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Dolor de episiotomía

Dolor de episiotomía

En el transcurso del parto puede ser necesario practicar una episiotomía, una incisión quirúrgica realizada en la pared vaginal para facilitar la salida de la cabeza del bebé y evitar posibles desgarros.

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Indice

 

¿En qué consiste una episiotomía?

Este corte, cuya práctica debe estar justificada por una emergencia, se realiza en ángulo entre la vagina y el recto, y se cose tras el alumbramiento. La matrona o el ginecólogo se encargarán de unir todas las capas del corte (pared posterior de la vagina, capa de músculo del perineo y capa de piel) con una única sutura absorbible. Como podemos imaginar esta intervención suele tener efectos posteriores dolorosos. No es extraño, por lo tanto, que se recomiende la administración de analgésicos y antiinflamatorios para aliviarlos.

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La epidural es el método anestésico más usado en los partos ya que produce un alivio casi inmediato del dolor y se puede usar durante todo el tiempo que haga falta. Sin embargo, uno de sus efectos negativos es que puede causar dolor de espalda en los días siguientes al pinchazo.

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Pero incluso si no se ha practicado una episiotomía, es normal que el perineo esté dolorido y sensible en los días posteriores al parto, debido a la distensión de la zona y la irritación de la mucosa, causadas por el paso del bebé al nacer.

Por regla general, esta molestia, cuando no ha habido episiotomía, suele remitir al cabo de pocos días, no más de 3 o 5. Pasado este tiempo, las recientes mamás afirman sentirse mucho mejor.

Sin embargo en los casos en los que sí se ha necesitado intervenir, la recuperación llevará un poco más de tiempo. Igualmente este proceso suele ser más doloroso, o cuanto menos algo molesto, especialmente pasada la primera semana. Además, obliga a adoptar una serie de cuidados diarios durante los primeros días, para su perfecta curación.

 

Posibles complicaciones y causas del dolor del perineo

Desgarros del perineo en el parto. En los partos vaginales existe el riesgo de que el tejido del perineo, la zona entre la vagina y el ano, no se estire lo suficiente para permitir la salida del bebé por la abertura vaginal y se produzca una dilaceración al no soportar la presión. La comunidad médica distingue varios tipos de desgarros naturales según las capas de tejido afectadas y la gravedad de los mismos. Los más frecuentes son aquellos que implican la capa de piel y suelen ocurrir en el primer parto. Este tipo de desgarro ni siquiera necesita puntos de sutura. Pero si las capas dañadas son el músculo o el esfínter anal, tendrá que ser reparado quirúrgicamente. Afortunadamente la incidencia de estos últimos es bajísima en los partos hospitalizados. Sea como fuere, sufrir un desgarro por pequeño que sea, supone padecer dolencias más o menos fuertes según haya sido la severidad del daño.

Desgarro con episiotomía: En algunos casos, a pesar de haberse realizado un corte de episiotomía, se produce también un desgarro adicional que necesita suturarse para reparar la zona. Esta cicatrización, obviamente, será más larga que la de la episiotomía, y las molestias pueden ser mayores, o más duraderas.

Trombo vulvar: No es extraño que la salida del niño provoque la ruptura de alguna vena, y como consecuencia se forme un hematoma. Además del dolor, otro síntoma característico es la aparición de equimosis azulada, es decir, sangre depositada bajo la superficie de la piel. El tratamiento dependerá de la gravedad de la lesión.

Presión y peso sobre el periné: El suelo pélvico es el conjunto de músculos y tejidos que soportan algunos órganos de la mujer tales como la vagina, la vejiga o el recto. Ciertas posturas, como permanecer de pie o estar sentada, favorecen que el peso de estos descanse totalmente sobre el periné, que ahora está afectado tras el parto. Evita estas posiciones y mantente tumbada siempre que puedas.

Infección: La episiotomía, como cualquier otra herida, puede infectarse. Generalmente las infecciones son producidas por falta de higiene. Entre sus síntomas están el enrojecimiento y endurecimiento de la zona, secreción de pus, dolor, mal olor…

Puntos tirantes: Aunque no es necesario retirar los puntos, ya que se caerán solos o el propio cuerpo los absorberá en unos días, algunas suturas pueden haber quedado demasiado oprimidas, con lo que los puntos pueden tirar, ocasionando molestias o dolor, especialmente al caminar o cambiar de postura. Una revisión con la matrona puede confirmarlo y esta puede retirarlos si están incomodando.

Micción: El contacto de la orina con la herida aún sin cicatrizar puede causar escozor o dolor. Una solución es verter a la vez que se orina, un chorro de agua templada por la zona. No aguantes las ganas por miedo al dolor. La retención de orina puede favorecer las infecciones.

Relaciones sexuales: Durante las 4 o 6 semanas días posteriores al parto se recomienda no practicar sexo con penetración, para, entre otras cosas, evitar empeorar la zona dañada y permitir la curación. Tras este periodo es común que aún se sienta cierta sensibilidad o molestias leves al mantener relaciones sexuales, incluso varios meses después del parto. No obstante, esta insatisfacción sexual es transitoria y debería remitir cuando la herida cicatrice por completo.

