Colecho, dormir con el bebé

Colecho, dormir con el bebé
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A pesar de las voces y de los distintos métodos para dormir a los bebés contrarios a esta controvertida costumbre, cada vez son más los padres que practican el colecho con sus hijos. La mayoría descubren los beneficios de compartir el sueño con su bebé cuando tienen el segundo. La experiencia de haber vivido noches de desesperación levantándose y yendo de un lado a otro para atender a su recién nacido, ha sido determinante para adoptar esta forma de dormir.

Y es que la falsa creencia generalizada de que a partir de una determinada edad los bebés duermen del tirón, obliga a muchas madres primerizas a empeñarse en enseñar a sus pequeños a dormir solos y toda la noche, con la eterna duda rondando sus cabezas: “¿qué estaré haciendo mal?”.



Antes de nada conviene desmentir algunas cosas. Según la psicopediatra Rosa Jové, especialista en sueño infantil, la mitad de los niños no duerme seguido durante la noche hasta los 2 años, y el resto lo hace entre los 2 y 5 años. El dormir toda la noche es un proceso que se inicia a los 7 meses, pero que puede durar hasta los 5 años. Esto quiere decir que lo normal es que los niños, y especialmente los recién nacidos y bebés, no duerman ocho horas seguidas.

 

Los padres, por lo tanto, deben saber que el bebé demandará su atención durante la noche a lo largo de varios meses e incluso varios años. Y en un tiempo en el que prácticamente nadie duda de lo beneficioso de la lactancia materna a demanda, compartir el sueño con el bebé permite a la madre amamantarle por la noche sin apenas despertarse.

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Al principio de la etapa gestacional la mujer embarazada puede dormir como quiera, incluso boca abajo, porque el bebé está totalmente protegido. En cambio, a medida que se vaya desarrollando el feto, dormir en esta postura va a resultar en la mayoría de los casos imposible y podría afectar a la salud de ambos, por lo que conviene evitarla.

 

Pero además, el colecho tiene otras ventajas, no solo para la mamá, que no tendrá que levantarse para darle el pecho, sino también para el bebé. Enumeramos unas cuantas:

 

-  Los niños que duermen junto a sus madres lloran menos, ya que estas perciben antes sus necesidades durante la noche y en muchas ocasiones, sin despertarse del todo, les atienden antes de que al bebé le dé tiempo a llorar. Así ambos se vuelven a dormir antes.

 

-  De este modo el sueño del bebé se sincroniza con el de la madre y pasan de un estadío de sueño a otro con más facilidad, lo que les procura un mejor descanso a los dos.

 

-  Además esto provoca que se estimule la lactancia materna. Los bebés que comparten lecho con su madre maman más a menudo que los que duermen en camas separadas. La lactancia favorece el sueño y la succión mejora el ritmo respiratorio.

 

-  Los bebés también reciben protección y tranquilidad al sentir la presencia cercana de su madre. Esta seguridad les ayuda a dormirse. Los niños que no tienen contacto con la piel de su madre al dormir, tardan más en hacerlo.

 

-  La temperatura del bebé, cuyo organismo aún no sabe regularla, se compensa con el calor corporal de la madre cuando están próximos y esto ayuda a regular también la respiración. Según el Dr. William Sears, profesor de Pediatría en la Universidad del sur de California, en su libro “Nightime Parenting”, el niño se acostumbra al ritmo de la respiración de su madre cuando está en el útero. Tras nacer, la madre continúa funcionando como un marcapasos de respiración, mostrando al bebé cómo tiene que respirar. Se dice, por eso, que el colecho permite “enseñar” a respirar al bebé, lo que disminuiría el riesgo de muerte súbita.

 

Sin embargo, a pesar de todos estos beneficios comprobados, en nuestro país, y en la mayoría de las culturas de Occidente, esta práctica no solo no está extendida sino que genera cierta controversia siendo rechazada por la mayoría, entre los que se incluyen numerosos expertos que animan a la separación nocturna precoz de madre e hijo. ¿Por qué?

 

En realidad son varios los factores que han propiciado este cambio de costumbres.

 

Históricamente todas las madres dormían con sus hijos hasta que estos habían cumplido varios años. De hecho, todavía hoy, en la mayoría de las culturas, excepto la occidental, el sueño compartido es la norma, y en países como China o Japón, lo normal es que los adultos duerman con sus hijos hasta los 7 años. ¿Qué ocurrió entonces para que se dejara de hacer? Una de las causas que pudieron provocar que los padres apartaran a sus bebés de su cama fue el miedo exagerado a asfixiarles durante el sueño. Este temor se remonta a la Edad Media, cuando muchas madres, ante la imposibilidad de alimentar a más criaturas, optaban por asfixiar a sus bebés tumbándose sobre ellos al dormir, y así limitar el número de hijos. Ante esto se redactaron leyes que prohibían a los padres dormir con sus niños. Esta herencia histórica unida a tabúes, prejuicios y a la valoración positiva de la autonomía, la independencia y el individualismo de los niños por parte de la mentalidad occidental, ha llevado a que se dé más relevancia a los posibles (y poco frecuentes) riesgos que a los múltiples beneficios del colecho a la hora de recomendarlo.

