¿Puede un bebé ser alérgico a la leche materna?

¿Puede un bebé ser alérgico a la leche materna?
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La leche materna tiene una composición específica que va cambiando a lo largo de la toma y que se adapta durante el crecimiento del bebé. Está formada por grasas, azúcares en forma de lactosa, proteínas, micronutrientes y anticuerpos que lo protegen de enfermedades. La alimentación puede influir en la composición de la leche, sobre todo, la ingesta de alimentos alérgenos.

La alimentación del niño en su primer año de vida es decisiva para potenciar las defensas naturales de su organismo frente a alérgenos alimentarios. La mejor forma de prevenir estos problemas consiste en mantener la lactancia materna exclusiva 6 meses y retrasar la introducción de alimentos potencialmente alergénicos como aquellos que contienen gluten (papillas con trigo, avena, cebada o centeno), leche de vaca, huevos, pescado y soja hasta pasada cierta edad; sobre todo cuando existen antecedentes genéticos familiares que predisponen a sufrir alergias.

Hay algunas situaciones muy excepcionales donde la leche materna, en lugar de ser beneficiosa, puede ocasionar problemas al recién nacido, por ejemplo, si el bebé presenta intolerancia a la lactosa debido a que el intestino del pequeño no produce una cantidad adecuada de lactasa que es la encima que se encarga de degradar la lactosa. Este trastorno se presenta en ocasiones en los recién nacidos o en la población infantil en general, aunque los síntomas de la intolerancia no aparecen antes de los 3 años.

Que el bebé presente alergia a la leche materna no es la definición correcta, en realidad, y para ser más concretos, la alergia se debe a los alérgenos que la madre ha ingerido en su dieta y que pasan a la leche. En ocasiones, este problema es fácil de eliminar, basta con cambiar la dieta de la madre los productos que pueden transmitir estos alérgenos (sustancias que causan reacciones alérgicas), que son generalmente los chocolates, los huevos o las nueces.

Las alergias se presentan más comúnmente en hijos de padres alérgicos, aunque puede ser que los padres no sean alérgicos y el bebé tenga cierta sensibilidad. Si se percibe que el bebé reacciona negativamente a la leche, lo primero que se debe hacer es acudir al médico para que haga un diagnóstico de lo que está sucediendo. Es muy importante que se consulte al médico en cuanto se detecte algún comportamiento extraño en el bebé para evitar prolongar la situación y que se agrave.

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Él ayudará a buscar la sustancia que produce reacción en el bebé, aunque hay que ser paciente, y asociar la respuesta del bebé a la ingesta que se toma. Probablemente recomienden eliminar los alimentos más alergénicos de uno en uno, dejando un margen de dos semanas para ver la respuesta. Una vez encontrado el alimento causante de la alergia, no es necesario que se evite para siempre, ya que depende de la gravedad de esta.

La alergia a las proteínas de leche de vaca es la alergia alimentaria más común en bebés y niños pequeños. Entre el 2 y el 8 por ciento de los bebés la padece, pero no siempre es diagnosticada de forma rápida y concreta. Las proteínas de la leche de vaca pueden pasar a la leche de la madre y llegar al bebé. Algunos bebés alimentados con pecho desarrollan alergia o intolerancia a dichas proteínas por tratarse de sustancias antigénicas extrañas que pertenecen a otro animal.

La alergia a las proteínas de leche de vaca es un cuadro más grave que la intolerancia. Se desencadena con pequeñas cantidades de proteínas lácteas. Puede producir urticaria y reacciones alérgicas importantes. En la intolerancia los síntomas pueden ser eccemas, diarreas, fisuras anales, llanto, cólicos y dolor abdominal.


Ambos cuadros pueden aparecer cuando al bebé se le da alguna toma de fórmula artificial o bien cuando la madre toma lácteos. Normalmente, la intolerancia desaparece con el tiempo.

Existen dos tipos de alergias alimentarias, y una suele ser más sencilla y rápida de diagnosticar que la otra:

Por un lado, están las alergias cuyos síntomas suelen ser inmediatos a la ingesta del alimento alérgeno. Los síntomas más característicos son las erupciones cutáneas: el bebé comienza a llenarse de ronchas o granitos alrededor del área de la boca, barbilla, cuello u otras partes del cuerpo. Además, pueden aparecer otros síntomas asociados como dificultades respiratorias, silbidos o hinchazón de párpados y labios. Al tratarse de síntomas muy llamativos y de brusca aparición tras la toma, el diagnóstico no suele hacerse esperar.

Y, por otro, están las alergias que no tienen síntomas instantáneos, y que tardan más en aparecer. Esto hace que muchos bebés sean diagnosticados tras días, semanas o incluso meses de pasarlo realmente mal. Algunos de estos síntomas pueden ser reacciones cutáneas en forma de eccemas o dermatitis, reflujo, irascibilidad, estancamiento o pérdida de peso, dolor abdominal o vómitos.

 

 


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Fuentes

- Guia de lactancia materna. Por AEPED.  https://www.aeped.es/sites/default/files/7-guia_baleares_esp.pdf

- Alergia a la leche. Por Clinica Mayo. https://www.mayoclinic.org/es-es/diseases-conditions/milk-allergy/symptoms-causes/syc-20375101

- Alergias alimentarias y lactancia materna. Por Asociación Sina. http://www.asociacionsina.org/2009/06/04/alergias-alimentarias-y-lm/

Fecha de actualización: 19-12-2018

Redacción: Cristina Rodríguez

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