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¿Cómo ayudar a mi hijo flojo?

¿Cómo ayudar a mi hijo flojo?

Los hijos flojos son así por “culpa” de sus padres. Si preguntas a cualquier psicólogo o educador sobre cómo hacer que un niño no sea flojo y perezoso, todos te dirán lo mismo: “Edúcale con el ejemplo”. Y es que los niños suelen ser como sus padres y desarrollan una serie de características en base a la educación que les dan sus papás. Si estos los sobreprotegen y no les dejan hacer nada, de mayores no serán capaces ni de buscar trabajo sin ayuda de sus papis. Fomentemos la autonomía y la independencia en nuestros hijos para que no sean flojos.

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La sobreprotección está a la orden del día. Los padres tenemos poco tiempo para pasar con los hijos y eso nos hace sentir mal, así que, cuando estamos con ellos, intentamos darles todo lo que piden. Además, todos los padres buscan la felicidad de sus hijos, lo cual es normal, pero eso hace que, muchas veces, intentemos evitar cualquier problema, trastorno o contratiempo, por lo que no enseñamos a nuestros hijos cómo afrontar los problemas que seguro tendrán a lo largo de su vida.


Este estilo de educación tiene como resultado niños inseguros, dependientes, manipulables e irresponsables. En definitiva, niños flojos que esperan que mamá y papá lo arreglen todo y lo hagan todo por ellos ya que, desde bebés, es a lo que se les ha acostumbrado. Actualmente, es normal ver niños de 4 años que siguen yendo en la sillita de paseo a todas partes, niños de 6 años a los que visten sus padres, niños de 8 años que no saben comer solos o niños de 12 años que van al instituto de la mano de sus papás. Y eso es un grave problema porque si no damos autonomía y libertad a nuestros hijos (siempre dentro de sus posibilidades, su edad, su madurez, etc.) y no los dejamos nunca hacer nada, no aprenderán a hacer nada y, cuando llegue la adolescencia, serán niños flojos y manipulables, con el riesgo que eso conlleva.

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La sobreprotección es muy perjudicial porque no enseña a los niños a aceptar y superar el sufrimiento, algo de lo que no podemos proteger a nuestros hijos. Por supuesto nos encantaría meterlos en una burbuja de cristal y que nada malo los pasara nunca, pero incluso así podrían enfermar o tener que hacer frente a la muerte de un ser querido. Las cosas malas y los contratiempos forman parte de la vida, y enseñar a nuestros hijos a afrontarlos los hará más felices y exitosos en el futuro. La cultura del éxito fácil y el dinero rápido es peligrosa e irreal, debemos enseñar a los niños desde pequeños que lo bueno cuesta esfuerzo y trabajo, así evitaremos que de mayores sean flojos.


¿Cómo hacer niños fuertes?


La educación es un trabajo que empieza desde que los niños nacen y continúa hasta que estos son adultos y vuelan lejos del nido de papá y mamá. Por lo tanto, es importante que eduques a tu hijo en la fortaleza y la resiliencia desde que nazca. Y si aún no lo has hecho, nunca es tarde para cambiar unas cuantas cosas, piensa que todo es por el bien de tu hijo.  


1- Permítele hacer las cosas por sí solo. Desde bebé, tienes que intentar no inmiscuirte todo el rato en sus acciones y dejarle que pruebe solo. Si intenta alcanzar un juguete que está muy alto, no se lo des al momento, deja que intenta ingeniárselas para cogerlo (siempre cuidando que no sea nada peligroso, claro). En cuanto pueda coger una cuchara, deja que coma solo. Y en cuanto pueda ponerse los pantalones o los zapatos, que lo haga. Fomenta su autonomía y libertad no solo en temas físicos, sino también a la hora de tomar ciertas decisiones. No se trata de que él mande en casa y sea el que decida qué hacer o qué comer, sino que escuches sus opiniones y le permites elegir a qué quiere jugar, con quién, cómo hacer los deberes, etc. No lo hagas todo por él, es un flaco favor. Puedes ayudarle o guiarle, pero no hacer las cosas por él.


Como explica la psicóloga Silvia Álava: “El problema de educar de esta forma es que estamos impidiendo que el niño aprenda, estamos haciendo que crezca sin herramientas, sin recursos para desenvolverse con éxito en la vida”.


2- Ayúdale a desarrollar estrategias para enfrentarse a los problemas y dificultades, pero no los resuelvas por él. Si cada vez que tiene un problema con un amigo corres a regañar al amigo y a decírselo a sus padres, nunca aprenderá a defenderse solo ni a resolver conflictos. Explícale qué debe hacer en cada caso y deja que sea él quien lo arregle, potenciando, por supuesto, las soluciones pacíficas y el diálogo.


3- No lo sobreprotejas. No puedes ser un padre helicóptero que sobrevuele todo el tiempo encima de tu hijo, ni atosigarle con advertencias y peligros. Si bien es cierto que debe aprender a tener cuidado con ciertas cosas, no podemos meterle el miedo en el cuerpo. Como dice Silvia Álava: “La sobreprotección crea en el niño una sensación de que el mundo es peligroso, refuerza comportamientos de evitación y limita las oportunidades del niño para desarrollar sus habilidades y su confianza en sí mismo. A los niños les gusta hacer las cosas por ellos mismos y se sienten muy bien y muy felices “siendo mayores. Dejémosles”.


4- Aprende a decir “no”. Muchos padres tienen miedo a negar algo a sus hijos por temor a que se frustren o se enfaden, pero ceder siempre a sus caprichos y concederles todo al momento es mucho más perjudicial para ellos. “Satisfacer sus necesidades en exceso, no dejar que se frustren, que sufran, que se queden sin algo que les guste, que luchen por sus objetivos… será más perjudicial que beneficioso”, Álava.

 

 


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Fuentes:

María Campo – Directora de Escuelas Infantiles Kimba -Vitoria.

Silvia Álava, psicóloga

Fecha de actualización: 22-10-2018

Redacción: Irene García

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