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Cómo ayudar a mi hijo obsesivo compulsivo

Cómo ayudar a mi hijo obsesivo compulsivo

Los trastornos obsesivos compulsivos están caracterizados por la presencia de obsesiones (“no puedo tocar la mesa porque me contamino”), imágenes horribles (“no soporto esta foto, me viene una imagen a la cabeza asquerosa”), o impulsos intrusivos no deseados. Este tipo de pensamientos e ideas causan ansiedad y malestar y son muy difíciles de suprimir. Si tu hijo tiene este tipo de pensamientos recurrentes que le obsesionan y no le dejan hacer su vida, debes acudir a un experto que le ayude a superar su trastorno obsesivo compulsivo (TOC).

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Las preocupaciones y obsesiones, así como las costumbres o rituales, forman parte de nuestra vida cotidiana. Muchos de nosotros pasamos horas dándole vueltas a un tema que nos preocupa, buscando cómo actuar o qué hacer para solucionarlo. Los rituales también forman parte de nuestra vida en las comidas, la higiene, la limpieza… facilitando y mejorando nuestra vida. Somos, como se dice, “animales de costumbres”. Esto es algo normal y adaptativo, sin embargo, puede convertirse en un problema cuando estos pensamientos se repiten con excesiva frecuencia, escapan a nuestro control, nos hacen sufrir e interfieren de manera significativa en nuestra vida. En ese momento es cuando hablamos de un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC).


Este tipo de trastorno se ubica dentro de los trastornos de ansiedad y puede darse desde la infancia, por lo que es perfectamente posible que nuestro hijo lo sufra. Las obsesiones son pensamientos, impulsos, imágenes recurrentes y persistentes que se experimentan como intrusivas e inapropiadas y generan malestar. Mientras que las compulsiones son comportamientos estrictamente motores (lavar, ordenar, etc.) o respuestas cognitivas de carácter repetitivo (rezar, contar, repetir palabras, etc.).

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Aunque no se sabe la causa de este tipo de trastornos, recientes estudios lo relacionan con variables psicológicas, genéticas, bioquímicas y neuroanatómicas.


Actualmente, se considera que el TOC es el tercer trastorno mental más común en niños, tras las fobias y la depresión mayor. Investigaciones indican que el 80% de los adultos con TOC lo empezaron en la infancia, solo que no se detectó hasta más tarde. Se estima que hay una prevalencia de 1 al 2,3 por cada 100 niños.


¿Cómo saber si mi hijo padece TOC?


Como decíamos, cierto grado de obsesión es normal en todos a veces, por eso, para detectar si tu hijo sufre este trastorno es importante estar atento a estas señales:


1- Los pensamientos obsesivos se autoimponen y no se los puede quitar de la cabeza. Aparecen de forma automática en la mente de forma repetitiva, causando ansiedad y malestar y repercutiendo en el estado de ánimo del niño o niña.


2- La obsesión es algo más que una idea fija. Las ideas fijas, una vez alcanzado el objetivo deseado, suelen desaparecer. Sin embargo, en el caso del TOC se mantienen.


3- Los rituales no son evolutivos ni ayudan al niño a sentirse bien o mejorar, sino que son rituales patológicos, que se realizan siempre del mismo modo siguiendo un esquema y no ayudan al niño a sentirse mejor, sino que sigue preocupado u obsesionado a pesar de haberlo realizado.


¿Cuáles son las obsesiones principales?


a) Obsesiones de contaminación. Son las más frecuentes. Al niño le preocupa mancharse o que se ensucien otros que están cerca de él. A veces cree que hay gérmenes que pueden contaminarnos y hay que evitarlos.


b) Obsesiones de error. Es el segundo tema más frecuente. En este caso, el niño está en constante alerta por si comete un error, lo que le provoca una preocupación excesiva que le obliga a preguntarse una y otra vez si lo habrá hecho bien. La duda aumenta la ansiedad, y esta lleva a la compulsión.


