Rechazo del pecho. Huelga de lactancia

Rechazo del pecho. Huelga de lactancia
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Estás feliz con tu bebé, que se alimenta bien y crece como un campeón, pero un día sin previo aviso rechaza el pecho, llora y se niega a comer. ¿Qué le ocurre?

Cuando un bebé, de menos de un año, sin motivo aparente rehúye el pecho puede estar viviendo  lo que se conoce como huelga de lactancia. A pesar de lo preocupante que pudiera parecer al principio, hay que saber que entra dentro de la normalidad y casi todos los niños rechazan el pecho en algún momento. El inconveniente es que, por desconocimiento, estas situaciones suelen abocar a un destete prematuro. Cuando la solución, en la gran mayoría de los casos, no se encuentra en el biberón, si no en encontrar el origen del rechazo.

 

¿Qué es la huelga de lactancia?

 

Son periodos con una duración media de 3 o 5 días, en los que el bebé deja de mamar, en principio sin ninguna causa evidente. Estos episodios, angustiosos para los padres, suelen ocurrir cuando el niño tiene entre 4 y 10 meses de edad y normalmente están relacionados con momentos de cambios en su entorno. Los bebés son muy sensibles a estas situaciones y su reacción al estrés es negarse a comer.

 

El inconveniente de la huelga de lactancia, además de que el niño no engorde por no ingerir alimento, son las consecuencias nefastas que esto puede acarrear en la vida familiar. Comprobar que un bebé tan pequeño no quiere comer puede motivar incertidumbre, tensión, ansiedad, angustia, nervios, frustración… circunstancias que sin duda afectarán a la vida de la pareja y repercutirán inevitablemente en la crianza del niño. Además, abandonar repentinamente la lactancia materna puede originar malestares y problemas en los senos tales como ingurgitaciones, inflamación, obstrucciones de conductos, etc. Todos estos problemas no hacen más que iniciar un círculo vicioso que agrava el problema cada vez más.

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Posibles causas del rechazo del pecho

 

Entorno: Cuando hay mucho ruido alrededor, o el ambiente está demasiado frío o caluroso, o la madre ha tenido una reacción brusca con el bebé ante un mordisco o dolor en el pecho, el pequeño puede no encontrarse a gusto mamando y dejar de hacerlo.

 

Enfermedad: Un catarro, mucosidad excesiva, otitis, u otras enfermedades pueden dificultar la succión y provocarle inapetencia o desgana al mamar porque le duela o incomode.

 

Sabor de la leche: Aunque no está muy claro, se cree que el sabor de la leche se altera cuando la madre se queda embarazada o consume ciertos alimentos. Algunas veces al niño puede no gustarle el nuevo sabor y evita tomarla.

 

Tetinas: El uso de tetinas artificiales como el chupete o las del biberón, puede acostumbrar al bebé a succionar de otro modo y cuando mame del pezón no consiga extraer la leche, se enfade y lo rechace (la extracción con la tetina del biberón es diferente a la del pecho ya que el niño hace otro movimiento con la lengua distinto).

 

Disminución de la producción de la leche: Existen varias razones por las que la producción de leche se reduce: limitar o saltarse tomas, seguir horarios estrictos, alternar tomas de biberón, etc. El niño puede intentar mamar, pero al no salir la cantidad de leche que desea, se irrita y deja de hacerlo.

 

Sabor del pecho: Algunas cremas, lociones, perfumes, desodorantes, etc. pueden provocar un olor o sabor demasiado fuerte que el bebé no tolera.

 

Cambios en la vida del bebé: Los niños lactantes son especialmente sensibles a las variaciones que se producen en su entorno. Notan cuando su madre se altera, está tensa, nerviosa... Si además ha habido cambios físicos como una mudanza, la incorporación a la guarde, la separación de su madre porque vuelve a trabajar, etc. es habitual que el pequeño manifieste su inquietud con una huelga de lactancia. En muchas ocasiones los bebés, en ausencia de su madre, se niegan a comer, pero cuando esta vuelve,  lo hacen sin parar, recuperando el tiempo perdido.

 

Ten en cuenta que…

 

Durante las primeras horas de vida muchos bebés permanecen medio adormilados y pueden pasar muchas horas, 5, 6 incluso 10, sin comer. La recomendación de las matronas es que los recién nacidos no estén más de 3 horas sin mamar. Por lo que ante un bebé que no se despierta surgen las dudas ¿Le pasará algo? Lo que puedes hacer es acariciarle suavemente para despertarle ligeramente. Colocártelo al pecho para favorecer el contacto piel con piel y ayudarle a engancharse.

 

La Asociación Española de Pediatría hace hincapié en aprender a distinguir los falsos rechazos de la auténtica huelga de lactancia, y que con frecuencia confunden (y preocupan) a las madres primerizas:

 

Por ejemplo, el bebé que deja de comer porque simplemente está saciado. Los bebés no comen la misma cantidad siempre, ni a la misma hora. Hay veces que con 3 minutos se ha saciado y otras en las que requiere 1 hora para comer. De ahí el consejo de amamantar a demanda respetando las necesidades del niño  y no siguiendo estrictos horarios.

 

Un mal agarre o una postura incorrecta. Dar el pecho a un bebé requiere aprender la técnica, una buena postura y un agarre adecuado. Si no se hace bien, el bebé puede no extraer leche o sacar muy poca y llorar porque se queda con hambre. Además, al no vaciarse, las mamas pueden inflamarse y los conductos obstruirse, con lo que la salida de la leche y el amamantamiento se complican aún más.

 

 

¿Qué hacer?

 

Ante todo procura no angustiarte. La preocupación, la ansiedad y el nerviosismo solo empeorarán la situación. Tarde o temprano todos los niños que han pasado por esto, vuelven a mamar, así que tómatelo con tranquilidad y paciencia.

 

La Liga de la Leche recomienda, para retomar con éxito la lactancia, mucha persistencia y calma, animándolo a mamar a menudo, acercándolo al pecho, insistiendo repetidas veces pero sin forzarlo. Sin olvidar hacerlo de forma tranquila. El niño debe asociar la lactancia a un momento agradable. Si te pones nerviosa, haces movimientos bruscos o levantas la voz  percibirá la tensión y se pondrá alerta.

 

Inténtalo cuando esté medido dormido o tras un baño relajado y caliente.

 

Prueba con distintas posturas (descubrirás que hay numerosas formas de dar el pecho a tu bebé). Quizás una de las más cómodas para ambos sea la que os permite estar tumbados en la cama uno contra el otro.

 

Dormir con el bebé propicia el contacto piel con piel y favorece la lactancia. Toma las medidas de seguridad necesarias y practica el colecho con tu pequeño. Al menos descansarás mejor.

 

Asegúrate de que la temperatura es agradable, que no hay ruidos molestos, ni nada que le distraiga.

 

Aprovecha las horas de tranquilidad, cuando tengas tiempo suficiente y estés relajada para ponerle al pecho.

 

Recuerda pesarle y hacer un seguimiento de su crecimiento. Si pasan los días y tu bebé sigue sin querer mamar, puede que el problema sea otro. Si pierde peso y continúa sin mamar acude al pediatra.


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Fecha de actualización: 08-02-2013

Redacción: Irene García

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