 

James MacKenna, profesor de Antropología, en su investigación sobre el sueño madre-bebé, concluyó que el hecho de que madre y bebé duerman juntos responde a una necesidad evolutiva del desarrollo del sueño del bebé. Es más, hasta hace poco era un mecanismo imprescindible para la supervivencia de éste. Esto tiene que ver, dice, con el hecho de que el ser humano es el mamífero que nace de manera más inmadura. Su desarrollo es más lento que el de cualquier otro animal y por ello dependerá de su madre durante más tiempo, tanto para ser alimentado como para ser transportado o en lo relativo a sus necesidades sociales y emocionales. En la medida en que el bebé no puede valerse ni moverse por sí mismo, necesitará del contacto continuo, también por la noche, para alimentarse, respirar y desarrollarse. MacKenna afirma que el hombre occidental se equivoca al pensar que los bebés son más independientes fisiológicamente de sus madres de lo que en realidad son.

 

Colecho y muerte súbita

 

Aunque se desconocen las causas que provocan la muerte súbita (un bebé aparentemente sano y menor de 6 meses, muere durmiendo sin previo aviso) se suele atribuir a un fallo respiratorio. Desde hace tiempo, en Occidente, se ha relacionado la práctica del colecho con una mayor incidencia de muerte súbita, además de con otras terribles consecuencias para los pequeños: dependencia emocional, menor crecimiento, etc. Actualmente ni las Asociaciones de Pediatría ni las de Lactancia se ponen de acuerdo en si el colecho es un factor de riesgo o no a la hora de recomendarlo o desaconsejarlo. MacKenna, sin embargo, sí contradice estas y otras convicciones en su estudio. Incluso llega a asegurar que el colecho no solo no aumenta el peligro de muerte súbita del lactante sino que lo protege frente a ella.

 

¿En qué se basa para ratificar esto? En primer lugar solo hay que echar un vistazo a los países orientales para constatarlo. En China, Japón, Filipinas, Vietnam, etc. lo habitual es que padres e hijos compartan lecho, y casualmente la prevalencia de muerte súbita es la más baja del mundo. En China, por ejemplo, es prácticamente desconocida.

 

Asimismo MacKenna considera que la combinación de la lactancia materna con el sueño compartido es clave para el descenso del riesgo de muerte súbita, ya que el colecho aumenta la lactancia y ésta favorece la postura boca arriba (posición recomendada desde los años 90 por pediatras de todo el mundo para evitar el síndrome de muerte súbita). Cuando el bebé está en esta postura puede mover la cabeza, buscar el pecho de su madre, mamar cuando quiera, llorar para llamar su atención, incluso despejar su cara de sábanas.

 

Por último destaca que el dormir junto al bebé posibilita a la madre percibir mejor un cambio en su respiración. Lo que podría evitar apneas.

 

Ahora bien, no debemos olvidar, que el sueño compartido debe llevarse a cabo siempre en un entorno seguro.

 

Medidas de seguridad

 

El colecho no es una práctica de riesgo en sí misma, sino las circunstancias en las que se desarrolla. Por ello deben tomarse unas medidas básicas de seguridad, que, en su mayoría, responden al sentido común.

 

No obstante, también hay que decir que existen muchas formas de colecho, y no necesariamente este debe practicarse de la manera más estricta. Por ejemplo, la Asociación Americana de Pediatría y Unicef recomiendan como forma más segura para el bebé el empleo de una cuna adosada a la cama. En este caso se pueden eliminar los barrotes de ese lado de forma que cama y cuna estén comunicadas. También puede juntarse a la cama de los padres otra más pequeña o un colchón, siempre y cuando se cumplan ciertas medidas de seguridad:

 

-          El colchón no debe ser blando, ni de agua.

 

-          No deben existir huecos entre el colchón y los bordes de la cama o la pared, donde el bebé pudiera quedar atrapado

 

-          Deben tomarse medidas para que el bebé no pueda caerse de la cama

 

-          No emplear edredones ni cojines ni almohadones que puedan asfixiar al bebé o aumentar demasiado su temperatura

 

-          El bebé debe dormir siempre boca arriba

 

-          Nunca se debe dormir con un bebé en un sofá, butaca, hamaca, etc.

 

-          No poner al bebé a dormir junto a un niño mayor

 

Cuándo no se debe compartir cama

 

-          Cuando alguno de los padres fuma. El riesgo de muerte súbita cuando la madre fuma o ha fumado en el embarazo se multiplica considerablemente.

 

-          Si se han consumido alcohol o drogas



-          Si se han tomado tranquilizantes o medicamentos que produzcan somnoliencia

 

-          Si alguno de los padres tiene obesidad

 

-          Si se está muy cansado (riesgo de caer en un sueño profundo)
 


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Las tablas de crecimiento de bebés están elaboradas por la OMS para facilitar al máximo el control del desarrollo de un bebé dado en relación a otros bebés de su misma edad.


Fuentes:

James MacKenna, Jornadas Internacionales de lactancia 2005; Rosa Jové; Dr. William Sears, Nightime Parenting 1995.

AEP EnFamilia "Colecho: ¿Es malo compartir la cama con el bebé?" https://enfamilia.aeped.es/edades-etapas/colecho-es-malo-compartir-cama-con-bebe

Fecha de actualización: 20-12-2012

Redacción: Irene García

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