Los niños y la autonomía

Los niños y la autonomía
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Nuestros hijos a medida que crecen y se desarrollan iniciarán un proceso de independencia gradual que les lleva a convertirse en adultos totalmente autónomos. Durante este proceso, por el cual abandonan la niñez, es necesario aportar al pequeño seguridad y técnicas de refuerzo de la autoestima para que lleguen a ser personas equilibradas y razonables con sus actos y decisiones

Como padres existe la obligación de ayudar a los hijos  hasta completar esta etapa de cambio; se apreciarán rasgos y comportamientos infantiles entremezclados con otros propios de la edad adulta.

 

¿Cómo tratarles?

 

La búsqueda de la propia libertad personal se inicia cuando el sujeto toma por él mismo decisiones simples como qué vestir para una fiesta de cumpleaños de algún amiguito o qué deporte prefiere practicar durante el curso.

 

Coloquialmente se dice que “se está cortando el cordón umbilical”. Cuando comencéis a apreciar estas situaciones en casa deberéis empezar a cambiar el trato que recibían vuestros hijos, estáis ante los primeros atisbos de madurez y es necesario buscar un nuevo punto de equilibrio en la relación.

 

La sobreprotección deberá ser abandonada, es perjudicial porque en edades de desarrollo los psicólogos han determinado que genera dependencias insanas y conflictos perdurables en el tiempo.  Estas desavenencias se producen cuando el niño siente que sus papás se inmiscuyen demasiado en su vida y cuando sus decisiones de independencia no son respetadas. Buscará obtener esa autonomía por métodos más drásticos, como la rebeldía, el chantaje, desobediencia, etc.

 

En la etapa de la niñez y cuando los niños sobreprotegidos tienen ya 8 o 9 años se puede observar que son sujetos que no saben jugar, no respetan las reglas y tienden a protestar por todo aquello que no resulta como prevén.

 

Se denomina a este periodo “etapa de latencia”, que se caracteriza por un reposo de los impulsos institucionales para concentrarlos en la conquista de la sociabilidad. La sociabilidad que comienza a desarrollarse es egocéntrica: “Todo lo que sale de mi es para que vuelva a mí”.

 

Cuando son adultos es muy probable que sean seres inseguros, que no puedan tomar decisiones por ellos mismos y que la dependencia que buscaban de sus padres la transfieran ahora a su pareja sentimental.

 

Por otro lado, y como ningún exceso es bueno, la libertad extrema tampoco es el mejor marco en el que dejarles actuar. De esta forma se crean adultos insatisfechos con las reglas de la sociedad, incapaces de aceptar normas y órdenes y mucho menos de mantener un trabajo de manera estable.

 

Lo mejor es lograr un desprendimiento gradual, con límites y disciplinas lógicas, a la vez que se respeta la individualidad del niño. Son personitas, que aunque hayan heredado algunos de nuestros rasgos, tienen sus propias necesidades y perspectivas.

 

Teoría y práctica

 

Sabéis que es lo que hay que hacer pero no cómo ponerlo en práctica. Pues bien, para que vuestro hijo vaya adquiriendo independencia podéis alentarle durante la etapa preescolar (3 – 5 años) a que escoja su propia ropa y se vista solito. Ayuda también que sea capaz de calzarse solo y que aprenda a atarse los cordones.

 

Según pasan los años, estas decisiones pueden extenderse a otros campos como son qué almorzar o merendar, qué amistades prefiere tener, cómo decide administrarse su tiempo de ocio… siempre teniendo a un adulto cercano como referencia que sea capaz de guiarle en caso de dudas o de no saber qué hacer.

 

Es positivo involucrarlo en decisiones y discusiones que tengan que hacerse y tomarse en familia: elegir el destino de vacaciones, qué película alquilar en el videoclub, dónde colgar un cuadro, etc. De esta manera, poco a poco, irá construyendo su propia personalidad.

 

Desde que nacen, los niños deben ser tratados como adultos pero con reglas que se adapten a su edad y comprensión. Tendemos a hablarles de pequeños cambiando nuestro tono de voz y empleando diminutivos, es una costumbre común y válida siempre y cuando se les hable con claridad.

 

Es necesario que enfermen para que creen anticuerpos, que se caigan para que aprendan a levantarse y que crezcan con reglas y responsabilidades. No existe una edad a la que se deba cambiar el trato con los hijos y les pasemos a considerar “mayores” de repente. Desde el principio, el propósito, es hacerles rectos, sanos y buenos adultos en un mundo lleno de problemas.

 

Como padres, utilizad todos vuestros recursos, experiencias, virtudes, energías… para enseñar a los niños a solucionar inconvenientes como personas independientes y autónomas. Hay que tratarles y enseñarles a través de reglas simples, de tácticas de juego y de relatos; así aprenderán que una vida saludable les dará la clave para crecer y desarrollarse, interactuar con otras personas y decidir libremente qué quieren ser y cómo quieren ser tratados y reconocidos.

 

Factores que afectan el desarrollo de los niños:

 

-       Factores de desarrollo

 

-       Factores del entorno

 

-       Necesidades sociales

 

-       Estilos individuales o personales

 

-       Influencias culturales

 

Los comportamientos son aprendidos por el niño durante la infancia y la niñez y se repiten según el medio en el que se desarrollan. A medida que crecen adquieren buenos o malos hábitos según dónde se desenvuelvan y la autonomía de la que dispongan en el entorno que les rodea.

 

Los niños y la seguridad de las piscinas

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Ahora con el verano y el calor los niños pasan mucho tiempo en la piscina o el mar, dándose un buen chapuzón y refrescándose...Para evitar sustos, conviene ser precavido.

 


Fuente:

Álava, Silvia (2016), Queremos que crezcan felices, Madrid, Actitud de Comunicación.

Redacción: Almudena Villoslada

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