Estreñimiento: El estreñimiento puede aumentar las molestias en la zona y comprometer la correcta cicatrización. Evítalo con una dieta rica en fibra.

 

Cuidados locales de la episiotomía

Los cuidados que lleves a cabo tras el parto son fundamentales para combatir las molestias derivadas de la cicatrización de la episiotomía. Si no tienes ninguna complicación la manera más eficaz de sobrellevar el proceso de curación es con higiene, reposo y medicamentos. Asimismo los ejercicios y medidas de prevención (ejercicios de Kegel) que hayas practicado antes del parto contribuirán sin duda, a una mejor recuperación de la zona.

- Medicinas: Los supositorios antiinflamatorios después de la sutura suelen ser muy eficaces. Posiblemente, tras coserte la episiotomía te los apliquen. Igualmente te prescribirán una pauta de administración de analgésicos y antiinflamatorios, para calmar el dolor y disminuir la hinchazón.

Higiene diaria: Mantener el área limpia es esencial para una óptima recuperación. El aseo íntimo debe hacerse suavemente con agua tibia y jabón neutro. Después seca la zona al aire naturalmente o con una toalla, sin frotar, dando pequeños toquecitos. Puede utilizarse un secador de pelo con aire frío, pero solo para secar ligeramente los restos de agua. Recuerda que es una zona fisiológicamente húmeda. Los secadores pueden resecarla en exceso, lo que sería muy perjudicial. Además se corre el riesgo de sufrir quemaduras. Asegúrate bien, por lo tanto, de que el aire sea frío.

- Reposo: Los movimientos bruscos o el esfuerzo excesivo pueden separar los puntos o abrir la herida. Intenta evitarlos, descansar y mantenerte tumbada todo el tiempo que puedas. Si estás dando el pecho, adopta posturas que te resulten cómodas y que no  obliguen a poner el peso del bebé sobre ti.

 

Consejos para un mejor tratamiento de la herida

- Está desaconsejado totalmente el uso de tampones. Del mismo modo, las compresas para las pérdidas de sangre deberán ser transpirables. Rechaza las fabricadas con materiales plásticos y cámbialas a menudo para mantener la zona seca.

-  Tras la micción y las deposiciones es importante limpiarte bien, siempre de delante hacia atrás para evitar arrastrar las bacterias del ano, que podrían infectar la cicatriz. Es conveniente, después de la defecación lavar la zona con agua y jabón.

- Procura, después de la ducha, no vestir la zona y dejarla al aire. Lo ideal es que permanezcas tumbada desnuda durante varios minutos antes de vestirte.

- Elige ropa holgada que no ajuste o apriete la parte del periné. Opta además por tejidos transpirables de fibras naturales como el algodón. Aparta por un tiempo las braguitas de lycra, con encaje o los tangas que pueden irritar la zona.

-  Es aconsejable la observación diaria del perineo con un espejo, para descubrir posibles complicaciones y constatar la adecuada evolución de la cicatriz.

 

¿Cómo aliviar el dolor de la episiotomía?

Cuando el dolor o las molestias son intensos puedes aliviarlos con medidas como estas:

-  Date un baño de agua tibia.

-  La aplicación de frío calma, refresca y favorece la cicatrización. Recuerda no aplicar hielo directamente sobre la piel, ya que podrías quemarte. Envuelve el hielo en un paño antes de ponerlo en contacto con la piel, o utiliza chorros de agua fría, o compresas previamente enfriadas en el frigorífico.

-  Una almohada, un cojín hinchable o un flotador, ayudan a que resulte más cómodo estar sentada temporalmente, si bien no conviene abusar de esta postura ya que favorece que la zona perineal soporte todo el peso y se resienta, además se corre el  peligro de que la sutura se abra. Del mismo modo ocurre al estar mucho tiempo de pie. La mejor forma para favorecer la recuperación, sin duda, es permanecer tumbada el mayor tiempo posible. Un truco: Al sentarte sobre superficies duras, contrae las nalgas y apoya la espalda sobre el respaldo del asiento. De este modo los glúteos ejercerán de amortiguamiento y los puntos de la cicatriz no se separarán.

 

¿Cuándo acudir al médico?

Si tras 2 o 3 semanas las molestias o los dolores de la cicatriz de la episiotomía no remiten, especialmente cuando estás sentada, conviene que te vea un especialista. Tal vez tengas un edema que puede tratarse. Igualmente puede ser necesario volver a intervenir y rehacer la episiotomía.

Ante cualquier signo de infección (enrojecimiento, dolor agudo a la palpación, endurecimiento de la cicatriz, secreciones malolientes y purulentas…) acude al médico o la matrona. Si la herida está infectada necesitará tratamiento urgente.


Fecha de actualización: 13-06-2020

Redacción: Irene García

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