10 rutinas que fortalecerán tu relación padre-hijo

10 rutinas que fortalecerán tu relación padre-hijo
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Todos queremos tener una relación maravillosa y cercana con nuestros hijos. Para nosotros, ellos son lo más importante y buscamos una relación fuerte y emocional con ellos y, cuando lo conseguimos, obtenemos lo mismo que damos: amor y confianza. Pero no siempre es fácil conseguir ese tipo de relación con nuestros hijos, sobre todo cuando llegan a ciertas edades. Por eso, debes sentar las bases de una relación fuerte desde el principio y seguir cada día estos 10 consejos.

Además de obtener amor y felicidad familiar, una relación sana y fuerte entre padres e hijos permite que los niños nos hagan caso y acaten las reglas, mientras que cuando la relación es problemática, es más fácil que surjan problemas y disputas. Los niños que se sienten fuertemente conectados con sus padres quieren cooperar con ellos siempre que puedan. Seguirán actuando como niños, lo que significa que sus emociones a veces abrumarán a su corteza prefrontal, que aún crece. Pero cuando confían en que los comprendemos y estamos de su lado, están motivados para seguir nuestro ejemplo.


Los investigadores recuerdan que necesitamos cinco interacciones positivas para cada interacción negativa para mantener una relación saludable. Y dado que pasamos tanto tiempo corrigiendo, recordando, regañando o criticando, es importante asegurarse de que gastamos cinco veces más tiempo en una conexión positiva.


Pero solo somos humanos, y hay días en que todo lo que podemos hacer es satisfacer las necesidades más básicas de nuestros niños. Algunos días supone toda una proeza alimentarlos, bañarlos y conseguir que se vayan a la cama a una hora razonable, con lo que apenas queda tiempo para interacciones positivas. Por ello, la única forma de mantener un fuerte vínculo con nuestros hijos es crear hábitos diarios de conexión, como estos que te proponemos que no te llevarán mucho tiempo, y reforzarán vuestra relación:

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1. Cada día, al menos 12 abrazos (o interacciones físicas cariñosas)


Como la famosa terapeuta familiar Virginia Satir dijo: "Necesitamos 4 abrazos al día para sobrevivir, 8 abrazos para el mantenimiento, y 12 para crecer". Así que acurruca a tu niño nada más levantarlo de la cama, cuando lo despidas para ir al colegio, al recogerlo, cuando estés en casa merendando… Aprovecha cada momento con él para sonreírle, tocarle el hombro o la cabeza, darle un beso… Si ya es adolescente, busca otro tipo de contactos que no le den “vergüenza". Lo esencial es que note tu amor físicamente al menos 12 veces al día.


2. Jugar


La risa te mantiene conectado con tu hijo al estimular las endorfinas y la oxitocina. Hacer que la risa sea un hábito diario también da a tu hijo la oportunidad de reírse de las ansiedades y trastornos que de otro modo lo harían sentirse desconectado. Y el juego, además, ayuda a los niños a querer cooperar. ¿Qué es más probable que funcione?: "¡Ven a desayunar ahora!" O "Pequeño gorila, es hora de desayunar. Mira, tienes plátanos en tus cereales".


3. Fuera la tecnología cuando interactúas con él


Tu hijo recordará el resto de su vida que él era lo suficientemente importante para sus padres como para apagar su teléfono o la tele y escucharle. Incluso apagar la música en el coche puede ser una poderosa invitación para conectar, porque la falta de contacto visual en un automóvil disminuye la presión, por lo que los niños (y los adultos) tienen más probabilidades de abrirse y compartir sentimientos y problemas.


4. Ten cuidado con los cambios


Los niños tienen dificultades para pasar de una cosa a otra. Si lo miras a los ojos, lo llamas por su nombre y luego haces que se ría, te asegurarás de que tenga los recursos internos para manejarse durante una transición o cambio.


5. Tómate un tiempo por separado para cada hijo


Programa al menos 15 minutos con cada niño, por separado, todos los días. Alterna haciendo lo que tus hijo quieren y lo que quieras tú en ese tiempo. En sus días, deja que ellos decidan. En los tuyos, resiste el impulso de hacer actividades “útiles”. En cambio, prueba cualquier actividad física o juego que le haga reír.


6. ¡Bienvenidas emociones!


Tu hijo necesita expresar sus emociones o ellas controlarán su comportamiento. Además, esta es una oportunidad para ayudar a tu hijo a lidiar con sus problemas. Así que reúne tu compasión, no permitas que la ira te provoque, y recibe las lágrimas y los miedos que siempre se esconden detrás de la ira. Recuerda que tú eres en quien confía lo suficiente como para llorar. Simplemente, reconoce todos esos sentimientos y ofrécele comprensión. Después, se sentirá más relajado, cooperativo y más cercano a ti. La regulación de nuestras propias emociones ante el malestar de nuestro hijo es una de las partes más difíciles de la crianza ya que ante cualquier problema, querrás salir corriendo a enfrentarte a ese niño o adulto que lo hace llorar. Pero esa no es la mejor solución y mucho menos un buen ejemplo.


7. Escucha y empatiza


La conexión comienza con la escucha. Muérdete le lengua si es necesario, excepto para decir: "Ya veo .... ¿En serio? ... ¿Cómo fue? ... Cuéntame más ...".


El hábito de ver las cosas desde la perspectiva de su hijo garantizará que lo trates con respeto y busques soluciones. Le ayudará a ver las razones de determinados comportamientos y a regular sus propias emociones.


8. Disminuye la velocidad y saborea el momento


Frena un poco el ritmo de vida, no hagas las cosas de manera mecánica y disfruta de cada interacción que tengas con él a lo largo del día. Cuando le ayudes a lavarse las manos, pon las tuyas en el fregadero y compartid el agua. Cuando le hagas la merienda, hazlo con cariño. Escucha su risa. Míralo dormir. Conéctate y disfruta del momento presente, que es lo que tenemos ahora y lo que debemos aprender a valorar, pensando menos en el futuro.


9. Acurrúcate con él en la cama para charlar


Acuesta a tu hijo un poquito antes para aprovechar esos minutos juntos en la cama acurrucados para contaros cómo os ha ido el día. Esos momentos agradables de conexión invitan a tu hijo a abrirse y contarte aquello que le preocupa o que le ha pasado en el colegio o en el parque. Tan solo tienes que escucharle, tranquilizarle y decirle que mañana resolverá el problema. Y no abandones este hábito cuando tu hijo se haga mayor.


10. Estate siempre presente

La mayoría de nosotros pasamos por la vida medio presentes. Pero tu hijo solo tiene cerca de 900 semanas de infancia antes de irse de casa. Se habrá ido antes de que te des cuenta. Así que prueba esto con tu hijo: cuando interactúes con él, da el 100%. Solo hace falta que estés ahí y ahora, sin preocuparte de nada más. No podrás hacerlo todo el tiempo, pero si sacas un par de momentos al día al 100% para él, vuestra relación se hará más fuerte.


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Fecha de actualización: 27-04-2018

Redacción: Irene García

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