Alergia a la proteína de leche de vaca en bebés

Alergia a la proteína de leche de vaca en bebés
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La alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV) es la alergia más común en lactantes y niños. Se produce cuando el sistema inmunológico de un niño identifica las proteínas contenidas en la leche de vaca como peligrosas, lo que desencadena una reacción alérgica. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con otros tipos de alergia, los niños afectados por la PLV pueden adquirir la tolerancia en los primeros años de vida.

¿Qué es la alergia a la leche de vaca?


Lo primero es distinguir entre alergia e intolerancia. A pesar de compartir algunos de los síntomas, la APLV y la intolerancia a la lactosa son dos afecciones totalmente diferentes que afectan al organismo de manera distinta.


La principal diferencia es que la APLV es una alergia alimentaria, lo que significa que el sistema inmunitario reacciona de forma exagerada ante una o más proteínas presentes en la leche de vaca.


Mientras que en una intolerancia, el organismo no puede digerir este nutriente. El sistema inmunitario no se ve implicado por lo que no se produce ninguna reacción alérgica. Síntomas como hinchazón, dolor abdominal, flatulencia o diarrea pueden ser signos de intolerancia a la lactosa. Ni la piel ni el aparato respiratorio suelen verse afectados.


En tanto que las reacciones en una alergia pueden ser leves o moderadas (erupciones, urticaria, picor lagrimeo, enrojecimiento ocular, irritación nasal, tos, asma, diarrea, vómitos) o graves (dificultad respiratoria, hipotensión, opresión torácica, palpitaciones o mareo, shock anafiláctico con riesgo de muerte).

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¿Se puede tratar?


El tratamiento consiste básicamente en la eliminación de las proteínas de la leche de vaca de la dieta mediante el uso de fórmulas especiales, como fórmulas derivadas de proteínas lácteas altamente hidrolizadas, de fórmulas derivadas de proteínas vegetales o de fórmulas elaboradas a partir de aminoácidos biosintéticos (fórmulas elementales).


La fórmula hidrolizada es una de las alternativas nutricionales en el tratamiento de la APLV  y está subvencionada en España por la Seguridad Social hasta los dos años por su elevado coste económico.


Generalmente, la alergia desaparece por sí sola cuando el niño tiene entre 3 y 5 años, aunque hay algunos niños que no la superan con la edad. De hecho, recientes estudios apuntan a que la duración de la alergia a la proteína de la leche de vaca está en aumento. Se considera mal pronóstico los niños que han alcanzado los 5 años y mantienen la alergia.


Adquisición de tolerancia a la APLV


En la 46ª Reunión Anual de la ESPGHAN (Sociedad Europea de Gastroenterología infantil, Hepatología y Nutrición) celebrada en Londres en mayo del pasado año, se presentaron los resultados de un estudio sobre la adquisición de la tolerancia a la proteína de la leche de vaca, publicado en la prestigiosa revista The Journal of Pediatrics.


La adquisición de tolerancia se define como la ausencia de respuesta inmune, es decir, el sistema inmune deja de reconocer al antígeno (proteína de la leche) como algo extraño y por tanto deja de reaccionar ante él.


Conseguir cuanto antes la tolerancia oral a la PLV es muy interesante desde el punto de vista nutricional y para asegurar un crecimiento normal del niño a través de una dieta no restrictiva en lácteos.


Según las principales conclusiones de este encuentro, más de un 3% de los niños de todo el mundo con edades inferiores a 12 años tienen alergia a la PLV. La PLV puede encontrarse en productos aparentemente no lácteos pero que contienen proteínas lácteas en su composición como salsas, embutidos, carnes congeladas, aperitivos salados o chucherías. La adquisición de la tolerancia a la PLV permite a los lactantes y bebés incluir en su dieta alimentos lácteos, algunos tipos de queso, yogures y postres lácteos.


Las conclusiones muestran que un número significativo de niños con APLV que recibieron una fórmula extensamente hidrolizada de caseína que incluye Lactobacillus rhamnosus GG (LGG), adquirieron más rápidamente la tolerancia a la proteína de la leche de vaca (PLV) que aquellos que recibieron otras fórmulas infantiles. En concreto, los niños que no han sido alimentados con una fórmula extensamente hidrolizada que contiene el probiótico LGG no adquieren la tolerancia hasta los 3 o 5 años de vida, frente a los 12 meses que tardan los que sí lo han hecho.


Hasta ahora, el protocolo de tratamiento consiste en la eliminación de la PLV de la dieta ya que a diferencia de lo que ocurre con otras alergias alimentarias, la mayoría de los pacientes con alergia a la PLV desarrollan la tolerancia oral por sí mismos. No obstante, cuanto antes se desarrolle esta tolerancia, antes se podrá abandonar la dieta exenta de proteínas de leche de vaca.


En este sentido, el Dr. Luis Echeverría Zudaire de la Unidad de Neumología y Alergia Infantil del Hospital Universitario Severo Ochoa (Leganés-Madrid) y Coordinador del Grupo de trabajo de Alergia alimentaria de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergia y Asma Pediátrica (SEICAP) señala “la eliminación de la PLV de la dieta limita de forma importante la vida del niño y de su familia, sobre todo si la alergia persiste por encima de los 4 años de vida. Por tanto, que el paciente sea capaz de tolerar la leche cuanto antes supone un gran beneficio para el propio paciente y para su familia”.


Sobre el impacto de la alergia a la proteína de leche de vaca en el propio niño y en el entorno familiar, Silvia Álava, Psicóloga Clínica y Directora del Área Infantil del Gabinete Psicológico Álava Reyes, señala que “los padres de estos niños pueden sentirse inseguros porque en un primer momento no saben que alimentos pueden tomar sus hijos, pueden sentirse culpables por no haberse percatado antes de la alergia o pueden sentir una responsabilidad extra para evitar que el niño ingiera aquellos productos que contengan trazas de leche”. Por otra parte, Álava indica “actividades de la vida cotidiana como hacer la compra, cocinar o llevarle a un cumpleaños suponen un tiempo y esfuerzo extra para estos padres que a menudo pueden llegar a sentir que su entorno les trata como exagerados aun cuando las consecuencias de un ataque alérgico pueden ser fatales”.


Junto con el impacto en la vida familiar, el manejo de la alergia a la PLV también impacta en la utilización de recursos del sistema sanitario. De hecho, se estima que los bebés con alergia a la PLV visitan a su pediatra 18 veces al año tras ser diagnosticados -una carga importante para las familias y los servicios de salud.


Por su parte, el Dr. Pablo Ferrer González, Especialista en Gastroenterología y Nutrición Pediátrica del Hospital de Requena (Valencia) considera “es importante conseguir cuanto antes la tolerancia oral a la PLV y normalizar cuanto antes la dieta de estos niños, lo que supone un importante beneficio para el niño y su familia".


Fuente: Jornada ‘Adquisición de una rápida tolerancia oral a la proteína de leche de vaca: implicaciones y beneficios’ organizada por Mead Johnson Nutrition


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