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Autonomía ¡Lo he hecho yo solo!

Autonomía ¡Lo he hecho yo solo!
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Son muchos los padres que piensan que anticipándose a las acciones de sus hijos y haciéndolas por ellos, les están ayudando a salvar las dificultades, sin comprobar la satisfacción que les produce a los niños valerse por sí mismos sin tener que depender de los adultos en aquello que pueden hacer ellos solitos

Inconscientemente -por las prisas o por un afán de protección- los padres cometen a menudo el error de privar a su hijo de la oportunidad de aprender, evitando, por ejemplo, que corte el filete, que se abroche el abrigo o se lave la cara él solo. Para que practique y adquiera estos comportamientos básicos, indispensables en la vida cotidiana, es beneficioso aprovechar el deseo espontáneo del pequeño, ayudándole si es necesario, pero dejándole continuar con la acción. Verás como cada vez lo hace mejor y pronto no requerirá tu ayuda. Al hacer las cosas solo adquiere una seguridad y confianza básica que se manifestará en una actitud confiada y alegre ante la vida.

Esperanza Gómez-Olazábal, educadora infantil defiende esta postura “insistir tanto en los hábitos de autonomía no es para facilitar el trabajo de los padres o de los educadores, ser autónomo es ser uno mismo, diferenciado de los demás, con un conocimiento de nosotros mismos, de lo que deseamos y sentimos y este conocimiento nos da la capacidad de no depender de los demás para sentirnos bien, para aceptarnos y para tener la seguridad de que somos capaces de salir adelante en la vida.”

Hijos únicos, ¿son más mimados?

Hijos únicos, ¿son más mimados?

Los hijos únicos tienen fama de ser caprichosos y egoístas. Pero poco a poco se está acabando con este tópico, ya que el hecho de no tener hermanos no determina por sí mismo que el niño vaya a ser más o menos consentido que otro que sí que los tenga. Todo depende de la educación que reciban de sus padres




¿Qué podéis hacer vosotros para conseguirlo?

Esperanza aconseja, en colaboración con la escuela infantil, desarrollar la autoestima en el niño a través de las siguientes recomendaciones:

- Fomenta en el niño una imagen positiva, para que se guste, se valore y se respete.

- Evita ponerle etiquetas. Si un niño oye innumerables veces lo que los demás piensan de él, acabará creyéndoselo y actuando como tal. (Eres un vago, un mentiroso…).

- Fomenta al máximo su autonomía para que se sepa desenvolver con soltura y siempre de acuerdo a su nivel madurativo. (Sin exigirle por encima de sus posibilidades, de lo contrario propiciaremos la frustración y el fracaso).

- Exígele cada día un poco más; una vez que tengan superada una habilidad, pasa a una de mayor dificultad, pero siendo este aumento casi imperceptible a nuestros ojos. El niño irá adquiriendo el éxito en su ejecución con gran satisfacción y alegría.

- Cuando tengan edad para ello, hazle partícipe de las decisiones familiares. Aprenderá a valorarnos y a respetarnos, como nosotros le valoramos y le respetamos. De este modo, además, adquirirá un puesto en la estructura familiar y sabrá que es un elemento importante dentro de ella.

- Debes cumplir los pactos que hagas con él. Aprenderá así a ser cumplidor y responsable de sus actos.

- Es importante darle pequeñas responsabilidades y cada vez que las realice, valórale y demuéstrale tu agradecimiento y amor.

- Debe aceptar los errores y las equivocaciones pues no sólo de ellos se aprende, sino que le servirá para asumir la tolerancia a la frustración y no considerar los errores como fracasos. No le culpes si las cosas le salen mal.

- Valora todos sus logros y deseos de crecer. No evites los conflictos, dales recursos para enfrentarse a ellos y saber resolverlos por sí mismos.


La aprobación de otros

Por su experiencia diaria en la escuela Esperanza sabe que los niños siempre tienden a buscar la aprobación en el adulto más que en ellos mismos o confiar en la seguridad de sus conocimientos y logros; algo lógico a estas edades, pues están aprendiendo de los adultos. Sin embargo, más adelante, esto puede derivar en que muchos niños se comporten como los demás quieren que lo haga, buscando así ser querido y valorado. El deseo de aprobación de los demás, que es bueno en sí, en este caso, deja de ser beneficioso cuando se convierte en una necesidad, ya que supone una falta de confianza en sí mismo.


