El segundo parto, ¿será igual?

El segundo parto, ¿será igual?
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Para las madres primerizas todo es nuevo, no saben qué sentirán ni cómo será el embarazo y el parto, si dolerá mucho o poco, cuánto tardarán en recuperarse… Sin embargo, la segunda vez ya están más preparadas pero, ¿son todos los embarazos iguales? ¿Y el parto? ¿Se tarda más o menos en dar a luz? ¿Las emociones cambian?

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Ningún embarazo es igual

Al igual que ninguna mujer vive su gestación de la misma forma que el resto, cada embarazo puede ser diferente del anterior o del siguiente. No obstante, sí es cierto que la ansiedad y el miedo a lo desconocido del primer parto han desaparecido, con lo que este segundo embarazo se vive con más tranquilidad.

A pesar de ello, durante estos nueve meses surgen nuevas circunstancias, temores y preocupaciones. ¿Cómo cuidar de un recién nacido teniendo otro hijo? ¿Tendré tiempo para los dos? ¿Sentiré lo mismo? ¿Volveré a tener náuseas? ¿Me tendrán que hacer cesárea esta vez? Son múltiples las cuestiones que pueden cambiar de un embarazo a otro, incluso puede que el segundo sea exactamente igual al primero, pero si este último no fue fácil, te asustará que lo malo se vuelva a repetir.

Los ginecólogos lo tienen claro, ningún embarazo es igual a otro, aunque es muy posible que se repitan muchas circunstancias. Lo bueno es que ahora, tanto el médico como la paciente están preparados para afrontar los posibles problemas.

Por ejemplo, si durante la primera gestación tuviste muchas náuseas, es probable que esto se vuelva a repetir. Para evitarlo, puedes llevar una dieta nutritiva y saludable y tomar antioxidantes y vitaminas prenatales durante los meses previos a la concepción.

Otra cuestión a tener en cuenta son las enfermedades relacionadas con el Rh negativo. Debido a que los antígenos del Rh contenidos en las células de los glóbulos rojos son un rasgo genético dominante, si una mujer tiene sangre tipo Rh negativo y está casada con un hombre cuyo tipo de sangre también es RH negativo, existe una gran probabilidad de que el bebé nazca con tipo de sangre Rh positivo. Si la sangre del feto -por casualidad- se diseminara en el torrente sanguíneo de la mamá, su sangre desarrollaría anticuerpos que atacarían a los glóbulos rojos de su bebé a modo de defensa. No obstante, este tipo de complicación es más frecuente en el segundo embarazo, ya que la sangre del anterior bebé probablemente se habrá mezclado en el torrente sanguíneo de la madre durante el momento del parto. Por eso, si se da este caso, se llevará a cabo una transfusión de sangre a través del cordón umbilical, sin esperar a ver qué grupo sanguíneo tiene el bebé.

También la preeclampsia es una enfermedad que suele repetirse en los siguientes embarazos. Por eso, si padeciste este problema, el segundo parto será muy controlado desde un primer momento, llevando una dieta estricta y revisiones más frecuentes.

No obstante, no tienen por qué repetirse las mismas complicaciones. Puede que el segundo embarazo sea más tranquilo y con menos dolores, sobre todo porque al estar más relajada, todo se lleva mejor. Así que no des nada por sentado, tómatelo como una experiencia nueva. Incluso es buena idea llevar un diario y apuntar las diferencias entre uno y otro. ¡Quién sabe! A lo mejor te animas a tener un tercero.

Ventajas

Por lo general, este segundo parto durará menos que el anterior. La dilatación suele ser más rápida porque el cuello uterino se borra rápidamente, además, la vagina está más distendida y es más elástica, porque no es el primer bebé que pasa por el canal vaginal. También ayudan los conocimientos adquiridos en el primer parto: ya sabes cómo empujar y estarás menos asustada.

Debes tener presente que, con el primer embarazo, tu organismo se adaptó a las modificaciones hormonales y mantiene el recuerdo para las siguientes gestaciones, por lo que los tiempos de adaptación y de reacción de tu cuerpo se dividen por la mitad. Los tejidos ya son elásticos, te ha quedado la movilidad ósea, el cuello del útero es más blando y los tiempos del trabajo y de la expulsión se reducen prácticamente a la mitad.

