Mi bebé tiene miedo a la oscuridad

Mi bebé tiene miedo a la oscuridad
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El miedo a la oscuridad es uno de los temores más habituales entre los niños y, según diversos estudios, tiene una explicación racional y forma parte del desarrollo normal de los niños. No obstante, para que no se convierta en un miedo crónico, puedes seguir diversos consejos para ayudarle a superarlo.

¿Por qué tiene miedo a la oscuridad?


El miedo a la oscuridad puede aparecer en torno a los 18 meses, aunque es más habitual a los 3 o 4 años.


Según un estudio realizado en la Universidad de Maastricht en 2001, alrededor de un 70% de niños tiene miedo a la oscuridad en algún momento de su infancia. Este miedo tiene una explicación racional y evolutiva ya que la oscuridad disminuye nuestro sentido de la vista, dejándonos indefensos ante posibles peligros. Además, en la oscuridad, nuestro sentido del oído se vuelve más perceptivo para captar cualquier peligro, lo que hace que magnifiquemos los sonidos y les demos más importancia de la que realmente tienen.


Por todo esto los bebés y niños pequeños, en la oscuridad, se asustan fácilmente ya que sienten que algo les puede pasar sin que ellos se den cuenta. Es una etapa normal por la que pasan casi todos los niños pero que desaparece sola ya que, al crecer, se dan cuenta de que, en nuestra casa, por muy oscura que esté, estamos a salvo y seguros. Es decir, aprenden a gestionar ese miedo.


Asimismo, hay que tener en cuenta que los niños tienen una capacidad imaginativa mayor, lo que hace que cualquier pequeño ruido les parezca un monstruo que viene a por ellos o un animal salvaje. No son capaces todavía de distinguir entre la realidad y la fantasía, ni de darse cuenta de que los monstruos no existen y lo animales salvaje no entran en las casas de repente.


¿Cómo ayudarle a superar su miedo?


Aunque el miedo a la oscuridad forma parte del desarrollo evolutivo de la mayoría de niños (algunos no pasan esta fase y eso no significa nada malo), es necesario hacer algo al respecto para evitar que se convierta en una fobia.


Racionalizar con los niños pequeños no sirve. Por mucho que quieras hacerles ver que los monstruos no existen y que en casa está a salvo, no te va a hacer caso. Por eso, en lugar de intentar convencerle de manera racional, es mejor usar el “pensamiento mágico”, es decir, darle un peluche “protector” que le salvará de cualquier peligro; hacer una rutina antes de meterle en la cama que sirva de conjuro para expulsar a los monstruos; contarle una historia bonita con final feliz para que no piense en cosas “feas”…
 

También puedes dejarle una luz tenue en la habitación para que la oscuridad no sea total, pero debe ser realmente muy tenue ya que tiene que acostumbrarse a la oscuridad. Eso no significa que puedas encender la luz si llora y se despierta en medio de la noche, es mejor que acudas a consolarlo en penumbras, para que asocie ese momento con la oscuridad y empiece a perderle el miedo.


Otra opción es realizar juegos que se lleven a cabo en la oscuridad o con los ojos tapados, como la gallinita ciega, tinieblas, ponerle la cola al burro, etc. Así se acostumbrará a no ver mientras se divierte, sin pasar miedo.


También podéis hacer sombras chinescas en la pared antes de irse a la cama o contarle un cuento antes de dormir, pero con la luz apagada (puedes alumbrarte con una linterna o contarle un cuento inventado).


Las rutinas relajantes antes de irse a la cama también ayudarán a que su mente esté menos alerta. Nada de películas de miedo o juegos violentos antes de dormir.


Si tiene miedo a que salga un monstruo de debajo de la cama o del armario, no te rías de él. Coge su mano y muéstrale que no hay nada en ninguno de los dos sitios. No lo hagas como una inspección seria, más bien como algo casual.


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