Secuelas de los bebés prematuros

Secuelas de los bebés prematuros
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El número de bebés prematuros ha aumentado en los últimos años considerablemente, por lo que los partos antes de la semana 37 suponen ya el 10% de todos los nacimientos. De estos, la mayoría suceden pasada la semana 33, y solo entre el 1,1 y el 1,6% nacen antes de la semana 33. La buena noticia es que la tasa de supervivencia ha aumentado muchísimo en los últimos años, incluso de los nacidos entre la semana 24 y la 28. El problema es que un 44% de ellos tendrá secuelas de por vida.

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Bebés prematuros antes y después

Bebés prematuros antes y después

Los bebés prematuros son todos aquellos que nacen antes de la semana 37 de embarazo, momento en el que se considera que el bebé está a término y preparado para nacer. Sin embargo, la tasa de supervivencia y las consecuencias de nacer antes de tiempo varían mucho según la edad gestacional del bebé, su peso y su madurez.

El primer problema al que se enfrentan los bebés prematuros es sobrevivir, lo cual depende, en gran parte, de la semana de gestación en la que nazcan. Y es que cada día que pasa sus sistemas maduran y se desarrollan, por lo que cada día dentro supone un aumento en la tasa de supervivencia. Así, los nacidos en la semana 24 tienen un 37% de posibilidades de sobrevivir, porcentaje que se eleva al 80% para los que nacen en la semana 28. Por lo tanto, cuanto menos prematuro sea un bebé, más posibilidades de sobrevivir.

En cuanto a las secuelas que puede provocar la prematuridad, estas también dependen en gran medida de la semana de gestación, puesto que, cuanto más maduros sean sus órganos, menos posibilidades de sufrir secuelas. Así, los bebés nacidos en la semana 24 o antes tienen muchas posibilidades de desarrollar discapacidades como parálisis cerebral, ceguera o sordera. Mientras que en los nacidos a partir de la semana 28, y con más de 1.500 g, la incidencia de secuelas graves baja considerablemente.

Según un estudio realizado por la neonatóloga Concepción Gómez y el sociólogo Javier Sánchez Carrión entre 1.200 casos de niños nacidos con menos de 1,5 kilos de peso entre 1993 y 2011, del total de los bebés prematuros, el 56% no tuvo secuelas, y el 44% sí, aunque estas se dividen en temporales y permanentes. Entre las primeras encontramos problemas de aprendizaje, dislexia o problemas de lenguaje, y entre las segundas autismo, problemas de desarrollo o hiperactividad. Lo bueno es que la evolución de la mayoría de las secuelas es favorable, aunque para ello hace falta un seguimiento exhaustivo del niño para detectar y tratar cuanto antes estos posibles problemas.

Las secuelas más comunes en niños prematuros son:

·         Problemas de aprendizaje

·         Hiperactividad

·         Déficit de atención

·         Retraso simple del lenguaje

·         Alteraciones visuales

·         Parálisis cerebral

·         Alteraciones auditivas

·         Discapacidad intelectual

·         Dislexia

·         Trastorno del espectro autista


No obstante, la mayoría de las veces se trata de secuelas temporales que tienen tratamiento. Las secuelas más comunes tienen que ver con alteraciones visuales y/o auditivas, parálisis cerebral (un 14,6% en bebés de 22 a 27 semanas)  y discapacidad intelectual. Las dificultades de aprendizaje o retrasos en la aparición del lenguaje son también comunes, pero tienen buen pronóstico.


Otro estudio publicado en la revista The Lancet, liderado por el centro de investigación francés INSERM, indica que el 40% de los grandes prematuros presenta problemas cognitivos en diferentes grados a los 5 años. Para hacer el estudio evaluaron a 2.901 bebés nacidos entre las semanas 22 y 32 de embarazo durante el año 1997 en diferentes regiones de Francia, y otro grupo de control de 667 bebés de la misma zona nacidos a término.

Los resultados indicaron que, de los bebés nacidos a término, solo un 16% presentaba alguna alteración cognitiva a los 5 años, mientras que un 42% de los nacidos entre las semanas 24 y 28 necesitaban cuidados especiales, porcentaje que disminuía al 31% en los nacidos entre la semana 29 y la 32.


Entre las secuelas que ellos observaron encontraron un 9% de casos de parálisis cerebral entre los grandes prematuros. Las secuelas más comunes tenían relación con el aprendizaje, la memoria a corto plazo y aspectos sociales. Además, muchos estudios relacionan los trastornos de déficit de atención (TDA) y de hiperactividad (TDH) con la prematuridad. El estudio del INSERM también muestra que un 45% de los grandes prematuros presenta un cociente de desarrollo inferior a 85 (cuando la media es 100), frente al 15% de los nacidos a término.


El problema de estos problemas es que no se detectan hasta que el niño empieza el colegio, hacia los 5 años, por lo que se pierde la oportunidad de aprovechar la plasticidad del cerebro de los primeros años de vida para corregirlos.


El origen de estos problemas se encuentra en la inmadurez de sus órganos, que tendrán que madurar fuera del útero materno. Esta maduración extrauterina provoca, en mayor o en menor medida, restricciones nutricionales y de aportación de oxígeno. Si además el bebé nace con bajo peso, algo que ocurre en el 20% de los partos prematuros, el cerebro puede nacer menos desarrollado aún. “Si este problema se detecta entre los 6 meses de gestación y los 2 años, como el cerebro del bebé es extraordinariamente plástico, se puede estimular y corregir. Pero muchas veces se detecta a partir de los 5 años, cuando el niño ya va al colegio", explica Eduard Gratacós, jefe de medicina maternofetal del hospital Clínic de Barcelona. Por lo tanto, la clave está en la detección precoz.


Entre los factores que aumentan el riesgo de padecer estas secuelas encontramos la semana de gestación al nacer, el peso al nacer, el tiempo de estancia en la UCIN, el tipo de parto, los recursos sanitarios de la zona, los recursos económicos de la familia o el sexo (los niños tienen el doble de posibilidades de padecer secuelas que las niñas).


Por eso, en los grandes prematuros, nacidos antes de la semana 28 y con un peso menor de 1.500 gramos, se deben hacer controles rutinarios y multidisciplinarios en neumología, oftalmología, cardiología…. Para poder detectar cuanto antes cualquier problema y minimizar las consecuencias. El seguimiento debe hacerse sobre todo en los 2 o 3 primeros años de vida, aunque algunos centros lo alargan hasta los 6, puesto que, algunos problemas, como los de aprendizaje, no se detectan hasta que no se empieza el colegio.


Además, hay que evaluar sus hitos de desarrollo en función de su edad corregida (la edad cronológica menos los meses de prematuridad) y, ante cualquier desvío importante, acudir al especialista pertinente.


También se recomienda que estos niños tengan una estimulación y un cuidado especial para superar o minimizar sus posibles problemas y favorecer su integración en todos los ámbitos. Si se considera necesario, pueden recibir estimulación temprana especializada, fisioterapia o sesiones con el logopeda, aunque no todos los niños lo necesitan. 


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Fuente:

Sociedad Española de Neonatología (SENeo).

“Desarrollo y factores sociofamiliares de los nacidos con <1500 gramos en España”, Concepción Gómez y Javier Sánchez Carrión.

Fecha de actualización: 03-12-2018

Redacción: Irene García

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