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Pasar de la “silla de pensar” a la “silla para estar bien”

Pasar de la “silla de pensar” a la “silla para estar bien”

La silla de pensar es un método de enseñanza que se ha utilizado mucho tiempo porque muchos profesionales pensaban que su uso era adecuado para que cuando el niño actuaba de forma impulsiva y sin pensar pudiera “reflexionar” sobre lo que había pasado.

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Indice

 

¿Por qué es mala idea la "silla de pensar"?

La metodología consistía en poner una silla en un rincón y dejar al niño solo y aislado pensando en lo que había ocurrido para que de este modo en el tiempo de aislamiento pudiera calmarse sin ayuda. El tiempo que tenía que estar en la silla dependía de la edad del pequeño, siendo dos minutos para niños de dos años, tres minutos para niños de tres años, cuatro minutos para niños de cuatro años y así sucesivamente.

Este método realmente es un castigo enmascarado que no sirve para que el niño reflexione, porque para que pueda hacerlo necesita la guía de sus padres o de la figura adulta. Un niño de tan solo dos o tres años ¿realmente sabe qué es lo que ha hecho mal? En absoluto, necesita esa guía tan necesaria para poder entender su comportamiento, pero sobre todo necesita el apoyo y la comprensión de sus padres o de la figura adulta para poder reconducir su conducta en el futuro, sin necesidad de estar solo y aislado en una silla.

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Hasta los 8 años, los niños tienen una gran facilidad para aprender idiomas. Hasta esa edad, lo asimilan de forma intuitiva y apenas tienen que esforzarse. A pesar de que algunos padres son reacios a enseñarles desde pequeños por temor a que esto dificulte su aprendizaje, los niños crecen como si tuviesen dos seres monolingües arrojados en su cabeza, y viven el proceso con total naturalidad. El mejor método, cuando sea posible, es hablarles en casa en dos idiomas diferentes

Y tambien:

El niño cuando está en la silla solo “pensando” se siente frustrado, enfadado, no entiende por qué tiene que estar ahí ni qué ha hecho para merecerlo. Sólo sabe que sus padres o la figura adulta no están contentos, pero ¿por qué? Si no se guía sobre el comportamiento no podrá haber un buen cambio, además el niño frustrado no podrá realizar un cambio positivo.

Por si fuera poco este método hace que el niño sienta abandono, rebeldía y disminuye considerablemente la comunicación entre el adulto y el niño sin reflexión y sin utilizar realmente una empatía con el pequeño respetando su desarrollo y su integridad.

Una alternativa a la silla de pensar podría ser “la silla para estar bien”, una silla donde el niño no estuviera solo, donde los padres o la figura adulta le acompañasen para reflexionar juntos sobre lo ocurrido y sobre todo para hablar sobre emociones y sentimientos con el único objetivo de encontrar un bienestar interior.

Una acción de compromiso por parte de los padres para educar a unos niños reflexivos, que aprendan a pensar por sí mismos y sobre todo que aprendan a empatizar con los demás igual que sus padres lo han hecho con ellos siempre que lo han necesitado.

Para conseguir que el comportamiento mejore en el futuro una de las opciones en la silla de estar bien sería negociar alternativas de comportamiento en la que el niño entienda qué comportamiento es el adecuado, por qué y además potenciando sus decisiones, para que sienta que tiene control y que si lo hace bien es porque él decide hacerlo así para estar y sentirse bien y no porque la figura adulta se lo dice, se lo impone y si no lo cumple le castiga. Este tipo de actuaciones de “si no te portas bien te castigo” al niño le puede generar ansiedad y en ningún caso sería una crianza respetuosa.

Para que esto no ocurra se tendrán que tener unas normas y unos límites bien establecidos en casa para que los pequeños sepan lo que no es negociable y aquello que sí lo es se deberá valorar conjuntamente.

 

Algunos consejos para utilizar “la silla para esta bien”

- Si quiere estar solo hay que respetarlo.

- No etiquetar ni decir por ejemplo “eres un niño malo”, tampoco permitir que los demás lo hagan. Si se le etiqueta se creerá que lo es y acabará siéndolo.

- Mostrar empatía ante su comportamiento sin enfados.

- Dejar que explique qué ha ocurrido sin juzgarle.

- Siempre hay que decir a un hijo que se le quiere independientemente de lo que haya ocurrido para favorecer el vínculo afectivo que os une y así sabrá que siempre puede confiar en sus padres.

- Tener paciencia y hablar de lo ocurrido en tono calmado en el momento, no dos días más tarde sin venir a cuento.


Fecha de actualización: 18-06-2020

Redacción: Irene García

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