¡A la cama! Consejos para instaurar rutinas de sueño

¡A la cama! Consejos para instaurar rutinas de sueño
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Con un año la mayor parte de los niños comienza a adquirir hábitos correctos del sueño. A esta edad necesitarán dormir de 12 a 14 horas en un periodo de 24 y a la edad de 18 meses muchos de ellos solo harán una siesta a mediodía que durará entre 2 y 3 horas. Sin embargo a esta edad hay un factor que conspira para que los más pequeños remoloneen a la hora de acostarse: ya saben que hay tantas cosas que descubrir, que estar despierto es más divertido que dormir. Es el momento de instaurar rutinas.

Las rutinas facilitan el sueño en los niños, pues les proporcionan seguridad y confianza al saber qué esperar cuando llega el final del día, y a la vez les brindarán la posibilidad de ir desarrollando su sentimiento de responsabilidad a medida que los vayan incorporando. Estos hábitos, por lo tanto, deben comenzar a establecerse desde temprana edad.

Para crear un hábito de sueño que funcione para tu pequeño y que le sirva para los años venideros, sólo tienes que poner en práctica una secuencia predecible de costumbres que debes seguir en el mismo orden cada noche. Estas rutinas, evidentemente, tendrán que ir cambiando y adaptándose al desarrollo del niño a medida que vaya creciendo y sus necesidades sean otras.

A esta edad la rutina de irse a la cama debe incluir ponerse el pijama, lavarse los dientes y leer o escuchar un cuento. O bien darse un baño, cantar una canción, etc. Lo que elijas depende de ti, del tiempo que quieras emplear para estar con tu hijo en ese momento, pero debe ser igual todos los días.

El hábito del sueño funcionará mejor si reservas una hora de juego sosegado antes de la hora de irse a la cama. Esto le permitirá bajar su nivel de actividad, relajar su sistema nervioso y prepararse para dormir. Lo que quiere decir que deberías evitar que previamente haya mucho jaleo en la casa, que haga actividades en las que necesite correr, saltar o simplemente que vea en la tele películas demasiado animadas, pues la excitación del sistema nervioso dificultará el sueño.
De la cuna… a la cama

De la cuna… a la cama

Aunque en un primer momento, hacer que tu hijo abandone la cuna pueda parecerte fácil, para algunos padres se convierte en un verdadero reto, y probablemente a ti, según se vaya acercando la hora, te vayan surgiendo numerosas preguntas en torno al tema para conseguir cambiarle a la cama de la manera más eficaz


Por el contrario puedes probar estas rutinas:
 
-  Establece una hora concreta y procura seguirla a rajatabla. El reloj interno de tu hijo se ajusta más rápidamente a la rutina si ésta sigue un patrón natural y constante. A los niños les gusta, en cierto modo, tener una hora definida para irse a la cama y para despertarse, aunque esto no significa que no se pueda ser flexible cuado la ocasión lo requiera.

-  Las siestas no deben hacerse muy cerca de la hora de acostarse, ya que pueden retrasar el sueño de la noche.

-  Avísale justo antes de la hora fijada, anunciando al pequeño que va a hacerse de noche pronto. A esta edad decirle que faltan 5 minutos para irse a la cama no le servirá de nada, pues aún es incapaz de asimilar el concepto del tiempo. También puedes poner una alarma a una hora concreta de modo que cuando suene tu hijo sepa que es el momento de abandonar el juego e irse a dormir. ¡Con una máquina no se puede discutir!

-  En el caso de que no te obedezca, trata de evitar la confrontación directa porque esto solo le sobreestimulará y le agotará, haciendo más difícil que se duerma. En lugar de discutir ofrécele alternativas: ¿Quieres el pijama verde o el de ositos? ¿Leemos el cuento de la granja o el de la gaviota?

-  Dale un baño caliente antes de acostarse. El agua tibia le ayudará a conciliar el sueño. Aprovecha para que juegue en el baño con algún juguete o libro a prueba de agua.

-  Ponle ropa cómoda para dormir, ni muy ligera ni muy calurosa. Es conveniente que no pase mucho calor, por lo que la temperatura ideal de la habitación debería estar entre los dieciséis y los veinte grados. Comprueba que no está sudando o tiene calor tocándole la frente. Si es así debes arreglar su ropa de cama.

-  Apaga la luz. Cuando anochece el cerebro produce una sustancia química llamada melatonina, que induce al sueño. Para mantener el ciclo luz-oscuridad, comprueba que la habitación del niño esté a oscuras. Si fuera necesario deja encendida una luz indirecta, una lamparita infantil de seguridad o la del pasillo. Por la mañana el cuarto debe estar iluminado para reducir la melatonina y ayudarle a despertarse.

-  Cuéntale un cuento. Este clásico recurso lleva funcionando siglos. ¡Por algo será!

-  Ponle música relajante mientras le cuentas su historia preferida hasta que caiga redondo.

-  Asegúrate de que su inseparable muñeco duerme junto a él. Un peluche o su mantita preferida le reconfortará y le ayudará a conciliar el sueño si se despierta y no estás.

-  Evita que se acueste justo después de beber un biberón. Si lo hace tendrás que lavarle bien los dientes antes de meterle en la cama, ya que la leche o los zumos pueden provocarle caries.

-  Dile ‘buenas noches’ cuando sea el momento de abandonar su habitación y procura no volver. Si el niño está inquieto y muy cansado, los problemas de sueño pueden agravarse si se le mece, se le coge en brazos o se intenta calmar. Quédate a su lado si lloriquea para que note tu presencia. La mayoría de las veces eso será suficiente para que concilie el sueño.
 

Redacción: Lola García-Amado

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