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¿Por qué los bebés pueden bucear?

¿Por qué los bebés pueden bucear?

Seguro que has visto imágenes de bebés que, con apenas meses de vida, bucean tranquilamente por el agua sin ahogarse ni sufrir ningún accidente. ¿Es esto real? ¿Pueden los bebés bucear al nacer y luego pierden esta capacidad?

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Durante el embarazo, el bebé está inmerso en un medio parecido al agua ya que vive rodeado del líquido amniótico, compuesto en su mayor parte por agua. Esto es posible porque sus pulmones no funcionan, el oxígeno que necesita para vivir lo obtiene a través del cordón umbilical. Sí es cierto que hace algunos movimientos para practicar la respiración, pero realmente no coge aire hasta que no nace. En ese momento, sus pulmones comienzan a funcionar de manera normal, cogiendo oxígeno y expulsando dióxido de carbono. Por lo tanto, el bebé puede vivir en el útero en un medio acuático porque no respira, pero ¿qué ocurre al nacer?


Nada más nacer los pulmones tienen que empezar a respirar por sí mismos ya que se corta el cordón umbilical y, por lo tanto, el bebé deja de recibir oxígeno, completamente necesario para la vida. Si el bebé no comienza a respirar por sí solo en unos segundos se puede recurrir a darle un cachete o moverle para hacerle coger aire y, si nada funciona y se observa algún problema, será necesario suministrarle oxígeno por medio de una mascarilla o incluso intubarlo.

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Una vez que el bebé comience a respirar de forma normal necesitará oxígeno constantemente y, si se le introduce en el agua, puede ahogarse igual que cualquier otra persona si traga agua o si pasa mucho tiempo sin recibir oxígeno. Por eso, no es cierto que los bebés sepan bucear dentro del agua, lo que sí es verdad es que pueden realizar de manera innata ciertos movimientos natatorios como mover los brazos y las piernas y que mantienen la capacidad de permanecer sumergidos durante unos segundos en un medio acuático durante los primeros meses de vida, capacidad que se pierde con el paso de los meses, pero aun así hay que estar con ellos y ayudarles a salir ya que no saben aguantar el aire dentro del agua mucho tiempo y, por lo tanto, enseguida empezarán a respirar dentro del agua, lo que puede conducirlos a un ahogamiento.


Es decir, los bebés tienen la capacidad de bucear, pero solo tiempos muy breves.


¿Cuándo enseñar al bebé a bucear?


La matronatación, o natación para bebés, se recomienda a partir de los 5 meses ya que a esta edad los bebés tienen el sistema inmunológico más desarrollado y es menos probable que contraigan infecciones y que los productos de desinfección para la depuración del agua irriten su delicada piel. No obstante, hay pediatras que afirman que se puede empezar antes siempre que la piscina sea adecuada y cumpla unos requisitos mínimos en cuanto a la temperatura del agua y la concentración de cloro (el agua debe estar a 32 grados y la concentración de cloro debe ser mucho menor que la de una piscina normal).


Lo bueno de empezar tan pronto es que el bebé mantiene una serie de reflejos y movimientos que le ayudarán a nadar dentro del agua, aunque hay que tener en cuenta que de los 5 a los 20 meses solo pueden flotar en dorsal (de espaldas) y en ventral (boca abajo) y siempre ayudados de los materiales necesarios (tablas, churros, etc.). A partir de los 20 meses ya tienen la fuerza suficiente en los músculos del cuello y coordinación para nadar como un perrito sin ningún tipo de material de ayuda.


La natación es muy beneficiosa para los bebés ya que no solo ayuda a prevenir accidentes al enseñarlos a nadar desde pequeños, sino que también potencia el vínculo con los papás, estimula el desarrollo psicomotor, favorece el desarrollo del sistema respiratorio y circulatorio, estimula los cinco sentidos, favorece el desarrollo afectivo-social, mejora la coordinación, etc.


Para enseñar al bebé a bucear debes primero ayudarle a familiarizarse con el medio acuático, ya sea en la bañera de casa o en una piscina infantil. Déjale chapotear, jugar con el agua, con los materiales que le rodean, etc. Debe ser un momento placentero, sin obligaciones, y es importante elegir un momento del día en el que no tenga hambre ni sueño. Una vez que esté adaptado, podrá empezar con las inmersiones.


Para comenzar, cógelo por debajo de las axilas con su cara enfrente de la tuya. Cuenta en voz alta hasta tres mientras lo balanceas y lo bajas hacia el agua. Sóplale en la cara para que cierre la glotis y, cuando notas que ha inspirado y mantiene la respiración, sumérgelo un segundo sin soltarle a la vez que lo mueves hacia ti. Abrázalo al sacarle y sonríe para que no sienta miedo. Debes contar siempre hasta tres y balancearlo antes de sumergirlo para que entienda lo que va a pasar y se prepare. En la primera inmersión puede tragar un poco de agua; si esto pasa y se pone nervioso, sácalo del agua, consuélalo y ofrécele algún juguete.


Una vez hayas realizado las inmersiones varios días y veas que se siente seguro, puedes comenzar a practicar los desplazamientos. Para ello debéis estar los dos, papá y mamá, y colocaros uno enfrente del otro a un metro más o menos. Toma al niño en brazos de espaldas a ti, avísale contando hasta tres, balancéalo y sumérgelo en el agua a la vez que lo impulsas hacia delante. Cuando note que nadie le sujeta empezará a mover brazos y piernas y, entonces, la otra persona debe cogerlo, sacarlo y sonreírle. El desplazamiento solo debe durar solo unos segundos.


Gradualmente será capaz de desplazarse más tiempo y distancias él solo, pero debéis ir poco a poco y respetar su ritmo. Si no quiere hacerlo o llora, no le obligues o cogerá miedo al agua.


En cuanto al tiempo de las inmersiones, durante el primer semestre de vida pueden durar de uno a tres segundos; a partir del séptimo mes unos cuatro segundos; de los 10 a los 14 meses ya pueden ser de cinco segundos y de los 15 meses en adelante, de más de seis segundos. 


Por último, no te preocupes porque se le mojen los oídos ya que no tiene por qué causarle infecciones siempre que se le sequen bien al salir del agua. Tampoco debe estar en el agua más de 20 minutos, deben ser sesiones cortas.

 

 


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Fuente:

Suriol, Noemí (2013), ¡Bebés al agua! Jugar, flotar, nadar, Barcelona, Ed. Luciérnaga.

Fecha de actualización: 06-11-2018

Redacción: Irene García

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