Si gritas a tu hijo, prepárate para una vida de gritos

Si gritas a tu hijo, prepárate para una vida de gritos
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Ser padre es una de las pocas ocupaciones donde los gritos parecen obligatorios. La pregunta no es por qué los padres gritan, hay innumerables razones, sino qué efecto está teniendo en los niños. Y el creciente consenso científico es que gritar o regañar los hace más agresivos y más ansiosos. ¡Así que dejemos de gritar a nuestros hijos!

De acuerdo con la Dra. Laura Markham, fundadora de Aha! Parenting y autora de Peaceful Parent, Happy Kids: How to Stop Yelling and Start Connecting, gritar es algo de lo que podemos prescindir. Pero ella también es realista. Has dormido solo 3 horas, no llegas a tiempo a la reunión... y no consigues que tus hijos se vistan. La buena noticia es que para aquellos que esporádicamente acuden los gritos, el daño psicológico y emocional a un niño es mínimo (suponiendo que no sea un verdadero abuso verbal). La mala noticia es que quienes lo hacen constantemente están creando niños gritones. Esto es lo que sucede en realidad cuando los padres alzan la voz.


Pelea, Huye o Para

 

La Dra. Markham dice que, si bien los padres que gritan no están arruinando el cerebro de sus hijos, per se, los están cambiando. "Digamos que durante una experiencia relajante, los neurotransmisores del cerebro responden enviando sustancias bioquímicas calmantes para que estemos seguros. Es entonces cuando un niño construye vías neuronales para calmarse".

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Cuando se grita a un niño pequeño con una corteza prefrontal subdesarrollada y creando sus funciones ejecutiva, ocurre lo contrario. "El niño lanza bioquímicos que indican pelea, huída o congelación". Por lo que pueden golpearte, escaparse o quedarse parados como un animal asustado delante de un coche a punto de atropellarle. Ninguna de estas opciones es buena para la formación de su cerebro ", explica. Si esa acción ocurre repetidamente, el comportamiento se vuelve arraigado.    

Gritar nunca es igual a comunicación  

No importa si alguien está en una sala de juntas o en la sala de juegos, en el momento en que esa persona levanta la voz, sus palabras pierden credibilidad. Nadie (excepto un pequeño porcentaje de sádicos) disfruta de que le griten. Entonces, ¿por qué los niños? "Cuando los padres gritan, los niños aceptan por fuera, pero eso no significa que esté más abierto a su influencia, sino menos", dice la Dra. Markham. Los niños más pequeños pueden llorar; los niños mayores tendrán una apariencia acristalada, pero ambos se están apagando en vez de escuchar.    

Las dos claves para regañar a los niños correctamente  

1- No grites, al menos tanto como sea posible. La investigación encuentra que los gritos constantes a una edad temprana pueden llevar a enfrentamientos de gritos prolongados cuando tu hijo llega a la adolescencia.  

2- Céntrate en participar en un diálogo calmado. Gritar interrumpe todas las formas de comunicación entre el niño y tú, y con frecuencia impide que las lecciones se aprendan a través de la disciplina.  

Los adultos son aterradores  

El poder que los padres tienen sobre los niños pequeños es absoluto. Para ellos, sus padres son personas dos veces más grandes que les proporcionan lo que necesitan para vivir: comida, refugio, amor. Y cuando esa persona en la que confían les asusta de manera implícita, les da una sensación de inseguridad. Y sí, es realmente aterrador para un niño. "Han hecho estudios donde se filmaron a personas gritando. Cuando se le enseñaron las grabaciones, no podían creer lo retorcidos que estaban sus rostros", dice Markham. Un niño de 3 años puede parecer que en algunos aspectos un adulto, pero todavía no tiene la madurez emocional para ser tratado como tal.

 

Padres que gritan entrenan a niños que gritan  

"Normalizar" es una palabra que en la actualidad se usa mucho en política, pero también es aplicable al entorno de un niño. Los padres que constantemente gritan en la casa hacen que el comportamiento sea normal para un niño, y se adaptarán a él. Si un niño no se da por vencido cuando lo regañan, estará todo el día siendo reprimido. Los padres deben ser, ante todo, modelos de autorregulación. Para que un niño se comporte bien, los adultos tienen que hacerlo primero. No puedes decirle a gritos a tu hijo que no grite, es totalmente incongruente. Si no quieres que grite, no lo hagas tú.    

No se trata de dejarlos hacer lo que quieran  

¿De qué otra forma sabrá un niño que su papá está súper enojado a menos que haya gritos? Ese padre puede sentir que es necesario actuar así para establecer cierta disciplina, pero lo que realmente está haciendo es agravar el problema. Asustar a un niño puede erosionar la confianza en la relación y no conseguir que obedezca a largo plazo.  

Existe un método alternativo que es más efectivo y no tan duro: el humor. Si el padre responde con sentido del humor, aún mantiene su autoridad y se mantiene conectado emocionalmente con el niño. La risa es mucho mejor que encogerse de miedo.  

Cuándo está bien gritar  

Si bien la mayoría de las veces los gritos no son preceptivos, "hay momentos en que es necesario levantar la voz", dice la Dra. Markham. "Por ejemplo, cuando tienes hijos golpeándose entre ellos,  o si existe un peligro real". Estos son casos en los que impresionarlos funciona, pero una vez que captas la atención del niño, modula tu voz. Básicamente, grita para advertir, pero habla para explicar.  

En resumen, si gritar es tu defecto, es hora de entender que es una estrategia dañina para la crianza a largo plazo.


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