La piel tras el parto. Preparación para el cambio

La piel tras el parto. Preparación para el cambio
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El embarazo provoca un cambio drástico en la forma de tu cuerpo y afecta directamente a la piel, que tiene que adaptarse a la nueva forma del vientre y de la cadera. Los estragos surgen después del parto, cuando te enfrentas al reto de retomar tu estructura corporal anterior, pero ahora con la responsabilidad de cuidar a un bebé y con menor cantidad de tiempo para ti.

Aunque durante los nueve meses debes tomar algunas medidas preventivas, no es hasta después de la lactancia cuando podrás recurrir a tratamientos estéticos clínicos a base de láser, infrarrojos, radiaciones, o cosméticos y productos con principios activos no seguros durante la gestación o lactancia.

Pero mientras tanto puedes adoptar unos simples gestos y convertirlos en rutinas. Estas medidas básicas son indispensables para mantener tu piel sana y prepararla para el cambio. Sigue los siguientes consejos antes, durante y después del embarazo. Tu piel lo agradecerá.


Exfoliación semanal

Es recomendable liberar tu piel de impurezas y de las células muertas que se van acumulando. La exfoliación de la piel la prepara para absorber mejor los tratamientos hidratantes. Hazlo una vez por semana y utiliza una crema suave que no sea agresiva, especialmente durante el embarazo. Ten en cuenta que en esta etapa, la acción de las hormonas puede alterar la sensibilidad de tu piel o provocar nuevas alergias.  


Hidratación externa

Tu piel agradecerá la hidratación constante, porque así la irás preparando para hacerla más elástica, con lo que prevendrás la aparición de estrías. Lo ideal es empezar a utilizar productos hidratantes antes de quedar embarazada o en cuanto sepas que estás esperando bebé, de manera que las consecuencias después del parto sean menores. Las mamás que ya han pasado por un embarazo recomiendan cremas muy grasas, aceites corporales a base de rosa de mosqueta o cremas con aceite de almendras.  


Hidratación interna

El agua es fundamental en la composición de todos los tejidos del cuerpo, y en especial de la piel que está formada por entre un 70 y un 80% de agua. Y su importancia aumenta durante el embarazo, etapa en la que la piel necesita más elasticidad. Si incluyes agua en tu dieta diaria tu piel lo reflejará, porque se verá sana, tersa y evitarás la sequedad, fragilidad y otras alteraciones de la epidermis.


Alimentación sana

Una alimentación equilibrada, rica en frutas y verduras, baja en grasas saturadas y abundante en nutrientes naturales es la clave para consentir a tu piel desde el interior. Además de que aportarás nutrientes esenciales a tu bebé, te ayudará controlar tu peso para no subir kilos de más que se acumulan en zonas difíciles como vientre y cadera y que podrían perjudicar el aspecto de tu piel.


Masajes relajantes

Muchos de los tratamientos estéticos habituales no son recomendables para mujeres embarazadas o en la etapa de lactancia. Pero siempre eres candidata a masajes relajantes con aceites naturales o cremas indicadas para este fin.


Ejercicio

Una rutina de ejercicio te ayudará a estar en forma antes de quedarte embarazada y tonificará tu piel. Durante la gestación, el ginecólogo te indicará qué tipo de actividades son las más convenientes para ti, así tu apariencia física se beneficiará, tu cuerpo mantendrá el volumen adecuado y liberarás la tensión lumbar. Incluso, para muchas mujeres, ejercitarse resulta la mejor terapia para disminuir achaques. Después del parto y la lactancia, el ejercicio es una opción indispensable para recuperar tu figura, reafirmar las zonas problemáticas y reducir los kilos extra, además de ser muy importante para mantenerte saludable.


Después del embarazo y la lactancia

Una vez terminada la lactancia, podrás pensar en terapias estéticas específicas para corregir la flacidez de tu piel. Existen en el mercado una gran variedad de soluciones, algunas que puedes aplicar en casa y otras que deben estar supervisadas por un doctor.

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Imagen: FreeDigitalPhotos.net


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