponerse así. Tienes que proporcionarle herramientas nuevas para expresar sus emociones, como hablando contigo, dibujando, etc.

Otra forma de conseguir que se calme es dándole un abrazo. Tu amor y comprensión es justo lo que necesita en ese momento, así que dale un abrazo o pídele que te lo dé él. Si te lo concede (no todos los niños quieren en ese momento que les toquen), verás cómo se calma al momento.

También puedes desviar su atención hacia otra cosa o hacia algo divertido. Si consigues sacarle una sonrisa, parará y se centrará en lo nuevo.

Procura que tu hijo libere tensiones y energía llevándolo al parque, a montar en bici, a correr o a hacer cualquier tipo de ejercicio, así tendrá menos rabia dentro. 


Fecha de actualización: 03-11-2020

Redacción: Irene García

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