Cómo enseñar a leer a un niño de 3 años

Cómo enseñar a leer a un niño de 3 años
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¿Os acordáis de Micho? Probablemente sí porque estas cartillas sirvieron para aprender a leer a muchos pero que muchos niños españoles de unas cuantas generaciones. Morito, Canelo y Michín, hijos de papá Micho y mamá Gata han enseñado (y todavía en algunos colegios continúan haciéndolo) tanto a leer como a escribir a través de sus épicas aventuras. Sin embargo, la gran mayoría de los colegios opta también por otros métodos algo más modernos…

La lectura es una herramienta del lenguaje, la expresión escrita del lenguaje hablado y, aunque aprender a leer es complicado, se trata de un proceso fundamental por el que todo niño debe pasar. Leer requiere el dominio y la coordinación de una serie de procesos cognitivos que nos hacen capaces de reconocer un símbolo escrito con una letra concreta o identificar esa letra con un sonido específico, pero también de integrar cada letra en una palabra y cada palabra en una frase. Además, el aprendizaje de la lectura tiene dos grandes dificultades: la conciencia fonológica y la comprensión. La primera de ellas consiste simplemente en asociar cada sonido con una letra concreta, y la segunda implica comprender el mensaje literal y no literal del texto.


¿Cómo enseñan los profesores?


Lo primero que hay que saber es que existen dos grandes métodos para enseñar a leer: el analítico y el global. El primero de ellos se basa en separar las letras, luego formar las sílabas y, por último, las palabras. El segundo en asociar significados de la palabra escrita completa. Este método global, además, se basa en un proceso de síntesis en el que la palabra se percibe como un todo con una forma asociada a un significado. Aquí las palabras requieren una capacidad de discriminación más completa que las letras, pero son las verdaderas unidades con significado del lenguaje hablado y los espacios entre ellas las que facilitan que los niños lo vean como una globalidad. Este método desarrolla, además, las competencias lingüísticas y comunicativas de los alumnos, facilita y promueve la comprensión lectora desde edades tempranas y está basado en un modelo pedagógico constructivista, es decir, que es el propio alumno el que construye su aprendizaje. Sin embargo, es un proceso lento y extenso, que además requiere de mucha estimulación por parte de los profesores y los padres y las madres.

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¿Habéis notado últimamente que vuestro hijo está algo diferente? Acaba de cumplir seis años y sentís que algo ha cambiado. Probablemente sus cambios se deban a la “crisis de la personalidad de los seis años” de la que muchos expertos hablan. Los mismos que, además, afirman que se trata de la sufrida a los doce y a los cuarenta, aunque esta no es tan radical en la expresión de sus emociones y actitudes.


Y el método analítico, que es aquel que se basa en un proceso de análisis de los estímulos escritos que se perciben a través de la visión. Por un lado, hay que aislar en ese entramado de líneas curvas y rectas que forman la palabra, las letras como estímulos individuales, y luego a cada letra escrita (grafema) hay que atribuirle un sonido (fonema). Esta relación grafema-fonema debe ser unívoca, es decir, que la única forma de leer esa letra sea con ese sonido. Nos da acceso a una lectura mecánica. Las ventajas de este método es que se da prioridad a la función visual sobre la auditiva y motriz, responde a la percepción infantil y a los movimientos de los ojos por unidades amplias y también favorece la adquisición de la ortografía. Sin embargo, con este método no es posible identificar palabras nuevas sin conocer el código escrito, se favorece con él, por tanto, la inexactitud y la invención lectoras, y el proceso de aprendizaje es más lento.


¿Cómo aprendían antes?


Micho fue en su día el icono de varias generaciones de niños españoles. La editorial Bruño aseguró que en los años 80 y los 90 vendieron cientos de miles de copias de este método de lectura en toda España. Un método que ya había sido desarrollado por el pedagogo Matías Martín Sanabria, al que las autoras de Micho añadieron la historia de los gatos y le dotaron de otras muchas cosas más, como los números, las letras o los colores. El método Micho se utilizaba (y se utiliza hoy) para reforzar la lectura y como apoyo en la transición de la lectura global a una lectura más sintética.


Otro método conocido fue el de Letrilandia. Otro de los métodos con el que los niños aprenden el proceso de lectoescritura. La principal característica de este método es que convierte las letras en personajes de un mundo imaginario y utiliza la fantasía de los cuentos como elemento motivador. A partir de las historias que se narran se presenta el sonido de cada una de las letras y se explican aspectos complejos de nuestra lengua, pero de una manera amena y también muy sencilla que los niños recuerdan de forma natural. Pero recordemos que a la edad de tres años todavía es pronto para comenzar este proceso. De hecho, los expertos recomiendan que, aunque tengan sus primeros inicios en lectura, la lectoescritura no debería comenzarse hasta que al menos cumplan seis años.


¿Qué deben hacer los padres? ¿Tienen ellos que enseñar a leer a sus hijos?


Algunos padres y algunas madres consideran que es bueno para sus hijos saber leer y escribir cuánto antes y que, si pueden aprenderlo de mano de sus profesores en la escuela y también en casa, mucho mejor. Sin embargo, son algunos los expertos que consideran que esta no es la mejor forma de que aprendan a leer los niños y que, en esta ocasión, habrá que darles rienda suelta a los maestros, pues combinar modos distintos de lectura podría perjudicar al niño a la hora de aprender.


No obstante, lo cierto es que sí existen algunas herramientas y estrategias para que los pequeños de la casa lean más y mejor. Lo primero de todo es observar y aceptar que, como cualquier niño, se trata de un pequeño ser humano en crecimiento al que habrá que respetar como el ser curioso y activo que es a esta edad. Y, en segundo lugar, tener en cuenta también tres recomendaciones importantes.


-  Respetar su ritmo. Antes no es mejor por mucho que algunos adultos crean que sí. De ninguna manera se debe presionar a los niños para que adquieran unas habilidades o unos conocimientos de forma prematura o penalizar de alguna forma porque el niño no lleve ese ritmo que otros niños sí. De hecho, se ha ido demostrando con el paso del tiempo que adelantar la lectoescritura no ha favorecido en absoluto a que esos niños vayan a ser, por ejemplo, unos apasionados de la lectura.


- No corregir constantemente. La manía que tienen muchos padres es la de corregir continuamente al niño, pero esto lo único que hará será entorpecer el aprendizaje del pequeño, impedirle descubrir sus soluciones, comerle la autoestima e incluso hartarlo.


- No le castigues ni le ofrezcas premios por su aprendizaje. Aprender es un proceso natural en el ser humano y, de hecho, lo que mejor caracteriza a nuestra especie. Ese impulso natural de aprender, tarde o temprano lo tendrá. Necesita aprender y disfrutará haciéndolo. Recordad que es curioso y está locos por conocer y saber más. Y vosotros, los padres y las madres de estos pequeños investigadores, por lo único que os debéis preocupar es por acompañarlos en sus descubrimientos, retos e investigaciones.


Fuentes:

Métodos para enseñar a leer a nuestros hijos https://www.imageneseducativas.com/2-metodos-de-aprendizaje-para-ensenar-a-leer-a-los-ninos/

Cómo enseñar a los hijos a leer https://cuadernos.rubio.net/prensa/post/como-ensenar-a-los-ninos-a-leer

El método Letrilandia https://mimundopedagogicoblog.wordpress.com/2016/01/29/el-metodo-letrilandia/comment-page-1/

Redacción: Ana Ruiz

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