Mi hijo tiene miedo al agua

Mi hijo tiene miedo al agua
comparte

A pesar de que el bebé se encuentre en un medio acuoso durante los nueve meses de embarazo, puede que el momento de enfrentarse a la playa o la piscina, e incluso a los baños diarios, se convierta en una verdadera misión imposible

Mi hijo tiene miedo al médico

Mi hijo tiene miedo al médico

Cada vez que va al médico, la misma historia: miradas de terror, cara de pánico, lloros, gritos… Los niños son propensos a tener miedos y la visita al pediatra, que para algunos no es más que un simple juego puede, para otros, resultar una auténtica pesadilla. ¿Cómo podemos actuar?

El miedo al agua, sobre todo en piscinas y en la playa, es muy común en niños que no han tenido experiencias anteriores en este medio, por lo que, debido también a otras ventajas, los pediatras animan a iniciar el contacto y la familiarización con el medio acuático desde los 4 o 5 meses. Para evitar las riñas a la hora de la higiene diaria o el temor ante la piscina es necesario presentar el agua como un elemento lúdico y natural desde los primeros baños en casa, intentando que los niños se sientan seguros. Los que hicieron matronatación o se sumergieron en el agua desde bebés no tendrán reparo para relajarse en ella, e incluso divertirse; sin embargo, otros no lo tendrán tan fácil, y al ver la cantidad de agua y gente que hay en la piscina pueden ver su sentido de la seguridad disminuido considerablemente.
 
 
Aunque este temor puede ser superado fácilmente en la mayoría de las ocasiones, es aconsejable que los niños no pierdan el respeto a la piscina ni al mar, así podrán disfrutar de manera segura del verano y de sus vacaciones. 

¿Por qué tiene miedo al agua?

Aunque este miedo es una fobia específica que suele surgir, sobre todo, por el temor ante lo desconocido y no saber qué hay bajo el agua, existen ciertas causas que pueden provocar que el pequeño no quiera ni acercarse a este medio:

Miedo por inseguridad física causado por el anticipo mental del daño que puede sufrir en ese medio desconocido.
 
• En ocasiones es originado involuntariamente por los propios padres, forzando el primer contacto y que, al repetir “no tengas miedo”, pueden dar a entender a los niños que algo malo puede ocurrir.

• Los padres también pueden proyectar ese miedo al agua a su hijo, lo que los especialistas denominan educación hidrofóbica. 

• También puede surgir, según el psicólogo Juan Pedro Valencia, por algún traumatismo vivido, presenciado o, incluso, soñado por el niño, pudiendo ayudarle, sobre todo, con mucha paciencia.

¿Cómo ayudarle a acabar con el miedo?

Ante todo hay que ser paciente y no forzarle en ningún momento, ya que las fobias no desaparecen de la noche al día; sin embargo, si el miedo le incapacita para disfrutar y llevar una vida lo más plena posible, no hay que dudar en consultar con un buen profesional para que estudie y analice la situación, aunque existen ciertos métodos que se pueden llevar a cabo para que este verano tu pequeño disfrute de la piscina y de la playa:

• Hay que concederles el tiempo necesario, sin atosigarles ni retarles, ya que así sólo se conseguirá apartarles más de su objetivo. Según afirma Juan Pedro Valencia: “jamás hay que forzarle a que lo afronte directamente, es decir, es muy común la idea de que los miedos se superan afrontándolos, pero debe hacerse de forma adecuada y correcta, ya que podría producirse justo el efecto contrario al que buscamos: que el miedo aumente en lugar de que desaparezca”.

• Nunca hay que soltarles en el agua sin que estén de acuerdo, ni asustarles o humillarles por lo que sus amigos hacen y él no puede.

• Hay que explicarle adecuadamente qué es el agua, lo satisfactoria que es, e incluso la cantidad de movimientos y juegos que se pueden realizar.

• A medida que vaya avanzando, es aconsejable mostrarle su valentía, ya que esto le animará a conseguirlo.

• Para ayudarle a familiarizarse con la piscina o el mar se pueden realizar una serie de actividades que le harán confiar en este medio, como sentarse junto a él en el borde o la orilla y patalear en el agua, pasear por el borde también mientras le contamos algo divertido para entretenerle, haciéndole que se moje la cara con las manos o, también, usarnos como modelos a imitar intentando que realice alguna de las divertidas actividades que permite este medio para disfrutar del verano.
 

Fuentes: Juan Pedro Valencia, psicólogo

Redacción: Silvia Paredes

0 Comentarios

Escribe tu comentario

iniciar sesión registrarte
×


×
×
×