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¿Es posible no chillar a nuestros hijos?

¿Es posible no chillar a nuestros hijos?

Todos sabemos que no debemos gritar a nuestros hijos, que es malo para su desarrollo y que no sirve de nada, además de ser bastante hipócrita pedirles que no chillen a grito pelado. Sin embargo, los niños, sobre todo los propios, tienen la capacidad de sacarnos de quicio y hacernos olvidar, en un solo momento, todos nuestros buenos propósitos. Y luego nos arrepentimos, pero el grito ya está dado. ¿Es posible evitar los gritos?

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Muchos padres piensan que la única manera de conseguir que sus hijos les hagan caso y de llamar su atención es mediante gritos. Otros saben que esto no es verdad, pero aun así no pueden evitar gritar a sus hijos cuando no consiguen que hagan lo que les han pedido de manera amable durante 15 minutos.

El problema es que gritar puede resultar efectivo al momento, pero está comprobado que una educación basada en gritos es perjudicial para el desarrollo emocional del niño. Para empezar, los gritos les asustan y les hacen pensar que sus padres no los quieren tanto como dicen. Además, cuando gritamos los niños pelean, huyen o se quedan paralizados, por lo que no están aprendiendo la lección ni interiorizándola. Y, peor aún, gritar enseña a los niños a hablar a gritos, puesto que es lo que ven en sus padres. 

Si cuando gritas a tu hijo ya ni se inmuta, es que te ha escuchado gritar demasiado y ha desarrollado defensas contra esos gritos, por lo que ya ni siquiera son eficaces para conseguir que te haga caso al momento.

Nuestra ira aleja a nuestros hijos de nosotros y les enseña que las peleas y los gritos son la única forma de resolver los conflictos, lo que hace que sean más agresivos al llegar a la adolescencia. Y, además, los aleja de nosotros, haciendo que pierdan la confianza en nosotros y se refugien en sus amigos, perdiendo nuestra influencia sobre ellos cuando más necesaria es.

La mayoría de los padres no grita por costumbre a sus hijos, lo hace solo en determinadas ocasiones cuando los nervios y el enfado les supera, pero, aunque no sea la tónica habitual, sigue sin ser bueno. Y, aunque no lo creas, es posible no gritar a tus hijos nunca. Solo hace falta que aprendas cómo controlar y gestionar tus emociones para detenerte antes de tiempo y evitar los gritos en tu casa. Solo debes seguir estos consejos y practicarlos hasta que no te cueste llevarlos a cabo.

1. Comprende que tu trabajo número 1 como padre es brindar seguridad física y emocional, y eso incluye controlar tus propias emociones: porque tu calma es lo que ayuda a que tu hijo se sienta lo suficientemente seguro como para que no se ponga a la defensiva. También es la forma en que tu hijo aprende la regulación emocional. Si estás demasiado estresado para disminuir la velocidad y ser respetuoso, entonces debes empezar a cuidarte para reducir el estrés de tu vida y no pagarlo con nadie. Tus hijos se lo merecen. Y tú también.

2. Comprométete con tus hijos a no gritarlos: Aunque dé un poco de miedo decirles a tus hijos que vas a dejar de gritarlos, es necesario que te comprometas en voz alta con ellos para intentarlo de verdad. Si no haces una promesa firme, será más complicado que la cumplas. Diles que vas a intentar no gritar, que a veces cometerás errores, pero que mejorarás poco a poco.

3. Recuerda que los niños son solo niños: ¡Ese es su trabajo! Son seres humanos inmaduros, que aprenden cómo funcionan las cosas y qué esperar. Necesitan presionar sobre los límites para ver hasta dónde pueden llevarte. Necesitan experimentar con el poder para que puedan aprender a usarlo de manera responsable. Su corteza prefrontal no está completamente desarrollada, por lo que sus emociones a menudo toman el control, lo que significa que no pueden pensar con claridad cuando están molestos. Y, como a otros humanos, no les gusta sentirse controlados. Por eso, cuanta más empatía y respeto muestres por ellos, más cooperación obtendrás. Debes ser capaz de regularte incluso cuando ellos no lo hacen para que aprendan cómo comportarse. Intenta ponerte en sus zapatos y entender cómo piensa y por qué actúa como lo hace para que no te saque de tus casillas rápidamente. Tú eres el adulto.

