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Ayuda a tus hijos a resolver sus problemas solos

Ayuda a tus hijos a resolver sus problemas solos

Todos los hermanos, por mucho que se quieran, tienen peleas y discusiones, sobre todo cuando ambos son pequeños y se llevan poco tiempo. Generalmente, cuando esto ocurre, intervenimos en nombre del niño que percibimos como menos poderoso diciendo frases como "Deja en paz a tu hermana" o "Deja que tu hermano lo tenga... ¡Es más pequeño que tú!" o "¡Deberías saberlo mejor!". El problema es que esta forma de intervenir puede aumentar los celos y el resentimiento, reforzando los conflictos entre ellos y no logrando que aprendan a defenderse de manera saludable o a resolver solos sus conflictos. Veamos otra manera de actuar.

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Índice

 

¿Cómo ayudar a los niños a resolver sus problemas?

La labor de un padre no es resolver todos los problemas y conflictos de sus hijos, sino enseñarles y proporcionarles las herramientas necesarias para que aprendan ellos mismos a resolverlos. Desafortunadamente, no podemos evitar que nuestros hijos tengan problemas, y tampoco podemos estar siempre ahí para defenderlos o ayudarlos; por eso, lo que tenemos que hacer es enseñarles.

Asimismo, cuando hablamos de conflictos entre hermanos, surge otro problema: el uso de los padres por parte de los niños. Ambos acudirán a sus padres buscando su apoyo contra su hermano, pero debemos establecer límites e intentar no intervenir nunca a favor de uno u otro. La forma más efectiva para que nosotros como padres intervengamos es enseñarles a nuestros hijos a establecer límites entre sí, en lugar de ser nosotros los que nos posicionemos de uno u otro lado.

En otras palabras, podemos enseñar a nuestros hijos las habilidades para defender lo que quieren o necesitan, sin atacar a sus hermanos. Podemos enseñarles a escucharse unos a otros. Podemos enseñarles a pedir perdón. Y podemos enseñarles a trabajar juntos para encontrar soluciones.

Así que olvídate de sentir que tienes que ser el juez y el jurado. Hay una mejor manera: ser un entrenador.

Para conseguirlo, puedes seguir estos trucos ante un conflicto entre tus hijos:

1- Describe lo que sucede sin que ninguno de los dos niños se sienta atacado por ti.

2- Empatiza con ambos niños.

3- Enseña a cada niño a identificar y expresar sus necesidades y emociones sin atacar al otro.

Si es necesario, también deberás:

- Respaldar a uno de tus hijos si ignora los límites establecidos por el otro.

Articulo relacionado: Violeta Denou

- Repetir las reglas familiares si un niño las ignora.

- Ayudar a los niños a resolver problemas.
 

Ejemplos sobre cómo debes intervenir entre hermanos

Vale, la teoría está clara y parece sencilla, pero a la hora de la verdad, no lo es tanto. Por eso, vamos a ayudarte con algunos ejemplos y situaciones comunes:

1- Sofía, de 5 años, está jugando con sus muñecas a bailar por la habitación y, en uno de sus giros, se choca contra la casa de muñecas de su hermana mayor, Lidia, de 7 años, que está jugando con ella en ese momento.

Lidia: “¡Lo has estropeado todo! ¡Te odio!”.

Mamá: “Pareces muy enfadada, Lidia. ¿Puedes explicarle a tu hermana qué sientes sin atacarla?”.

Lidia: “Me siento muy enfadada. ¡Lo acababa de montar y me lo ha tirado todo!”.

Mamá: “Es normal que estés enfadada, te ha costado mucho tiempo… Siento que tengas que empezar de nuevo”.

Sofía: “Yo también lo siento, Lidia. Fue sin querer. ¿Quieres que te ayude a montarlo de nuevo?”.

Lidia: “No es tan sencillo, no sé si tú podrás ayudarme…”.

Sofía: “Al menos a levantar todo…”.

Lidia: “Está bien… ¡Pero ten cuidado!”.