Asumiendo responsabilidades

Otro aspecto importante para incentivar la autonomía del niño, es saber delegar en él pequeñas responsabilidades según su edad. Evita sobreprotegerle y permítele asumir papeles y tareas domésticas dentro de la familia. Para que aprenda a ser más autónomo debéis facilitar que lo sea.

Si favorecemos la autonomía en los niños, tratando de no sobreprotegerles, iremos inculcando una buena imagen personal, con recursos para superar las dificultades que se le van presentando (siempre de acuerdo a su nivel madurativo), así podrán ir adquiriendo un pensamiento y una reflexión que les proporcionará ideas propias para, posteriormente, saber decidir y decir no ante situaciones que no desean, con seguridad y convicción ante los demás. Pero Esperanza advierte que “todo esto se construye en los primeros años de vida. Si se inculca cuando el niño tiene siete años, las bases de su personalidad ya se han cimentado y será imposible, o cuanto menos, muy difícil de lograrlo”.

Es indispensable también para su autonomía que aprenda a hacer sus propias cosas y adquiera comportamientos personales: asearse, vestirse, atarse los zapatos, comer, etc. Y aunque su lentitud nos desespere en algunos momentos, para aprender necesitará que le dejemos valerse por sí mismo. Alcanzar sus objetivos sin ayuda les incentiva para emprender nuevos retos, por lo que si no actúa suficientemente rápido no caigas en la tentación de hacerlo tú por él. Dale tiempo y ármate de paciencia. Despiértale 10 minutos antes para que se vista él solo o se prepare su desayuno. Aunque no hay edad determinada para que empiece a hacer sus propias cosas déjale intentar comer solo en cuanto pueda sostener los cubiertos. Vigílale, pero no te desesperes si la mitad del puré acaba en el babero.
 

¡Lo hago yo solo!

Pasado el primer año comprobarás que se despierta en tu hijo la voluntad de querer hacer las cosas solo, lo que le llevará a imitar el mundo de los adultos. Un impulso interior -innato según los expertos- que le motiva a ser independiente. Y para conseguirlo deberá repetir las acciones una y otra vez hasta que consiga que le salga bien, y si es posible sin ayuda de papá o mamá.

Durante esta fase de su desarrollo -que dura más o menos dos años- necesitaréis armaros de paciencia, pues más de una vez vuestros intereses van a chocar con los del niño: ellos querrán experimentar durante horas seguidas, algo imposible en una familia que precisa cumplir unos horarios. Pero a pesar de vuestros compromisos debéis darle, siempre que sea posible, la oportunidad de practicar. No hay mejor forma de aprender a dominar la cuchara que utilizándola.

Experimentar fomenta la iniciativa del niño y despierta su creatividad. Los niños a los que se les deja hacer muchas cosas por su cuenta desarrollan la capacidad de perseverancia y de paciencia mejor que aquellos a quienes se les da prácticamente todo hecho. La razón es fácil de entender: desde pequeños sabrán que si son persistentes pueden ser capaces de conseguir aquello que desean. Y al contrario, a muchos niños a quienes se les coarta la voluntad de hacer cosas se sienten frustrados y no adquieren tanta confianza en sus capacidades. Lo que realmente les estimula es la experiencia de haber conseguido algo por ellos mismos.
 

¿Cuándo sabrá hacerlo?

La edad cronológica no tiene por qué coincidir con la edad psicológica, por lo que cada niño, dependiendo de distintas circunstancias, hará las cosas a una edad u otra. Fíjate en lo que hace la generalidad de niños de su misma edad, no para hacer comparaciones negativas sino para tener una idea de lo que tu hijo ya es capaz de hacer.

2 años: Podrá ponerse él mismo los calcetines, camisetas y pantalones. Ya será capaz de recoger sus juguetes y clasificarlos en distintas cestas o cajones. Puede coger botes y comida de la parte inferior de la nevera o de armarios bajos.

3 años: Podrá verter agua en su tacita sin apenas derramarla (en el caso de que se salga también será capaz de limpiarlo con una bayeta). Logrará abrocharse botones grandes. En la mesa ya podrá pelar sus plátanos y untar mermelada en las tostadas.

4 años: Cuando se vista será capaz de abrocharse botones más pequeños, automáticos, y algunas cremalleras. Puede cortar frutas y verduras (siempre bajo supervisión), doblar servilletas y poner la mesa.

5 años: Las cremalleras ya no se le resistirán y aprenderá a atarse los cordones de los zapatos.


Fuentes: Esperanza Gómez-Olazábal. Escuela infantil Jauja
Redacción: Lola García-Amado

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