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Preadolescencia y sus cambios y características

Preadolescencia y sus cambios y características

La preadolescencia es esa etapa en la vida de toda persona en que ya no es un niño, pero tampoco un adolescente. Su cuerpo y su mente cambian en muchos aspectos y en ocasiones se siente independiente y con capacidad para “comerse el mundo”, pero al momento siguiente se siente solo e inseguro y busca a sus padres para que le ayuden. Ese cambio permanente, y el estar a caballo entre dos mundos, hace que sea una etapa complicada para la que los padres debemos estar preparados.

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Hace 100 años la preadolescencia o la adolescencia solo existían como conceptos físicos ligados a una serie de cambios en el cuerpo de los chicos y chicas que hacía que dejaran de ser niños y se fueran convirtiendo poco a poco en adultos que tenían que trabajar, casarse o tener hijos. Así, muchos eran los niños de tan solo 10 años que dejaban la escuela y se ponían a trabajar en el campo con sus padres o las chicas de apenas 15 años que se casaban y tenían su primer hijo enseguida. La vida era mucho más dura y los problemas a los que tenían que enfrentarse la mayoría de los chicos y chicas de esta edad no les dejaban tiempo para preocuparse por su físico, por si encajaban o no en el grupo o por si le gustaban a tal o cual chico.

Pero desde hace décadas las cosas han cambiado y los grandes problemas de la mayoría de preadolescentes de 9 a 12 años están relacionados con sus amigos, sus cambios físicos y emocionales, el colegio o instituto y su familia. Esta falta de problemas más serios hace que los problemas del día a día pasen a ocupar un puesto mucho más relevante y sea habitual encontrar jóvenes de esta edad preocupados por su físico, por ejemplo, lo que deriva en problemas de autoestima y trastornos alimentarios.

Además, los chicos de esta edad están condicionados por sus amigos, quieren y necesitan tener amigos y encajar, pero cada vez son más habituales los problemas de acoso o ciberacoso, que minan la autoestima de los chicos y chicas y les enfrentan de nuevo a problemas como la depresión, la baja autoestima o los trastornos alimentarios.

Nuestra sociedad actual es cruel en muchos aspectos, lo que hace que llegar a la preadolescencia resulte muy complicado. Los chicos no saben asumir sus cambios y los padres no saben cómo ayudarles. Parece que nuestra propia preadolescencia queda muy lejos y no somos capaces de recordar cómo vivimos esos años, qué problemas tuvimos o qué necesitábamos de nuestros padres. Por eso, para ser capaz de ayudar a nuestros hijos de la manera más adecuada y evitar que caigan en problemas como los antes descritos y otros comunes a esta edad (alcohol, drogas, embarazos no deseados…) es necesario que tengamos presentes los cambios físicos y emocionales que se producen en los chicos en esta etapa que suele ir de los 9 a los 12 años, aunque puede darse un poco antes en las chicas y un poco más tarde en los chicos.

En cuanto a los cambios físicos más habituales, encontramos todos los relacionados con el despertar de los órganos sexuales, que empiezan a producir hormonas que permiten que las niñas empiecen a menstruar (menarquia o primera regla) y los niños a producir espermatozoides. Estos cambios hormonales provocan una cascada de cambios físicos como aumento de los pechos y de las caderas en las niñas, cambio de voz en los niños, aparición de vello en las axilas y los genitales en ambos, aparición del acné, más sudoración y de olor más fuerte, estirón de la pubertad, etc.

Estos cambios hacen que no se sientan a gusto con su cuerpo ya que todavía no está tan definido como el de un adulto, pero ya no es un cuerpo de niño. Las chicas se sienten raras e incómodas con sus nuevos pechos que, además, no les crecen a todas por igual, por lo que es normal que algunas sientan complejo por tener poco pecho y otras, por tener mucho, intentando incluso esconderlo. Intentan verse igual que las modelos o las actrices, pero no es posible con un cuerpo en crecimiento de 11 o 12 años, por lo que se sienten feas y se obsesionan con el físico, el peinado, la ropa y el peso. Cosas que hasta ahora apenas les importaban, se vuelven esenciales y quieren cambiar de peinado, teñirse el pelo, hacerse nuevos agujeros para los pendientes o llevar ropa que a sus padres les parecen absolutamente horribles. Todo esto forma parte de su desarrollo y debes darle libertad siempre que no lleve nada inadecuado o peligroso.

Mientras que los chicos se sienten raros con su voz de pito, su cuerpo desgarbado o su nueva altura, que tampoco es igual para todos, por lo que puede haber niños de 11 años muy altos y otros que parecen mucho más pequeños porque aún no han dado el estirón. Estas diferencias suelen ir acompañadas de diferencias emocionales en consonancia, es decir, los chicos y chicas que entran en la adolescencia antes suelen madurar antes y tener gustos y objetivos diferentes de los que aún se sienten como niños.

Esto hace que las relaciones entre ellos sean también complicadas y aparezcan nuevos grupitos, presión por encajar y gustar, problemas de acoso, burlas… lo que puede afectar mucho a los preadolescentes ya que a esta edad la familia deja de ser su centro del universo y pasan a serlo los amigos.

Otros cambios emocionales propios de esta edad son la rebeldía o el desafío constante a los padres, los cambios bruscos de temperamento, los estallidos de llanto o las rabietas, lo que afecta a la convivencia y estabilidad familiar, que se ve sacudida por todos estos cambios. Los preadolescentes son muy rebeldes y se enfrentan a sus padres buscando su propia reafirmación personal, pero a la vez los necesitan y no quieren alejarse de ellos.

Por eso, el mayor consejo que se puede dar a los padres de preadolescentes es que intenten entender los cambios por los que están pasando y los apoyen y muestren cariño pase lo que pase y hagan lo que hagan. No te pongas a su nivel si te dice que “ya no te quiere” o que “le estás amargando la vida”. Piensa por qué lo dice y en qué circunstancias y dile que, “haga lo que haga, tú lo quieres siempre”. Habla con él, ayúdale con sus problemas y estate siempre ahí. Es importante que fomentes la comunicación y la confianza con él y que le hables de las drogas, el sexo o el alcohol para minimizar la mala influencia de los amigos o la televisión. No dejes que sean otros los que eduquen o ayuden a tus hijos, por muy complicado que parezca, debes ser tú quien lo haga. El amor y el cariño te ayudarán a superar estos años más complicados que, gradualmente, se irán haciendo menos difíciles.

Foto: Freepik. 


Fecha de actualización: 21-12-2020

Redacción: Irene García

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