En este caso, la madre no regañó a Sofía ni la excusó. En cambio, empatizó con Lidia y su enfado, estableciendo un límite, lo que ayudó a que Sofía se disculpara y todo se solucionara.

2- Daniel, de 4 años, está empujando a su hermano Nicolás, de 2 años, que está llorando.

Papá: “Chicos, ¿os estáis divirtiendo con este juego? Veo a Nicolás llorando”.

Nicolás, entre lágrimas, dice que no con la cabeza.

Papá: “Nicolás, si no te gusta, puedes decírselo a tu hermano”.

Nicolás: “No me gusta”.

Papá: “Dani, Nicolás dice que no le gusta que le empuje. ¿Dejarás de hacerlo?”.

Dani asiente y se echa a un lado.

Si no asiente y sigue mirando con cara de querer continuar, hay que intervenir de nuevo:

Papá: “Dani, parece que no estás listo para dejar de empujar. Nicolás dice que no le gusta empujar. Necesita que estés de acuerdo, para que se sienta seguro y deje de llorar. ¿Dejarás de empujar?”.

Dani dice que no con la cabeza.

Papá: “Está bien, parece que realmente quieres empujar en este momento, y Nicolás no es para empujar. ¿Qué más podrías empujar? ¿Tu muñeco Bob? Aquí, vamos a sacarlo para que puedas empujarlo tanto como quieras. ¿Puedes mostrarme cuánto te apetece empujar a tu muñeco Bob? ¡Guauu! ¡Eso es un fuerte empujón, Dani! ¡Mira cómo empujas!... Ahora voy a limpiar la cocina. Nicolás, ¿quieres venir conmigo y ayudarme a hacer burbujas para lavar los platos? ¡Después de eso, todos podemos hacer algunos juegos juntos!”

En este caso, el padre ayuda al niño más pequeño, que está siendo atacado, a defenderse a sí mismo en lugar de simplemente decirle al agresivo hermano mayor que deje de empujar. Si este es su enfoque habitual, el pequeño se sentirá empoderado y no recurrirá a morder u otro comportamiento típico de un niño pequeño para defenderse. El papá necesitaba intervenir y redirigir cuando uno de los niños estaba presionando al otro, pero en lugar de equivocarse, simplemente estableció un límite claro. Y cuando necesitaba volver a sus tareas, separó a los niños, en lugar de simplemente esperar que la agresión se detuviera.

3- Otro ejemplo con niños pequeños, a los que les cuesta más verbalizar.

Samuel, de quince meses, golpea a Eva, de tres años.

Eva: (sin moverse) "¡Ay!" Samuel se ríe y la golpea de nuevo.

Eva: (riéndose) "¡Ay!"

Samuel: "¡Ay!" Cuando golpea a Eva de nuevo, riendo.

Mamá: “Oye, escucho a Eva decir ¡ay! pero también os escucho a ambos riéndose. ¿Os estáis divirtiendo?”.

Eva: "No quiero que me pegue, pero es difícil...".

Mamá: "Parece que queréis divertiros juntos, pero no estás segura de que te guste el golpe... Eva, puedes jugar con él de otra manera. ¿Qué más podéis hacer?".

Eva: "Creo que le gusta cuando digo ¡Ay!”. Aquí, Samuel, golpea el sofá. “¡Así es!”. Tanto Eva como Samuel dicen ¡ay! y golpean el sofá, riendo.

Los niños a menudo comienzan con juegos que terminan volviéndose demasiado salvajes y acaban haciéndose daño, aunque no sea su intención. En este ejemplo, el niño mayor no sabía cómo establecer un límite, por lo que la madre le apoyó para que lo hiciera.

Probablemente pocas veces actúes como en los ejemplos, pero no te avergüences, es normal. La mayoría de nosotros no crecimos de esta manera. Necesitamos escuchar ejemplos, y necesitamos practicar. Así que toma nota, e intenta ponerlo en práctica la próxima vez que estalle un conflicto entre tus hijos.


Fuente:

Markham, Laura, Peaceful Parents, Happy kids.

Fecha de actualización: 03-06-2021

Redacción: Irene García

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