Mi bebé tiene anemia, ¿qué hacer?

Mi bebé tiene anemia, ¿qué hacer?
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La deficiencia de hierro en los niños es bastante común ya que durante sus primeros meses de vida consumen pocos alimentos que lo contengan y su crecimiento es muy rápido. Aun así, el hierro es un nutriente esencial para el correcto desarrollo de los más pequeños.

Mi bebé tiene miedo a hacer caca

Mi bebé tiene miedo a hacer caca

Muchos niños pasan por una fase entre los 2 y los 4 años en la que les da miedo hacer caca bien porque son estreñidos y les duele al defecar, bien por diversos motivos emocionales que hacen que retengan la caca, lo que les acaba convirtiendo en estreñidos, aumentando el problema. ¿Qué hacer en estos casos?

El hierro es un mineral muy importante para el organismo. Los glóbulos rojos que se encuentran en la sangre son los encargados de repartir el oxígeno por todos los órganos y tejidos del cuerpo. Cada glóbulo rojo contiene hierro en la parte que se encarga de transportar el oxígeno desde los pulmones al resto del cuerpo, la hemoglobina. El hierro aporta a la hemoglobina la potencia necesaria para que cumpla sus funciones. También se utiliza para fabricar la mioglobina, la proteína que provee de oxígeno a los músculos. Sin suficiente hierro, el trabajo de llevar el oxígeno a todo el organismo sería más dificultoso.

Se puede encontrar en los alimentos de dos maneras diferentes, hierro hemo y hierro no hemo, siendo el primero el que mejor absorbe el cuerpo. El hierro hemo se encuentra en alimentos de origen animal, por el contrario, el no hemo en los que son de origen vegetal y en aquellos que tengan hierro agregado, como la leche infantil. La cantidad de este mineral que necesita una persona varía en función de la edad y las personas vegetarianas o veganas necesitarían el doble para compensar la falta de hierro hemo.

Los alimentos con los que se obtiene la cantidad adecuada de hierro van desde las carnes magras, mariscos, espinacas, frijoles hasta las nueces, las pasas o los panes y cereales enriquecidos con hierro.

En bebés de hasta 6 meses la cantidad recomendada es de 0,27 miligramos, a partir de ahí va aumentando, de 7 a 12 meses serían 11 mg, a partir del primer año y hasta los 3 lo recomendado son 7 mg, de 4 a 8 años aumenta hasta los 10 mg y desde los 9 hasta los 13 serían 8 mg. Desde este punto se comienza a diferenciar también en función del género, necesitando más las mujeres.

Por lo general, la falta de hierro no trae consecuencias de inmediato ya que el cuerpo utiliza las reservas que almacena en el hígado, los músculos, el bazo, etc., pero cuando estos niveles disminuyen demasiado puede producir anemia por deficiencia de hierro. Los síntomas por esta enfermedad son cansancio, falta de energía, falta de memoria y concentración, problemas intestinales, menor control sobre la temperatura del cuerpo y, también, menor capacidad para combatir virus y bacterias.

Los bebés y niños con anemia ferropénica (deficiencia de hierro). En niños de hasta 2 años la falta de hierro puede derivar en un retraso del desarrollo psicológico, una disminución de la capacidad para concentrarse y prestar atención y en aislamiento social. En los pequeños entre 6 y 9 meses no es extraño que puedan sufrir anemia debido a la alimentación que llevan si no consumen alimentos con hierro añadido.

Existen ciertos factores de riesgo que puede afectar en mayor medida a los niños:

1.            Aquellos bebés que nacen con bajo peso y los que hayan sido prematuros con más de 3 semanas de adelanto.

2.            Los bebés que se alimenten de leche materna después de los 6 meses y no consuman otros alimentos que contengan hierro.

3.            Los pequeños menores de 1 año que ya hayan consumido leche de vaca o cabra.

4.            Los que tienen una alimentación basada en leche de fórmula que no está fortificada con hierro.

5.            Los niños de entre 1 y 5 años que han estado expuestos al plomo.

6.            Aquellos que toman más de 710 mililitros de leche de cabra, vaca o de soja al día entre el primer y el quinto año de vida.

7.            Aquellos niños que tengan alguna enfermedad crónica y sigan dietas muy restrictivas.

8.            Cuando llegan a la adolescencia, las niñas tienen un mayor riesgo de deficiencia de hierro debido a la menstruación.

En los niños, la mayoría de las veces, los síntomas de la deficiencia de hierro no se muestran hasta que ya padece anemia. Los signos más comunes son fatiga, piel pálida, falta de apetito, problemas de conducta, crecimiento lento, respiración anormalmente acelerada, antojos inusuales de elementos no nutritivos como hielo e infecciones frecuentes.

Los bebés que se alimenten con leche de fórmula fortificada con hierro probablemente estén consumiendo la cantidad recomendada, en cambio, si es amamantado se le pueden dar suplementos que varían en función de si el niño es prematuro o no. Existen otras recomendaciones que pueden seguir los padres como no darle una gran cantidad de leche entre el primer y quinto año, darle alimentos ricos en hierro cuando comience a probar comida sólida y ofrecerle alimentos ricos en vitamina C que ayuda a la absorción de hierro.

La deficiencia de hierro en los niños se puede prevenir. Controlar su alimentación y llevarlo al pediatra para que le realice exámenes de sangre para comprobar que todo está en orden son algunas de las sencillas recomendaciones a seguir.


Fuentes:

AEPED (Asociación Española de Pediatría)

Clínica Mayo

National Institutes of Health

Redacción: Andrea Rivero

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