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Cómo proteger a los niños del cloro de la piscina

Cómo proteger a los niños del cloro de la piscina

No hay duda que disfrutar de la piscina es casi una parte esencial en el verano de los niños (y de muchos adultos). A menudo estas piscinas están tratadas con compuestos que, aunque necesarios, pueden resultar irritantes o dañinos ¿Cómo podemos evitar los riesgos de los compuestos sin renunciar a esos refrescantes y divertidos baños?

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Para los que no vivimos cerca de la playa, la piscina es la alternativa para no morir de calor en verano. Permite una diversión refrescante, al aire libre y encima haciendo un ejercicio muy positivo.

La gran mayoría de piscinas contienen en sus aguas un componente para muchos conocido: el cloro. El cloro es el método más popular de desinfección de piscinas. ¿Por qué? Una de las razones principales es que es el más barato y que es efectivo. El cloro es un compuesto presente en la naturaleza pero que, además, creado de manera artificial se emplea para reducir los niveles de microorganismos, es decir, para la desinfección.

Así, es un elemento necesario para evitar la propagación de enfermedades infecciosas en elementos como el agua. Por eso está presente, en pequeñas cantidades, en el tratamiento del agua que bebemos o, en mayores cantidades, en espacios comunes de agua como las piscinas.

Cuando es usado adecuadamente evita que la piscina se convierta en una sopa de bacterias y virus. Junto a otros elementos como el bromo, protege a los usuarios de piscinas de bacterias como la Salmonella o el E. Coli, que causan infecciones gastrointestinales, u otras como la Pseudomonas aeruginosa, causante de infecciones urinarias o neumonía.

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No obstante, a pesar de que su necesidad para el tratamiento de aguas, no hay que olvidar que se trata de un elemento irritante, por eso debe usado dentro de unos límites. Aunque no hay estudios concluyentes, muchos, como el realizado por la Sociedad Europea Respiratoria (ERS en sus siglas en inglés) vinculaban la exposición a los compuestos presentes en las piscinas con un mayor riesgo de desarrollar asma o alergias. Además, su condición irritante hace que reseque piel, ojos y pelo.

Minimizar los riesgos

- Ducha antes y después de la piscina. El hecho de que en una piscina se insista en la obligatoriedad de darse una ducha antes de entrar al agua es señal de una buena política de higiene. Y es que la mezcla del cloro con materias como el sudor o la orina provocan que se cree la cloramina y aumentan la toxicidad del agua. Así, una ducha antes de entrar reduce la cantidad de compuestos dañinos. Y después permite eliminar la parte del cloro que quede en la piel, pelo y ojos, limitando sus efectos irritantes.

- En piscinas privadas, buscad desinfectantes alternativos. Como hemos dicho, la desinfección de la piscina es imprescindible. Hay métodos que permiten complementar la acción del cloro para mantener el agua limpia sin tener que recurrir a los desinfectantes habituales. La radiación ultravioleta, por ejemplo, permite mantener las piscinas limpias reduciendo la cantidad de químicos. Otro método son cápsulas como las Care Pods de CTX, que permiten desinfectar la piscina usando una menor cantidad de cloro y bromo en el agua.

- Proteger ojos y piel. Usar gafas de buceo ayudará a reducir en gran medida la irritación y riesgo de conjuntivitis en los ojos. Y darse una ducha, aunque sea solo de agua, tras el baño e hidratar la piel, la protegerá de la sequedad que supone el agua de piscina.

No hay que olvidar que los niños disfrutan como pocos de la piscina, y que la natación es uno de los mejores deportes para niños y adultos. Por eso, lo ideal es buscar alternativas con las que ni nosotros ni ellos tengamos que renunciar a la diversión de la piscina o a tener que estar limitando o contabilizando el tiempo que pasamos en ella. 


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Fecha de actualización: 20-01-2020

Redacción: Irene Gómez

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