Pautas de higiene del sueño

Pautas de higiene del sueño
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La higiene del sueño en sí misma podría definirse como el control de todos los factores conductuales y ambientales que preceden el sueño y que pueden interferir con él. Es decir, es la práctica que consiste en seguir ciertas recomendaciones que permiten asegurar un sueño más descansado y efectivo que promoverá el estado de alerta diurno y ayuda a evitar trastornos del sueño. Pero ¿qué importancia tiene este en la vida de los bebés?

Para hablar del sueño, pero más concretamente de las pautas de higiene del sueño en los bebés, debemos diferenciar previamente dos etapas distintas de su primer año de vida:


- de recién nacido hasta los seis meses

- de los seis meses al año


En el primer caso, es importante establecer una rutina previa a la hora de acostar al bebé como, por ejemplo, el baño, un masaje, una nana o cualquier otra actividad rutinaria que pueda considerarse tranquila y que, por supuesto, finalice en la habitación de los padres que será donde dormirá el bebé al menos durante los primeros meses. Es importante también que el bebé permanezca despierto mientras come y su alimentación sea lo más rutinaria posible. Además, es recomendable que después de cada toma el bebé esté despierto para que pueda eructar y cambiarlo siempre después de la toma.


Durante las tomas del día hacerlo con luz natural mientras se le habla, se le canta y se le estimula para que sea mucho más sencillo mantenerlo despierto y por la noche dar las tomas en la medida de lo posible a oscuras para que se acostumbre y que, sobre todo, reciba muchos menos estímulos que durante el día. También es importante que el bebé se duerma solo y nunca acostarle dormido. Si el bebé se acostumbra a dormirse en brazos, meciéndolo o tomando el pecho, exigirá esa costumbre en todos los despertares nocturnos. Es fundamental que el adulto reconozca el sueño activo y le deje dormir. En el sueño activo el bebé puede hacer muecas y gruñidos, en ocasiones con los ojos entreabiertos y moviéndolos.

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El sueño en los niños y adolescentes es un proceso complejo en el que intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales. Además, influyen elementos de vulnerabilidad en la vida cotidiana: estimulación luminosa artificial, obstáculos para el contacto y apego con los padres, y horarios sociales, principalmente escolares, que entran en colisión con sus necesidades biológicas. 


En el segundo caso, es decir, de los seis meses al año, se deberán mantener las rutinas: baño, cambio de pañal e intercambio afectivo, para luego llevarle a su cuna para acostarle, pero sin hacerlo cuando esté dormido, como ya veíamos. A esta edad sigue siendo normal que se despierte por la noche, pero lo más conveniente será mantenerle en la cuna y tranquilizarle sin grandes estímulos. Por último, se aconseja utilizar un peluche que sea seguro para que cuando se despierte pueda identificar ese objeto con el sueño.


La duración del sueño


La duración del sueño va a depender de cada niño ya que habrá algunos que duerman mucho y otros que duerman muy poco, aunque es conveniente que por lo menos duerman seis horas por la noche y lo que quiera durante el día, siempre y cuando no pierdan tomas programadas. Si, por ejemplo, el recién nacido come y duerme como a los papás y las mamás les gustaría sería necesario contar el número de biberones que toma y la cantidad de líquido que recibe al final del día para comprobar que no pierde ninguna de las tomas. Otro hecho importante para tener en cuenta en referencia al sueño es que el niño que duerme mucho durante el día no va a dormir por la noche, algo que podría provocar un cambio del sueño que acarrearía a su vez un trastorno no despreciable para los padres. Sería bueno, por tanto, que desde recién nacido el bebé se acostumbrara a que durante el sueño haya silencio y una luz muy tenue, y que cuando esté despierto haya mucha luz y no tanto silencio.