c) Obsesiones de agresividad. El tema principal de estas obsesiones es miedo a hacer daño a los demás, bien a través de un acto (perder el control) o un pensamiento. Este tipo de obsesiones generan un gran sentimiento de culpa.


d) Obsesiones de desgracia. Es un pensamiento mágico y supersticioso que puede estar relacionado con números (el número 13), espacios (no pisar una raya del suelo), figuras (los triángulos dan mala suerte), animales (el gato negro), etc.


e) Obsesiones sexuales. Menos frecuentes en los niños, pero más al llegar a la adolescencia. Viven con culpa y vergüenza a causa de los pensamientos sexuales que tienen, que pueden ser perfectamente normales y no estar relacionados con perversiones.


f) Obsesiones religiosas. Se trata de preocupaciones excesivas por los actos morales, por hacer algo mal o por enfadar a dios. Estos pensamientos atormentan al chico y hay un miedo excesivo a cometer pecados.


¿Qué tipo de compulsiones hay?


a) Compulsiones de lavado. Suelen ir asociadas a obsesiones de contaminación. El lavado es excesivo y obedece a un ritual, a una forma determinada de llevarlo a cabo. Por ejemplo, hay que lavarse las manos 4 veces, secarse y volverse a lavar 4 veces.


b) Compulsiones de comprobación. Frente a la obsesión del error, suele utilizarse la compulsión de la comprobación. El niño comprueba una y otra vez las tareas para confirmar si están bien o no.


c) Compulsiones de orden y simetría. Consiste en que los objetos del entorno estén colocados de una determinada forma y orden y, si se mueven, el chico tiene que volver a colocarlos.


d) Compulsiones de repetición y tacto. Suelen responder a obsesiones de desgracia. Puede consistir en tocar determinadas veces un objeto, encender y apagar la luz x veces, etc.


f) Compulsiones mentales. Las compulsiones pueden aparecer en forma de respuestas cognitivas, lo que se conoce como rituales mentales. Se realizan con el fin de neutralizar la ansiedad provocada por las obsesiones para distraerse de los pensamientos no deseados o prevenir que ocurra algo temido.


¿Cómo se trata el TOC?


Si tu hijo tiene TOC, debes acudir a un profesional (psicólogo o psiquiatra) que se encargará de hacer una evaluación para determinar qué tipo de obsesiones y compulsiones presenta tu hijo (pueden ser más de una).


Después, se enseña a los padres a observar y registrar las conductas que se quieren cambiar para saber cuándo y en qué momentos aparecen.


El tratamiento que se suele emplear es la exposición con prevención de respuesta (EPR). Es la técnica más usada y la que mejor parece funcionar. Consiste en reducir la ansiedad que el niño siente ante esos pensamientos para que evite ese malestar que le lleva a esas acciones compulsivas. La EPR se basa en interrumpir ese círculo vicioso mediante el enfrentamiento del paciente a los estímulos temidos, al tiempo que se le indica que no debe realizar las respuestas de evitación/escape. El modo de intervención más frecuente es el gradual mediante la construcción de una jerarquía de estímulos en orden de menor a mayor ansiedad provocada.


De este modo, se consigue que el niño no sienta ansiedad ante esos pensamientos y pueda ir reduciéndolos, así como las compulsiones.


Como se puede ver, el papel de la familia es fundamental en el tratamiento. La familia debe crear un entorno de calma y proporcionar apoyo y contención, así como ayudar al niño a realizar las tareas que le mande el psicólogo para ir superando sus obsesiones. 


Fuentes:

Rosa Alcázar, Ana Isabel (2012), El trastorno obsesivo-compulsivo en la infancia. Una guía de desarrollo en la familia, Madrid, Ed. Pirámide.

Rosa Alcázar, Ana Isabel; Olivares Rodríguez, José (2010), El trastorno obsesivo-compulsivo en niños y adolescentes, Madrid, ed. Pirámide.

 

 

Fecha de actualización: 24-12-2018

Redacción: Irene García

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