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¿Cuándo un bebé debe gatear?

¿Cuándo un bebé debe gatear?

Uno de los momentos más especiales en el crecimiento de los niños es cuando empiezan a gatear. Será una de las primeras veces donde el bebé empiece a demostrar su autonomía, y comience a desplazarse de un lado para otro, hacia donde su curiosidad le sugiera. Pero igual que algunos empiezan a hablar en seguida y otros no sueltan palabra, cada proceso de desarrollo es distinto y lo mismo ocurre con el gateo. En general, los bebés gatean antes de empezar a caminar, entre los seis y los 10 meses. Aunque sea común en estas edades, algunos bebés prefieren omitir esta etapa a gatas y se lanzan a andar con las dos piernas directamente.

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A pesar de que varía en cada caso, el desarrollo del bebé ocurre en todos los casos de forma secuencial. Por lo que, si aprende una cosa, es más fácil que aprenda otra: las habilidades ayudan a que surjan otras, son solidarias entre sí. Todos los aprendizajes son progresivos, por lo que tu bebé no puede aprender una cosa si no ha sabido desarrollar correctamente la otra. Las funciones se van acumulando, primero las simples para dar paso a las que son más complejas. Por todo ello, existen una serie de síntomas o primeras funciones que debe haber cumplido para que comience a gatear:

 

- Mantener la cabeza erguida. Si atendemos a las leyes del desarrollo, el primer objetivo evolutivo, en lo que se refiere a la motricidad del niño, debe ser el control cervical, es decir, sostener la cabeza. Esto suele darse alrededor de los 3-4 meses y el bebé ya mira con curiosidad a su alrededor, moviendo con intención su cabeza para focalizar lo que le llama la atención. Esto habrá hecho que controle su equilibrio, coordine sus manos, sus pies y los músculos de sus piernas. Sólo de esta forma podrá aprender a gatear. Por eso es normal que veas que tu bebé se esfuerza por mantener la cabeza erguida… ¡Está aprendiendo a fortalecer sus músculos cervicales para controlar la posición de su cabeza! Algunos bebés incluso ya pueden sostener su cabeza entre las 6 y las 8 semanas, y al ponerlos sobre el hombro de sus papás se puede apreciar que pueden sostenerla ligeramente durante unos segundos.

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-Debe haber aprendido a sentarse sin apoyo. De esta forma, habrá desarrollado el sentido del equilibrio y fortalecido los músculos de su espalda. Más adelante aprenderá a equilibrarse en sus cuatro extremidades al gatear y, por último, alrededor del año de edad, pararse y caminar. Lo habitual es que los peques sepan sentarse entre los 4 y los 6 meses de vida. Aprender a sentarse es mucho más beneficioso de lo que parece ya que algunos estudios demuestran que en las primeras etapas de la vida humana que el bebé permanezca sentado puede ayudarlo a desarrollar su capacidad de conocer, pensar, percibir y recordar. Aun así, ¡no te apresures! Poco a poco la fuerza de su columna y la de sus músculos se irá incrementando y lo mejor es que no te des prisa por sentarlo.

 

La naturaleza es extraordinaria y todo lo que aprendemos lo hacemos por algo. Todas las partes del sistema nervioso actúan en forma coordinada y con sintonía para facilitar el desarrollo, y cada área del cuerpo del bebé interactúa con las otras para que las habilidades se desarrollen de forma ordenada. Según la ley del desarrollo céfalo-caudal el bebé seguirá un desarrollo lineal: de arriba abajo. Lo que quiere decir que primero aprenderá a mover su cabeza y seguirá hasta los pies. Como quien empieza la casa por el tejado. Pero también, según la ley del desarrollo próximo distal, seguirá el orden y aprenderá a ejercitar primero el centro del cuerpo y progresivamente hacia fuera. 

 

Una vez haya desarrollado más su musculatura empezará a entrenar su postura y la locomoción. El desarrollo del movimiento se divide en: motor grueso –la que tiene que ver con el control postural, locomoción y coordinación corporal–, y motor fino–  que se relaciona con la coordinación óculo manual, grafomotricidad, etc.–. Los bebés, aunque no lo creamos (ni ellos mismos sean conscientes), se preparan secretamente para gatear. Así, una vez que el niño puede mantener su cabeza firme y se sostenga sobre sus brazos, empezará a realizar movimientos de rotación del cuerpo y a manejar de forma independiente los hombros y la cadera… ¡Y todo ello de forma sincronizada!

 

Por tanto, es buenísimo estimular el balanceo, la coordinación, la dimensión corporal y la fuerza en sus extremidades. Pero tampoco debemos olvidar que la mente y el cuerpo deben trabajar por igual y no podemos olvidarnos de potenciar su inteligencia espacial. Para estimularle lo mejor es que sigamos una serie de pautas:

 

1. Si observamos que el niño quiere desplazarse, lo más seguro es que empiece a hacerlo con las manos. Podemos ayudarle colocándonos detrás del niño y dirigir sus piernas para que se produzca el movimiento sincrónico brazos-piernas e inicie el reptado. Pero nunca debemos obligarle, sólo si es evidente que nuestro bebé quiere moverse.

 

2. Si nuestro bebé está sentado podemos ayudarlo a que apoye las manos hacia adelante, e incluso doblarle las rodillas con un ligero empujón. Quizá así encuentre la postura perfecta para hacerlo. Una vez en la posición, el bebé irá aprendiendo poco a poco a encontrar la postura de gateo por sí mismo y empezará a hacer movimientos de balanceo. Posteriormente descubrirá que haciendo presión contra el suelo con sus rodillas dará un pequeño impulso, el empujón necesario para comenzar a gatear.

 

Si crees que ya tiene edad para aprender a gatear y no quiere desplazarse puedes añadir una motivación extra mostrándole sus juguetes preferidos un poco lejos para que sea él quien los busque. Evita dejarlo solo, ya que podría necesitar tu ayuda. El lugar de gateo debe ser seguro y tapar enchufes u objetos punzantes, pero lo mejor es que lo dejes libremente por el suelo. Necesita descubrir por sí mismo su cuerpo, no le sobre-estimules. Evita a toda costa poner una mantita que se mueva cuándo él lo haga. El suelo no debe estar frío, pero tampoco demasiado resbaladizo. 

 

Gracias al gateo se desarrollan cosas tan importantes como la visión, el tacto, el habla, la manualidad, la orientación y la propia percepción, además de otras funciones como el movimiento, o el equilibrio. Pero no debemos obligar a que el niño gatee si no quiere, ni mucho menos regañarle. Cada bebé tiene su propio ritmo de desarrollo, y además el gateo no tiene por qué aparece en todos los niños, ni todos lo hacen de la misma forma. Algunos pequeños desarrollan sus propias formas de desplazarse como haciéndolo sentado, doblando las piernas para deslizar las nalgas, deslizando su barriga con la ayuda de sus extremidades… Y otros se lo saltan y se animan a caminar directamente. Así que disfruta del crecimiento de tu hijo, ¡sea como sea!

Foto: Creado por Freepic.diller - Freepik.com


Fuentes:

Ajram, Dr. Jamil, Tarés, Dra. Rosa María (2005), El primer año de tu hijo, Barcelona, Ed. Planeta.

AEP EnFamilia, "Bebé de 8-12 meses" https://enfamilia.aeped.es/edades-etapas/bebe-8-12-meses

Fecha de actualización: 25-11-2019

Redacción: Irene García

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