¿Cómo conseguir que un niño obedezca?

¿Cómo conseguir que un niño obedezca?
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A nadie le gusta que le digan lo que tiene que hacer y los niños no son una excepción. Muchas veces conseguir que obedezcan es uno de los retos más difíciles que se le presentan a los padres. En este proceso se pierden los nervios y se termina gritando o, peor aún, tirando la toalla. Saber inculcar disciplina en un niño es indispensable para que aprenda a comportarse y, mientras vaya creciendo, para que aprenda a discernir entre lo que está bien y lo que está mal.

Los niños nacen sin conocer nada acerca de normas o comportamientos, por eso es necesario que los padres los guíen durante los primeros años de su vida. La disciplina no es algo que haya que temer o evitar. Muchos padres eluden el tema por el “miedo” a perder el cariño de sus hijos, pero esto es un grave error. Marcar unos límites enseña a los pequeños a controlarse y, también, les ofrece una sensación de seguridad.

Marcar un camino a seguir en la vida de tus hijos es una de las obligaciones como padres y, aunque los métodos antiguos eran inadecuados, en la actualidad se ha estudiado mucho sobre el comportamiento de los niños y cómo educarlos.

Uno de los errores que más cometen los padres es el de exigir a los hijos más de lo que pueden dar a su edad. Esto lleva a que muchos se desesperen y terminen echándole la culpa al niño. Hay que pensar que en los primeros años de vida todo es una novedad para ellos y la curiosidad por conocer las cosas muchas veces hace que no puedan evitar desobedecer. No es algo malo, es parte del crecimiento, con el tiempo irán comprendiendo los errores de su comportamiento y obedecerán más y más a sus progenitores. 

Existen ciertos consejos que pueden ayudar a que la tarea de educar sea más sencilla tanto para los padres como para los hijos.

¿Cómo conseguir que un niño no se coma las uñas?

¿Cómo conseguir que un niño no se coma las uñas?

Morderse las uñas es algo habitual en los niños, si tu hijo lo hace, no te desesperes. Cualquier manía tiene una causa y, para poder ayudarle, lo primero que debes hacer es saber por qué ocurre. En realidad, se desconoce por qué aparece este fenómeno, no existe una causa común, pero en cualquier caso debemos ayudarles a superarlo y, cuanto antes comencemos, mejor.

1.            Hablar en positivo en lugar de hablar de manera negativa. Saber utilizar un tono de voz adecuado y un lenguaje corporal que apoye lo que se está diciendo. Tienen que comprender el mensaje y gritándoles solo se sentirán más confundidos y frustrados. Pedirles las cosas firmemente, pero de manera serena. En lugar de un “no corras”, es mejor un “camina más despacio”.

2.            Explicarle claramente las normas y no dar por hecho que las supone. Mandarle a hacer algo sin más no ayudará a que obedezca, explicarle por qué debe hacerlo de esa manera.

3.            Facilitarle las tareas o convertirlas en un juego hará que se implique más en las cosas que se le mandan. También ayuda si se le dividen por partes las cosas que tiene que hacer para que pueda razonarlas.

4.            Si hace algo mal hay que criticar lo que ha hecho, no al niño. “Eres vago” o “eres malo” o cualquier frase de este tipo puede mermar su autoestima y hacer que se sienta mal. El niño no es malo, lo que está mal es que le pegue a otros. Hay que evitar etiquetas negativas que pueden terminar haciendo que se crea esas cosas y se comporte de ese modo.

5.            Reforzar las conductas positivas da buenos resultados. No hacerles caso cuando están comportándose inadecuadamente y, por el contrario, felicitarles cuando hagan las cosas como se le han enseñado. Si está teniendo un berrinche es mejor no prestarle atención, pero, si pide las cosas con buenas formas, hay que alabarle por esa acción.

6.            Es importante dejarle claro qué se espera de él, es decir, ser precisos. “Cuando entremos quiero que saludes y des las gracias por los regalos” es mejor que un simple “pórtate bien” que, además, cada persona puede interpretar de diferente manera.

7.            Evitar las amenazas. Es preferible que el niño haga caso porque lo desea y sale de él, a que lo haga por miedo o temor a que le quites o prohíbas algo. Además, si amenazas con ciertas cosas que luego no se cumplirán dejará de hacer caso ya que no asumirá las consecuencias de sus actos.

8.            Se pueden crear herramientas de disciplina que pueden ayudar a los padres a que las malas acciones de los hijos tengan sanciones. No hace falta enfadarse, gritar o llegar al castigo físico, simplemente mostrar que las malas actuaciones se castigan, ya sea sin darle el postre o sin poder jugar con sus hermanos.

9.            Uno de los errores más comunes es no llevar las consecuencias hasta el final o, directamente, no cumplirlas. Si el niño nota que los padres no se toman en serio su castigo no aprenderá y seguirá comportándose mal. Un mes sin televisión, sin postre o sin su juguete favorito, sin excepciones.

Por otro lado, el principal problema que tienen los padres es el de perder los nervios y desesperarse. Por ello, existen tres reglas de oro que pueden ayudar a estos a mantener la calma. Trucos tan fáciles como contar hasta diez para que el niño haga caso en ese tiempo, mandarlo a su cuarto varios minutos mientras se calma el ambiente o retirarle ciertos privilegios como no ponerle su canción favorita son algunas maneras de evitar enfados y malos ratos innecesarios.

Lo importante es ser el guía que lleve por el buen camino a los niños, pero enseñándoles a comprender lo que está bien y lo que no para que, poco a poco, sean ellos solos los que decidan su propio camino.

 

 


Fuente:

Blog En Familia Asociación Española de Pediatría

Redacción: Andrea Rivero

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