Terapia psicológica para niños adoptados

Terapia psicológica para niños adoptados
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Para los niños adoptados puede ser complicado aceptar que sus padres biológicos no quisieron o no pudieron cuidar de él y lo dieron en adopción para que formara parte de otra familia. Eso puede hacer que desarrollen ciertos problemas o conductas agresivas, sobre todo al llegar a la adolescencia, por lo que pueden necesitar terapia psicológica.

Muchas parejas, incapaces de tener un hijo por medios naturales o que prefieren adoptar a un niño que no tiene familia antes que tener uno, se lanzan al mundo de la adopción y cumplen su sueño cuando por fin ese niño llega a su casa.


La adopción puede ser tanto nacional como internacional y el niño puede ser un recién nacido o tener meses o años. En España se registran unas 6.000 adopciones al año, una de las tasas de adopción más altas del mundo.


Adoptar a un niño es algo maravilloso, pero también es un proceso complicado. Primero, el proceso en sí de la adopción que puede tardar meses o años en completarse. Después, conseguir que el niño se sienta integrado y parte de la familia, problema más habitual en niños mayores que han vivido con otras familias o en centros de acogida. Aunque en la mayoría de los casos las adopciones son exitosas, cada año se produce un 1% de adopciones fallidas en las que los problemas de convivencia hacen que el niño vuelva al centro de acogida.

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Terapia psicológica para niños adoptados

Terapia psicológica para niños adoptados

Para los niños adoptados puede ser complicado aceptar que sus padres biológicos no quisieron o no pudieron cuidar de él y lo dieron en adopción para que formara parte de otra familia. Eso puede hacer que desarrollen ciertos problemas o conductas agresivas, sobre todo al llegar a la adolescencia, por lo que pueden necesitar terapia psicológica.


Una vez que el niño llega a casa, hay que crear un vínculo emocional y formar una familia, lo cual puede ser un proceso largo y complicado. Esto es más fácil cuando el niño es recién nacido o muy bebé ya que sentirá que esa es su familia igual que si hubiera nacido de esa mujer. Sin embargo, en estos casos aparece otro problema, el decirle al niño que es adoptado. La mayoría de los expertos opta por no ocultar nunca al niño su origen y normalizar el hecho de que es adoptado, hablando del tema desde que el pequeño empiece a hacer preguntas sobre el tema. Así, será más fácil que lo asimile que si se lo dices de repente con 7 u 8 años.


Sea cual sea el momento de la adopción, es más habitual que los niños adoptados desarrollen ciertos problemas de conducta al llegar a la adolescencia ya que a esta época de cambios y conflictos se añade el hecho de sentir que sus padres biológicos no le quisieron, lo que afecta al desarrollo de su personalidad, su autoestima, sus relaciones con los demás, etc. Esto puede hacer que aparezcan diversos problemas:


1- Problemas de integración en el nuevo colegio o ambiente, sobre todo si el niño se crió en una familia con problemas o violencia.


2- Conductas agresivas hacia los profesores, los padres y el resto de los compañeros.


3- Malos hábitos de higiene y conducta.


4- Baja tolerancia a la frustración.


5- Pesadillas y terrores nocturnos.


6- Miedo, inseguridad y baja autoestima.


7- Temor a otras personas o rechazo a algún miembro de la familia por los traumas vividos.


8- Necesidad de estar constantemente con los padres adoptivos.


10- Problemas para hacer amigos y relacionarse con otros niños.


11- Regresiones.


12- Hiperactividad, impulsividad o déficit atencional.


Todos estos problemas pueden causar diversos trastornos en el niño. Los principales son los trastornos de vinculación, que aparecen cuando el niño vive los primeros años con su familia y crea unos vínculos emocionales con sus padres que se rompen al separarle de su familia por diversos problemas. Esto provoca falta de seguridad emocional, problemas para establecer nuevos vínculos, desconfianza hacia las personas, etc.


También pueden aparecer problemas de aprendizaje al no haber recibido una estimulación y una enseñanza adecuadas en los primeros años de vida, lo que puede hacer que el chico tenga retrasos en la adquisición del lenguaje y problemas en la lectoescritura.


Como hemos visto, también tienen más posibilidades de desarrollar TDAH o trastornos de conducta ligados a la agresividad y la desobediencia.


No obstante, no todos los niños adoptados desarrollan este tipo de problemas, algunos crecen muy felices y llegan a la adolescencia sin más problemas que los habituales por la edad. Son muchos los factores que pueden influir en que un niño adoptado desarrolle este tipo de trastornos o no, como la edad a la que fue adoptado (con los bebés todo es más sencillo), los traumas vividos antes de la adopción, factores genético-hereditarios, problemas médicos, experiencias vitales previas, etc. Por eso, al adoptar a un niño mayor hay que saber bien cuál es su historia familiar, qué experiencias o situaciones ha vivido, cómo era su familia, si tiene problemas de salud o no, etc. Cuanto mejor te prepares, menos problemas aparecerán y más fácil será que el niño se integre en su nueva familia.


Y, por supuesto, en los casos más complicados se recomienda siempre contar con apoyo psicológico.


Terapia psicológica para niños adoptados


La terapia psicológica en estos casos suele ir dirigida a los padres y al niño ya que busca crear un vínculo emocional entre ellos y ayudar al niño a superar los traumas vividos para que pueda confiar en su familia.


Los padres deben tener mucha paciencia y entender el porqué de los comportamientos de su hijo, sobre todo si ha tenido una vida complicada. A pesar de todo, el niño necesita unas normas y límites que deben ser las mismas que las del resto de sus hermanos, sean adoptados o no. Las normas dan seguridad a los niños y los ayudan a sentirse integrados en la familia.


Es importante no tratar a estos niños de manera muy estricta ni alzar la voz o gritar ya que, si fueron tratados así, pueden reaccionar de forma muy negativa y violenta. El psicólogo os dará pautas de comportamiento y formas de aprender a relajaros y tranquilizaros para que la convivencia sea más fluida.


Para potenciar el vínculo emocional es necesario saber escuchar el niño y hacerlo siempre que lo necesite; aprender a expresar emociones y sentimientos; mostrarse cariñosos, pero siempre respetando los límites que marque el niño; ser siempre sincero con él y no ocultarle nada de su origen o de su familia biológica, aunque adaptando las explicaciones a la edad del niño.


Fuentes:

Coleman, Paul (2001), ¿Cómo decirlo? A los niños, México, Pearson Educación.

Mirabent, Vinyent; Ricart, Elena (2012), Adopción y vínculo familiar. Crianza, escolaridad y adolescencia en la adopción internacional, Barcelona, Ed. Herder. 

Redacción: Irene García

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