Escucha activa: ponte a la altura de tu hijo

Escucha activa: ponte a la altura de tu hijo
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Este método de crianza consiste en la práctica de una de las habilidades más necesarias como padre o madre: la comunicación con tu hijo

Frente a una sociedad que se mueve deprisa y que a veces orienta la paternidad y crianza desde la imposición, la escucha activa propone pararse a escuchar al otro, sin juzgar ni pretender estar de acuerdo. Simplemente dejando al otro ver que estamos ahí para él.

 

Escuchándoles, les estás diciendo que merecen tu atención, les estás demostrando que su visión del mundo es válida y, en último lugar, estás potenciando que razone y reflexione por sí mismo.

 

Y es que no tienes que arreglar todo para tu hijo. A veces lo necesario ante un problema es dar espacio, tiempo, y apoyo en el proceso para que la otra persona opte por la solución que mejor considere.

 

La aceptación, clave

 

Aceptar no es lo mismo que estar de acuerdo, sino en dejar a un lado los juicios morales o evaluaciones sobre lo que tu hijo está diciendo. Por ejemplo, si tu hijo está preocupado por empezar una nueva actividad extraescolar en la que no conoce a nadie, no le digas simplemente que eso no es importante o que pasará en unos días. En su lugar, acepta su preocupación y escucha qué le preocupa concretamente. Hazle saber que sus emociones son importantes para ti.

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A su altura

 

Desde un sentido metafórico y literal, para practicar la escucha activa es necesario que te pongas a la altura de tu hijo, como igual. Una forma de hacer esto es aceptar la percepción, sentimientos o preocupaciones que tu hijo pueda sentir, aunque no estés de acuerdo. Otra, es ponerte a la altura de sus ojos. Así, cuando tu hijo te quiera contar algo importante, se sentirá más cercano a ti y a ti te ayudará a empatizar con él, algo vital en la comunicación.

 

Pregunta y escucha

 

En lugar de buscar en tu hijo una obediencia directa y sin matices, pregúntale por qué no quiere comer pescado. A lo mejor la razón detrás de ese rechazo es el miedo a las espinas y así puedes enseñarle a quitarlas y a masticar con cuidado, o comprar pescado que no tengan espinas…Los expertos coinciden en que detrás de todo “mal comportamiento” se esconde una emoción que los padres pueden identificar para buscar la raíz del problema en lugar del atajo fácil que es el castigo o la obediencia sin razonamiento.

 

No se trata de permisividad

 

La disciplina es necesaria. El matiz de la escucha activa no está en no poner límites, sino en evitar la imposición y tener en cuenta a tu hijo a la hora de ponerlos.

 

Repetición

 

Una buena técnica de escucha activa consiste en la repetición o reformulación. Por ejemplo, ante la queja de tu hijo de que un compañero de clase le tira bolitas de papel y que la profesora no hace nada, dile “Estás enfadado de que tu compañero te moleste cuando la profesora no mira”. El simple hecho de repetir lo que él te ha dicho refuerza la búsqueda de una solución por parte de tu hijo, sin pretender que tú le busques las soluciones, pero haciéndole saber que estás a su lado.


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