Miedo infantil a dormir solo

Miedo infantil a dormir solo
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Los miedos son bastante comunes en determinados periodos de la edad del niño y, aunque suelen ser pasajeros y de poca intensidad, es una preocupación enorme para los papás y las mamás que sienten angustia porque en muchas ocasiones ya no saben qué hacer ni cómo actuar. ¿Tiene vuestro hijo miedo constantemente? ¿O solo mientras duerme?

Tal y como define la Asociación Española de Pediatría en su blog, “los miedos o temores son emociones caracterizadas por una intensa sensación que suele ser, además, bastante desagradable y estar producida por la percepción de un peligro real o supuesto”. Estos miedos o temores son, además, muy comunes a lo largo del desarrollo del niño y suelen aparecer coincidiendo con periodos de edad determinados, aunque como decíamos, son en su gran mayoría pasajeros y de poca intensidad.

Las fobias y la ansiedad son miedos de gran intensidad, irracionales y también algo desproporcionados al riesgo de la situación u objeto temido que, además, por normal general no suele suponer realmente ninguna amenaza real, aunque en el niño sí podría originar una reacción de ansiedad y repercutir negativamente a nivel personal y familiar.

A pesar de que el miedo a la separación, los miedos escolares o los medios médicos sean bastante comunes también en los niños cuando estos son pequeños lo cierto es que uno de los miedos más frecuentes es, sin duda, el miedo a la oscuridad, que normalmente se produce mientras están durmiendo cuando se les apaga la luz. Muchos padres y madres, no obstante, para evitar que el niño tenga miedo a esa oscuridad al dormir solo ponen una lamparita a su lado para que les dé algo de luz antes de que estos empiecen a coger el sueño.

¿Cuándo aparece este miedo infantil a la oscuridad y, por consiguiente, a dormir solo?

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Tiene miedo a dormir

Tiene miedo a dormir

Muchos niños se resisten a irse a la cama porque padecen somnifobia, o lo que es lo mismo, miedo a dormir. Este temor, que puede ser normal a ciertas edades, puede llegar a convertirse en una fobia si no se trata a tiempo.


El miedo a la oscuridad suele aparecer en uno de cada tres niños hacia los dos años, y suele disminuir en torno a los ocho o nueve. Para ayudarle se le podrá acompañar en la habitación hasta que este consiga dormirse. Se puede mantener también una pequeña luz encendida en la habitación que, por ejemplo, vaya reduciendo progresivamente la intensidad, y se ha de intentar, no obstante, que el ambiente para dormir sea lo más agradable posible.


Conviene instaurar también una serie de rutinas previas antes de acostarse que le ayudarán y que también le tranquilizarán ayudándole a conseguir un descanso y sueño profundos. También se puede acompañar al niño durante algunos minutos y escucharle mientras le cuenta a su papá o a su mamá lo que ha hecho durante el día, o leyéndole un cuento. Después se le debe arropar, y uno ha de despedirse siempre de la misma forma. No obstante, si fuera necesario, se repetiría de nuevo la maniobra, es decir, que se le arroparía con suavidad nuevamente y se despediría igual hasta conseguir hacerle entender que va a seguir en su cama y que no le va a pasar nada.


Pero ¿de qué tienen miedo?


La gran mayoría de los niños que experimentan el miedo a la hora de irse a la cama suelen tenerlo a lo desconocido. Después de todo un día de luz lo que viene después es la oscuridad a solas. La imaginación se pone en marcha y cualquier ruido o sombra puede presentarse como una amenaza. Dichos miedos, además, se acentúan cuando los niños tienen pesadillas porque aquello tan terrorífico con lo que han soñado los acompaña al mundo real, en su imaginación. Por tanto, que aparezcan en cualquier momento lo único que va a hacer es dificultar el sueño.


¿Sucede lo mismo con los terrores nocturnos que con las pesadillas? La respuesta es no, pero tiene su explicación. La pesadilla sí acompaña porque es un episodio que se recuerda al día siguiente. Sin embargo, los terrores nocturnos no se recuerdan. De hecho, existen varias diferencias entre ambos y es importante conocerlas. Por un lado, las pesadillas se consideran episodios que se dan en la segunda mitad de la noche, el niño está inquieto, resulta difícil calmarle y, además, recuerda el episodio por la mañana. Es por ello por lo que el miedo gracias a las pesadillas se acentúa. Sin embargo, los terrores nocturnos son diferentes a las pesadillas porque estos se dan al principio de la noche, después el niño está tranquilo y duerme plácidamente. Además, el niño no recuerda el episodio por la mañana.


¿Qué más pueden hacer los padres y las madres de estos niños para evitar que sufran tanto por las noches?


- Diferenciar el mundo real del fantástico. Es importante que cualquier papá o cualquier mamá pueda enseñarle a su hijo a diferenciar lo real de lo fantástico. ¿Por qué? Sencillamente porque los niños han de entender que lo que imaginan está solo en su mente, que todo aquello con lo que sueñan o han soñado no es real y que, por tanto, no puede hacerles daño.


- Evitar contar historias de miedo. Si lo que un papá o una mamá quiere es evitar el miedo lo que está claro es que contándoles a los niños historias del hombre del saco o del coco no ganarán nada, al contrario, tendrán mucho más miedo. Recurrir a estos personajes solamente para conseguir que los niños durante el día se porten bien solamente hará que cuando llegue la noche sueñen con ellos y tengan pesadillas o terrores nocturnos.


-Acompañar, pero no siempre. ¿Por qué? Lo ideal será que si el niño o la niña tienen miedo alguna noche (o todas) el papá o la mamá se acerque a la habitación y le acompañe durante algunos minutos. Sin embargo, lo que no es en absoluto recomendable es que el progenitor (ya sea el padre o la madre) se quede constantemente en la cama para hacer compañía, y quedarse a dormir. De esta forma, recordad, que los niños jamás lograrás la autonomía necesaria.


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Fuentes:

Miedos y fobias en la infancia, https://enfamilia.aeped.es/temas-salud/miedos-fobias-en-infancia

 

Fecha de actualización: 16-05-2019

Redacción: Ana Ruiz

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