La episiotomía es más pequeña (¡a veces incluso no es necesaria!) puesto que la vulva se distiende mejor en el segundo parto, y además se cura antes.

También suele ser más sencillo superar el cambio hormonal que se produce tras el parto. A pesar de que agobia tener que cuidar a dos niños, te sentirás más segura y ya sabrás cómo bañar a un recién nacido, cuándo y cómo darle de comer, cuándo está enfermo, etc. La experiencia ayuda a superar los problemillas que surjan. Igualmente se refleja esta experiencia en el padre, que ahora se siente más capaz de cuidar a un recién nacido.

De igual forma la lactancia es más simple. La primera vez que se da el pecho cuesta acostumbrarse a esa sensación, y ante cualquier problema, te derrumbas. Sin embargo, ahora ya sabes qué hacer si no se engancha o si sale poca leche. También los pechos están más curtidos y menos sensibles, por lo que te resultará menos doloroso y es menos probable que se inflamen o infecten.

Una vez superado el descanso obligatorio, las relaciones sexuales se retoman con más tranquilidad, porque cuentas con la experiencia previa de que no pasa nada. Ya sabes que si los puntos se han curado no tienen por qué doler; se siente menos aprensión.

Desventajas

Sin embargo, sí que habrá cosas que tarden más en volver a su estado anterior. Por ejemplo, cuesta más recuperar la línea; no se sabe el motivo concreto, pero es un hecho que la segunda vez –y las siguientes- se tarda más en volver al peso anterior. Quizá sea porque con dos niños es más difícil cuidarse o porque al cuerpo le cuesta más.

También el útero tarda más tiempo en involucionar. Los músculos están más distendidos y por eso duelen más los entuertos (las contracciones del útero tras el parto para recuperar su tamaño).

Asimismo, es posible que sientas más cansancio, puesto que a la tarea de cuidar al recién nacido, se une la de atender a su hermano mayor. No obstante, puedes aprovecharte de la experiencia adquirida con el embarazo anterior y así administrar mejor tus energías. Y si ves que no puedes más, pide ayuda, no hace falta ser una supermamá.

Tu estado emocional

La primera vez que te quedaste embarazada todo era nuevo y sorprendente. No sabías qué se sentiría al notar dentro de ti a tu bebé, ni cómo reaccionaría tu cuerpo. Ahora ya no existe ese componente novedoso, pero seguro que la alegría y la emoción son iguales. Y, como hemos dicho antes, cada embarazo es diferente, por lo que no esperes que todo se desarrolle exactamente igual que la primera vez.

No debes obsesionarte recordando el primer embarazo, ni debes preocuparte si algo es distinto. Por ejemplo, si la primera vez tuviste náuseas desde la octava semana y ahora llega la décima y no has tenido, no debes pensar que algo malo le ha ocurrido al niño, sino que esta vez tu cuerpo está reaccionando de manera diferente.

Tampoco debes sentir miedo de que se repitan ciertas complicaciones (reposo, diabetes gestacional, sangrados) del primero. Piensa que ante cualquier alarma ahora sabes cómo actuar, y eso te da ventaja. Debes estar lo más tranquila y relajada posible.

Además de contárselo a la familia, ahora te enfrentarás a un nuevo reto: explicárselo a tu hijo. Probablemente te preocupe que se lo tome mal o que tenga celos. No alargues el momento, cuanto antes lo sepa, más tiempo tendrá de hacerse a la idea y de entender lo que está pasando en vuestra familia. Involúcrale desde un primer momento en todo el proceso y hazle ver lo especial que será para su hermano pequeño. A la mayoría de niños les entusiasma pensar que tendrán alguien a quien cuidar y enseñar, ¡aparte de un nuevo compañero de juegos!

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Fuente:

Goetzl, Laura (2006), Concepción y embarazo a partir de los 35, Pearson Educación.

Huggins-Cooper, Lynn (2005), Maravillosamente embarazada, Madrid, Ed, Nowtilus.

Fecha de actualización: 25-02-2009

Redacción: Irene García

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