No sabía que estaba embarazada y hacía mucho ejercicio

No sabía que estaba embarazada y hacía mucho ejercicio
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Durante las primeras semanas de gestación es normal no saber que estás embarazada, ya que hasta que no aparece la amenorrea y otros síntomas que nos hacen sospechar, no se puede comprobar si se ha producido un embarazo o no mediante un test de farmacia o un análisis de sangre. Por eso, no debes preocuparte ni sentirte culpable por haber hecho cosas “posiblemente peligrosas”, puesto que no lo sabías. Simplemente, cuídate a partir de ahora.

El embarazo se produce en la mitad del ciclo menstrual, es decir, en lo que se considera la segunda semana de gestación, cuando el óvulo es fecundado por un espermatozoide. A partir de ese momento, comienzan a producirse una serie de cambios en nuestro organismo causados por el viaje del blastocisto hasta el útero, donde se implanta, instante en el que el organismo empieza a segregar la hormona del embarazo, la gonadotropina coriónica humana, la que se detecta en los análisis de sangre o test de orina que nos permiten comprobar el embarazo.


El problema es que los niveles de esta hormona tienen que aumentar hasta alcanzar al menos los 20 mIU/ml (miliUnidades Internacionales por mililitro de orina), aunque hay muchos que no lo detectan hasta que llega a los 50 mIU/ml. Y esos niveles no se alcanzan hasta la semana cuarte de embarazo, por lo que es imposible que sepas que estás embarazada en esas dos primeras semanas. Incluso si eres irregular y no sabes exactamente cuándo te tiene que venir la regla, puede que esperes unos días para hacerte la prueba y te plantes en la semana quinta de embarazo sin saber de tu estado.


Por supuesto, hay mujeres que sospechan antes, puesto que enseguida empiezan a notar los primeros síntomas de embarazo como náuseas, dolor en los ovarios, mayor sensibilidad en los senos, mareos, aumento de las ganas de orinar, etc. y comienzan a cuidarse “por si acaso”. Pero no a todas les pasa, por lo que lo habitual es que continúes con tu vida habitual hasta que sepas de tu nuevo estado, haciendo actividades que pueden ser potencialmente peligrosas, como beber algo de alcohol, fumarte algún cigarrito, comer carne cruda o hacer mucho ejercicio.


Y es que es posible que seas una mujer adicta al gimnasio o una deportista profesional, lo que implica pasarse horas haciendo ejercicio y entrenando, pero ahora que estás embarazada, te preocupa que este exceso de deporte pueda haber causado algún daño a tu bebé, pero no debes preocuparte, ya que lo normal es que no le haya pasado nada. Y es que el deporte en exceso no causa malformaciones al feto, sino que puede causar otros tipos de problemas al embarazo o al bebé como esguinces o lesiones musculares, bajo peso o parto prematuro.


En las primeras semanas, el riesgo de aborto no va asociado a hacer más o menos ejercicio, aunque sí es cierto que, si existe alguna complicación que requiera reposo y no lo sabes, se puede provocar un aborto espontáneo. Pero este no estará causado por el entrenamiento en sí (la mayoría de los abortos se producen por malformaciones en el feto, por lo que no puedes evitarlos hagas lo que hagas), sino por los problemas que hayan surgido, como hematomas, que pueden provocar un aborto si no se lleva una vida tranquila. Por eso se recomienda tranquilidad en las primeras semanas hasta que se confirma que todo va bien.


En cuanto a limitar el aporte del oxígeno al feto, otro problema habitual del deporte excesivo en el embarazo, hay que saber que si superamos las 140 pulsaciones por minuto la sangre puede fluir hacia otros órganos para asegurar el aporte a los mismos, limitando la llegada de sangre y oxígeno al feto, lo que puede causarle hipoxia, algo muy grave que puede incluso desembocar en muerte intraútero. Pero en las primeras semanas de embarazo la placenta está en formación y todavía no lleva a cabo todas sus funciones, por lo que hacer más o menos ejercicio en estas dos primeras semanas no causará una falta de oxígeno al embrión, por lo que tampoco debes preocuparte por este problema.


No obstante, como hemos visto, entrenarse demasiado durante el embarazo puede ser muy peligroso, por eso debes reducir el ritmo en cuanto te enteres de tu estado para evitar estas complicaciones. Controla las pulsaciones para no pasar nunca de 140, evita el cansancio excesivo y para en cuanto notes cualquier molestia.


Por otra parte, la cantidad de ejercicio que se puede realizar en el embarazo depende de tu entrenamiento habitual y tu forma física. Si estás acostumbrada a pasarte horas en el gimnasio o eres deportista profesional, el hacer mucho ejercicio durante estas semanas no tendrá tanto impacto para el feto como si, por cualquier razón, nunca haces ejercicio y justo al quedarte embarazada comienzas. En ese caso los riesgos son mayores.


Y, por último, para aumentar tu tranquilidad, debes saber que en las dos primeras semanas de embarazo se produce lo que se conoce como la Ley del Todo o Nada, que hace referencia al hecho de que las células del blastocisto son pluripotenciales, no están especializadas, cualquiera puede asumir la función de otra, por lo que, si una se ve dañada por algún motivo, otra la sustituye. Esto significa que, o se daña todo el conjunto y se produce un aborto, o no se causa ninguna complicación y el embrión continúa su desarrollo sin problemas. Así que si no tienes sangrados abundantes ni otro síntoma que indique un aborto, lo más seguro es que todo vaya bien.


Pide cita con tu médico, reduce el ejercicio y no te preocupes, seguro que todo va bien.

 

 


Fuente:

Huggins-Cooper, Lynn (2005), Maravillosamente embarazada, Madrid, Ed, Nowtilus.

Redacción: Irene García

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