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Qué hacer cuando mi hijo de dos o tres años me pone a prueba

Qué hacer cuando mi hijo de dos o tres años me pone a prueba

Los niños cuando tienen dos y tres años de edad están en una edad muy bonita ya que todo es nuevo y todo puede ser muy divertido, incluso las normas de los padres les pueden resultar muy divertidas y así desafiarles para ver hasta dónde pueden llegar.

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Indice

 

Reafirmación de la identidad del niño

Los niños a partir de los dos años (y quizá un poquito antes) empiezan a proyectar su identidad y a oponerse a lo que los padres les imponen; es como si fuera “la primera adolescencia” para poner a prueba sus límites. Generalmente lo hacen a partir de gritos, rabietas y negaciones sistemáticas a cosas que antes podían hacer de buen gusto. Esto hará que su comportamiento se convierta en algo complicado de manejar, pero con calma y paciencia se pueden conseguir grandes resultados.

Este tipo de actitud infantil es saludable porque significa que está evolucionando correctamente ya que el niño de dos años empieza a darse cuenta de que es un ser diferente a sus padres. Es capaz de reconocer que puede hacer las cosas por sí mismo sin ayuda y quiere llegar más lejos con su propia autonomía, algo fundamental para su independencia. Pero ¿qué hacer cuando un hijo de dos o tres años pone a prueba a los padres? ¿Se debe imponer mano dura y ser contundentes con el comportamiento o más bien tener comprensión ante este comportamiento?

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Durante el año lectivo, en la mayoría de los casos, todo lo relacionado con el almuerzo de los niños recaía en los comedores escolares, lo que proporcionaba a los padres cierta comodidad y seguridad. En periodo de vacaciones la responsabilidad descansa completamente en las familias, lo que puede plantear algunas dudas. ¿Por qué mi hijo casi no come si en la guardería no tenía problemas?

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Calma y paciencia

Cuando un niño niega y se enrabieta haciéndolo no siempre puede comprender esos sentimientos que le recorren por dentro así que hay que estar con él en ese proceso para calmarle. Para lograrlo los padres deberán estar calmados porque intentar tranquilizar a un niño mientras uno está muy nervioso es imposible.

Responder a las rabietas con fuerza o agresividad además de inadmisible dañará gravemente la confianza y el vínculo entre padres e hijos, además de que afectará al buen desarrollo del pequeño. Por este motivo los padres deberán actuar siempre como modelo y buen ejemplo de comportamiento para que el niño empiece a observar cómo la calma, la paciencia y el diálogo son los mejores compañeros para solucionar conflictos.

 

Observación

La observación es la mejor herramienta porque se puede descubrir y predecir gracias a su comportamiento cuándo tiene sueño o hambre, cuándo intenta poner a prueba a los padres, qué aspectos le pueden generar estrés, etc. De este modo los padres podrán ver cómo empieza a comportarse su hijo para poder evitar comportamientos inadecuados.

 

Comprensión

Cuando un niño quiere poner a prueba a sus padres no hay que entrar en su juego, ni enfadarse ni tampoco recriminar el comportamiento del pequeño que lo único que está haciendo es explorar su entorno.

Si un niño se enfada o tiene una rabieta es probable que acabe llorando y gritando por lo que será necesario la comprensión por parte de los padres de este comportamiento ofreciéndole todo el cariño necesario para que vea que existen unas normas y unos límites en casa pero también grandes dosis de amor y comprensión.

 

La silla de pensar

Cuando un pequeño se rebela hay que actuar con firmeza pero con calma. Antes se usaba mucho la “silla de pensar”, que implicaba sentar al niño los mismos minutos que edad tiene para que se calmara y reflexionara sobre su comportamiento; mientras, los padres respiraban hondo y también podían calmar sus posibles frustraciones. Actualmente no se aconseja esta técnica, ya que implica dejar al niño sentado solo, lo cual puede hacerle sentir abandono. Por eso, es mejor usar otras técnicas para tranquilizarse, como la respiración profunda, y no dejar al niño solo salvo que estés tan nervioso que necesites irte unos minutos para calmarte, pero no dejarle sentado en una silla (y mucho menos solo en otra habitación o castigado de cara a la pared).
 

Alternativas al no

Cuando un niño pone a prueba es porque sabe la respuesta de sus padres así que una forma de romper con esto es ofrecerle al niño oportunidad de elección y de este modo olvidar el “no” porque además de desgastar cansa tanto a adultos como a niños. Para conseguir esto y además potenciar su capacidad de elección se puede también distraer al pequeño cuando está poniendo a prueba al adulto para que vea que no le damos importancia  a sus ataques.

En cambio, si se da importancia a los desafíos sin duda alguna el pequeño verá que tiene resultados e intentará mejorar sus tácticas poniendo a prueba más a menudo a los adultos. El pequeño debe ver y entender que para tomar sus decisiones no es necesario tener que enfrentarse a los padres sino que con diálogo y comunicación se pueden llegar a acuerdos en los que todos salgan contentos. Pero eso sí, llegar hasta este punto es un trabajo difícil que requiere de mucha paciencia y comprensión por parte de los padres.


Fecha de actualización: 17-06-2020

Redacción: María José Roldán

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