Mi hijo no quiere tomar leche ni lácteos

Mi hijo no quiere tomar leche ni lácteos
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Una vez han cumplido ya su primer año de vida, es frecuente que los padres y las madres se preocupen cuando a su hijo no le gusta la leche ni quiere tomar lácteos. Normalmente genera una sensación de intranquilidad al pensar que es un producto insustituible por lo que acaba siendo normal preocuparse por no saber cómo afrontar el problema.

En primer lugar, es importante saber que la leche a la que nos referimos es a la del animal y a partir del año de vida, pero no a la leche materna, fundamental para un buen desarrollo del bebé durante los primeros meses de vida. La primera, es decir, la leche de otro animal como podría ser la vaca, la cabra o la oveja, no es un alimento imprescindible y, por supuesto, el niño no va a desnutrirse por no tomarla porque ya dispone de otros alimentos para complementar su dieta.


La ingesta diaria de calcio va a depender en función de la edad que tengan, pues durante los primeros seis meses se recomienda la ingesta diaria de calcio de 400 mg, en el segundo semestre de 600 mg y 800 mg para todos aquellos que tienen un año. Finalmente, durante la adolescencia lo ideal es tomar 1.200 mg diarios. Pero eso sí, el calcio sí que es totalmente necesario.


El calcio es un mineral vital en la etapa de crecimiento e imprescindible también para la osificación del esqueleto. También interviene en otras funciones como la coagulación de la sangre, la contracción de los músculos y la transmisión de impulsos nerviosos. Pero el calcio por sí solo no es suficiente ya que para que este sea absorbido por completo por los huesos es esencial la vitamina D y el ejercicio. La gran mayoría de la vitamina D que el cuerpo de los niños necesita la fabrica él mismo gracias a la exposición a la luz solar y al ejercicio.


Posibles causas del rechazo a la leche: intolerancia a la lactosa y alergia a las proteínas de la leche de vaca.


A muchos niños no les gusta el sabor, pero en algunos casos el rechazo no tiene relación con eso, sino que está asociado a otros trastornos como la intolerancia a la lactosa y la alergia a las proteínas de la leche de vaca. Cuando se trata de una intolerancia a la lactosa, lo que ocurre es que el niño no digiere bien la leche (que contiene lactosa, es decir, el azúcar natural de la leche) y, pasado un rato, el pequeño puede tener náuseas, dolor de estómago o incluso diarrea. Aunque también es cierto que la intolerancia a la lactosa puede ser más o menos moderada o grave, por lo que existen niños que pueden beber un poco o nada.


Si con pequeñas cantidades de la leche o derivados del calcio no presenta intolerancia, no se recomienda evitar la lactosa por completo, ya que esta contribuye a la absorción de calcio. Son recomendables los alimentos elaborados con leche fermentada porque contienen menos lactosa que la leche y se toleran mejor. Cuando se trata ya de la alergia a las proteínas de la leche de vaca, es importante tener en cuenta que los síntomas suelen manifestarse cuando se le ofrece al bebé los primeros biberones de leche adaptada.


Si tiene alergia el niño sentirá una hinchazón en la cara y en los labios, pero también tendrá manchas rojas o ronchas con picor en cualquier parte del cuerpo, náuseas, vómitos y dolor abdominal. Cuando se trata de una alergia, sí es completamente necesario eliminar la leche de vaca de la dieta, así como sus derivados y cualquier alimento que contenga proteínas lácteas.


A pesar de que la leche es un excelente alimento como fuente de calcio todos los padres deberían saber que existen otros muchos alimentos que contienen calcio además de la leche. Pero ¿cuáles son? Pues bien, también podemos encontrar la leche en los derivados lácteos como el yogur o el queso. Sin embargo, si estos alimentos tampoco los tolera, y no quiere ni una cosa ni la otra, no hay de qué preocuparse ya que algunos pescados como la sardina de lata o el boquerón; la yema de huevo; las legumbres, como la soja o las lentejas; algunas verduras como las espinacas, la acelga o el brócoli; las almendras; los higos y algunos cereales como la avena y el trigo contienen importantes cantidades de calcio.


La infancia es un periodo crucial para el desarrollo de los huesos pues en los primeros años se forma más del 90% de la masa ósea que tendrá de adulto. Por eso es fundamental que, aunque no beba leche, sí consuma alimentos ricos en calcio. Ser intolerante a la lactosa o alérgico a las proteínas de la leche de vaca es bastante molesto tanto para niños como para padres y por eso es importante prestar especial atención.


Eso sí, lo que siempre deben tener claro los padres es que el hecho de tomar leche no hará que sus vidas corran peligro ni tampoco que tengan graves consecuencias nutricionales porque, como ya veíamos, existen muchísimos alimentos que aportan calcio suficiente y convierten a la leche en un alimento del que perfectamente se puede prescindir. Los preparados vegetales también son una muy buena opción para todos aquellos niños que no quieren ni oír hablar de la leche de otro animal.


Actualmente existen en el mercado una gran cantidad de preparados de vegetales que, a pesar de recibir el nombre de leche, en realidad no lo son, pues tal y como su propio nombre indica son procedentes de vegetales. Los más conocidos son la leche de almendras, la de avena, la de arroz y también la leche de soja, aunque lo cierto es que solamente deberían utilizarse como sustitutos aquellos que estén enriquecidos con calcio y otros elementos que los asemeje a la leche de vaca.


No obstante, si no os quedáis tranquilos porque, una vez realizadas las pruebas de intolerancia a la lactosa y alergia a las proteínas de la leche de vaca, habéis descubierto que en realidad vuestro hijo no es intolerante ni alérgico, pero no quiere tomar ni leche ni lácteos, tenéis la posibilidad de disfrazarla para que le acabe gustando. ¿De qué manera?


- Cereales: opta por añadir una cucharada de cereales con sabor a galleta a la leche de tu hijo.


- Fruta: echa fruta natural, ya sea pera, plátano o manzana, a la leche y pásalo por la batidora. Es una muy buena opción para sus meriendas.

 

- Puré: los purés les encantan. Prueba a echar unos cacitos de leche a su puré de verduras o patatas.


- Derivados lácteos: la sustitución de la leche por otros derivados lácteos también es una muy buena opción o incluso probar con algún postre lácteo como las natillas, el arroz con leche o el flan, aunque siempre adaptados a la edad del niño y cuidando que no contengan muchos azúcares.


Disfrazar la leche siempre es buena idea si te está costando más de lo normal que tu hijo tome leche o lácteos en el día a día.


Fuente:

“Alimentación de niños que toman poca leche” https://enfamilia.aeped.es/vida-sana/alimentacion-ninos-que-toman-poca-leche

Redacción: Ana Ruiz

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