4. No acumules resentimientos: Si cada vez que tienes un mal día, te vas guardando esos sentimientos negativos dentro en lugar de intentar darles salida, es normal que, al llegar a casa, estalles con tu hijo por cualquier tontería, a pesar de que realmente no es con él con quien estás enfadado. Asume la responsabilidad de tu propio estado de ánimo e intenta modificarlo antes de estar con tus hijos y no pagarlo con ellos.

5. Ofrece empatía cuando tu hijo exprese emoción, sea cual sea la emoción: Así comenzará a reconocer y aceptar sus propios sentimientos, que es el primer paso para aprender a manejarlos. Una vez que los niños pueden manejar sus emociones, pueden manejar su comportamiento. Sentirse comprendido también evita que los niños se enfaden y se pongan nerviosos a menudo.

6. Mantente conectado y mira las cosas desde la perspectiva de tu hijo, incluso cuando estás estableciendo límitesCuando los niños creen que estamos de su lado y los entendemos, a pesar de estar diciéndoles que no a algo, quieren comportarse y ser más cooperativos. Por lo tanto, intenta conectarte primero con tu hijo. Hasta que no se sienta comprendido, no podrás ser su guía y su ejemplo a seguir. Primero calmaros, luego hablad las cosas, y luego ya estableced límites.

7. Cuando te enfades, para: Cierra la boca y no adoptes ninguna acción ni ninguna decisión hasta que no hayas respirado profundamente. Si ya estás gritando, detente, apártate y sacude las manos. Resiste a la urgente necesidad de "enderezar a tu hijo". La urgencia significa que todavía estás en "lucha o huida". No actúes hasta que estés más tranquilo.

8. Date un tiempo de espera: Apártate de tu hijo físicamente. Respira profundamente. Si no puedes salir de la habitación, deja correr un poco de agua y salpícate en la cara para dejar de pensar en tu hijo y pasar a pensar en tu estado interior. Bajo tu ira está el miedo, la tristeza y la decepción. Deja que todo eso circule, y sólo respira. Deja que vengan las lágrimas si es necesario. Sé amable y comprensivo contigo mismo. En ese momento, la ira irá desapareciendo.

9. Encuentra tu propia sabiduría: Desde ese lugar más tranquilo, imagina que hay un ángel en tu hombro que ve las cosas objetivamente y quiere lo mejor para todos en esta situación. Este es tu propio entrenador personal de padres. ¿Qué dice ese ángel bueno? Te puede dar un mantra para ver las cosas de manera diferente, como:

"No tengo que ganar, puedo dejar que esto pase”

"Está actuando como un niño porque es un niño"

"Este comportamiento indica cuán molesto y enfadado está mi hijo, cuánto necesita mi ayuda"

"No tengo que tener razón. Solo puedo elegir quererlo”

10. Deja de intentar enseñar una lección en este momento y, en su lugar, toma medidas positivas desde un lugar más tranquilo: Si intentas enseñar ahora mismo, te encontrarás avergonzado. No es un momento de enseñanza hasta que todos estéis tranquilos y reconectados.

Una acción positiva en este momento podría ser el detonante para que todos volváis a la senda. Podría significar que te disculpas. Podría significar que haces reír a tu hijo malhumorado, y si eso no funciona, apóyalo a través del llanto para que todos podáis tener un día mejor. Puede significar que dejas la discusión y simplemente te acurrucas debajo de las sábanas con tus hijos y una pila de libros hasta que todos os sintáis mejor. Solo da un paso para ayudar a todos a sentirse, incluyéndote a ti.

¿Las malas noticias? Esto es duro. Se necesita un tremendo autocontrol y fallarás muchas veces, pero no te rindas.

¿Las buenas noticias? Funciona. Se vuelve más y más fácil detenerse en medio de los gritos y luego detenerse incluso antes de abrir la boca. Solo sigue moviéndote en la dirección correcta. Estás reconectando tu cerebro. En algún momento, te darás cuenta de que hace meses que no le gritas a nadie.

¿Las mejores noticias? Tu hijo se transformará, justo delante de tus ojos. Lo verás trabajando duro para controlarse cuando se enoje, en lugar de atacar. Lo verás cooperando más. Y lo verás "escuchar" cuando ni siquiera has levantado la voz.

 

 


Fuente:

Dr. Laura Markham, Psicóloga Clínica por la Universidad de Columbia

Fecha de actualización: 02-03-2021

Redacción: Irene García

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