Hay que tener en cuenta también que dependiendo de la edad las horas de sueño van a variar un poco. De hecho, los recién nacidos van a dormir muchas horas, pero no seguidas. Lo habitual es que duerman entre 16 y 17 horas al día, aunque la mayoría de ellos no dormirá durante más de dos horas seguidas. Una vez pase su primer mes de vida, el bebé va a tener periodos de sueño algo más regularizados.


A partir de los tres meses el bebé va consolidando sus ciclos de sueño-vigilia, durmiendo por periodos cada vez más largos y cada vez más por las noches y, aunque va adaptándose ya al horario de sueño normativo, aún tiene que dedicarle muchas horas para su correcto desarrollo. En total, dormirá entre 15 y 18 horas aproximadamente.


Entre los tres y cuatro meses el sueño del bebé continúa con su proceso madurativo, pero una vez alcanza el cuarto mes ya va a pasar más tiempo despierto, interactuará más y desaparecerán los cólicos. Esto es lo que conocemos como la regresión del sueño a los cuatro meses cuyos principales síntomas son:


- cambios en el apetito

- aumento de los despertares nocturnos

- aumento del llanto y la irritabilidad

- siestas más cortas


Por eso, para que duerma más durante esta regresión del sueño es importante que continuéis ayudándole como hasta ahora a dormir de la misma forma, que creéis nuevos apoyos de sueño, que sigáis una rutina (aunque esta pueda ser algo flexible porque todavía es pequeño) y que le arrulléis de forma confortable para que pueda imitar la seguridad del útero materno.


¿Cómo debe dormir el bebé recién nacido?


El bebé recién nacido tiene que dormir en una cama pequeña, es decir, en el moisés o en la cuna, porque si duerme en una cama grande podría sentirse algo perdido y dormiría con dificultad. Si en aquel momento no se dispone de la cama especial para él, se puede adaptar durante los primeros meses una cama pequeña similar a la del cuco que se utiliza para ser transportado. También se podrán poner almohadas o cojines alrededor de esta para hacerla algo más pequeña.


Es cierto que durante los primeros meses de vida que el recién nacido duerma o no en la misma habitación que los padres no tiene ninguna repercusión sobre él. En cambio, sí la tendrá sobre sus padres por las molestias que les supondrá levantarse para atender a las múltiples necesidades del niño. Por ello, en cuanto se crea oportuno será conveniente que el bebé duerma en su propia habitación, aunque, en cualquier caso, esta decisión va a depender siempre de la comodidad de los padres y también de su disposición a levantarse por la noche.


No obstante, no se aconseja que el bebé duerma con los progenitores si, por ejemplo, estos fuman en la habitación. Lo más conveniente será disponer de su habitación y su cama lo más pronto posible. Y, a no ser que hagáis colecho, no se debe acostumbrar al niño a dormir con los padres en la misma cama siempre, y si este se despertara lo más recomendable será no cogerlo en brazos.


A la hora de establecer unas adecuadas pautas del sueño es importante tener en cuenta una serie de cosas. El colchón, por ejemplo, ha de ser de espuma dura o cualquier otro material, pero que sea duro para que de esta forma cuando el bebé esté encima del colchón no pueda tomar la forma del cuerpo del pequeño. La almohada no será necesaria durante el primer año de vida, y la postura ideal para dormir es siempre boca arriba o como mucho de lado.


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La cantidad de biberón para un bebé de 6 meses debe ser definida por el propio bebé tal y como se hace con la lactancia materna, que es a demanda. De esta manera, el bebé se regula en función de las necesidades de cada momento.


Fuentes:

Doctores Ajram J., y Tarés R.M. (2005) El primer año de tu hijo “El manual de los padres tranquilos”, Barcelona. Editorial Planeta, S.A.

Medidas preventivas y de higiene del sueño según la edad, para adquirir o mantener un buen patrón de sueño http://www.guiasalud.es/egpc/TSue%C3%B1o_infado/resumida/documentos/anexos/anexo8.pdf

Fecha de actualización: 07-03-2019

Redacción: Ana Ruiz

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