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Preadolescencia y miedos, ¿qué es normal y qué no?

Preadolescencia y miedos, ¿qué es normal y qué no?

La preadolescencia es la etapa que va entre los 9 y los 11 años, abarcando el desarrollo desde la niñez hasta la adolescencia. En esta fase de la vida niños y niñas experimentan cambios biológicos y sociales, pero también transformaciones cognitivas que les permitirán enfrentarse a las tareas propias de cualquier adulto.

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Normalmente durante todos estos años el ritmo de crecimiento disminuye, y aunque se sigue creciendo, se hace más lentamente. El cuerpo de estos preadolescentes ya no es como el cuerpo de unos niños, pero tampoco llega a desarrollarse como el cuerpo de los adolescentes. Algunos de los principales cambios en esta fase tan importante en su vida son los siguientes:


- Cambios sociales: mentir, manifestar continuamente la necesidad de ir a sitios sin padres, separarse de ellos, pasar los días con los amigos, etc. Asimismo, los preadolescentes también buscan su autonomía con ideas y gustos propios, luchando por sus derechos y aumenta, además, el interés por temas como la sexualidad.


- Cambios emocionales: irritabilidad, hipersensibilidad y algunos cambios bruscos en el estado de ánimo. 


- Cambios físicos: inicio del desarrollo sexual y cambios tanto en el cuerpo como en la piel, etc.
 

Además, al sentirse tan presionados por sus padres o bien tutores para que asuman unos comportamientos mucho más maduros, las expectativas cambian y se genera entonces conflicto en el entorno familiar. Por este motivo es importante también que los padres y madres de los preadolescentes sepan adaptarse a sus hijos en este proceso de crecimiento, desarrollo y madurez respetando a su vez también la individualidad, pero siempre con unas reglas para evitar de esta manera que el preadolescente caiga en excesos o problemas mucho mayores. 

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Por tanto, además de respetar su individualidad, se debe propiciar el diálogo entre ambos, hacerles sentir que tienen su apoyo siempre, motivarles para que comuniquen sus sentimientos y pensamientos, negociar la independencia estableciendo siempre los límites y las reglas, reflexionar juntos sobre las acciones que han o no llevado a cabo, conocer a sus amigos y exigir que les indiquen el lugar donde se encuentran y, por último, hablar con ellos de forma abierta sobre la sexualidad y el consumo de drogas y alcohol.


No obstante, todos los padres y madres deben ser conscientes de que la función principal es proporcionar a sus hijos preadolescentes mucha seguridad, confianza, amor y respeto que establezcan a su vez límites y garanticen una adecuada convivencia familiar. Por otro lado, la principal tarea de los preadolescentes es conocer los cambios normales de su crecimiento y desarrollo de la mano de los padres, médicos y profesores, y reconocer también la protección que les brindan los adultos.  


Además, a todo ello se le suman también una serie de miedos que pueden ser normales o no en esta etapa tan complicada tanto para padres y madres como para preadolescentes. Los miedos son aprendidos en la infancia y en la preadolescencia por diversos procesos, y a medida que los niños van creciendo, sus miedos van evolucionando de acuerdo con su desarrollo cognitivo y variables ambientales, pero también disminuyen a través del tiempo. Sin embargo, si esto no sucede lo que ocurre es que el miedo se generaliza produciendo a su vez fobias que perturban la vida cotidiana de todos.


El miedo es una emoción básica y como tal es importante para el correcto desarrollo de cada individuo. Una emoción que tiene valor universal y de supervivencia. Además, desde sus orígenes el miedo va evolucionando para producir respuestas adaptativas, es decir, se ayuda a detectar y poner solución a los problemas que van surgiendo. 


Todos los miedos pueden ser normales o transitorios, y aunque estos suelen aparecer en los niños y niñas a la misma edad normalmente, van cambiando según la etapa evolutiva en la que se encuentren y desaparecen al poco tiempo.


Los miedos a estas edades suelen ser algo variados, pero existen algunos que coinciden casi siempre por la franja de edad, y entre los que destacamos la posibilidad de accidentes y catástrofes ya que en esta etapa los preadolescentes son muy sensibles a los problemas que puedan ocurrir en la realidad y encuentran, además, muchas dificultades para manejar emociones; el temor a las críticas porque en estas edades la autoestima suele ser bastante frágil; temor al fracaso escolar asociado a su vez también con los problemas de autoestima; y el temor a la muerte, pues ya entienden que se morirán algún día y aunque crean en esos momentos que sucederá cuando crezcan y sean muy mayores, la idea de la muerte les angustia.


También el miedo a la separación de los padres es otro de sus miedos, en los casos además en los que los preadolescentes perciben un ambiente inestable en la familia. Un miedo, además, muy frecuente en estas edades al tratarse de una situación muy difícil a la que se enfrentan los niños. Y, por último, el miedo a la soledad, que a esta edad aparece porque los preadolescentes se sienten indefensos. ¿Cuándo suele aparecer este miedo? Pues bien, cuando por ejemplo se quedan solos en el colegio o bien cuando están en casa a solas en su habitación, aunque haya gente en casa. Hay miedo también, pero no tan significativo, hacia la oscuridad, los seres imaginarios y los animales.  


Como decíamos, la mayoría de ellos se van a resolver de manera espontánea a medida que los preadolescentes van creciendo y madurando. Sin embargo, hay algunos miedos de los que sí deben sus padres preocuparse. Si los preadolescentes tienen un miedo exagerado o desproporcionado que interfiere en su vida diaria de los chicos y las chicas es probable que haya un verdadero problema. Y por ello es fundamental entonces el apoyo de los padres y las madres para evitar que esto ocurra, ya que si además estos miedos persisten hasta que los preadolescentes se convierten en personas adultas lo ideal es que se pongan en manos de expertos bien cualificados y preparados para resolver este tipo de problemas. 


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Fecha de actualización: 23-07-2018

Redacción: Irene García

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