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¿Cómo ayudar a mi hijo a no ser agresivo?

¿Cómo ayudar a mi hijo a no ser agresivo?

En la infancia, los ataques de agresividad suelen ser normales, pero será necesario controlarlos ya que pueden causarles, daño, ya sea físico o psicológico. Las conductas como pegar a otro, ofenderlos, burlarse, usar palabras inadecuadas para llamar a los demás, son algunas de las formas de agresión infantil; cuando algunas de estas conductas persisten y son incapaces de controlar su mal genio, los niños pueden sentirse frustrados, causando sufrimiento y rechazo de los demás.  La frustración desarrolla conductas agresivas.

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La conducta agresiva de un niño es un comportamiento aprendido, por lo que se puede mejorar con la intervención de padres y maestros.  Los castigos físicos no son aconsejables en ningún caso, ya que sería contraproducente (se imita la agresividad y aumenta la ansiedad del niño). Si nos empeñamos en cambiar la conducta agresiva con paciencia y perseverancia, seguramente solucionaremos el problema.


De acuerdo con algunos especialistas en conductas infantiles, será importante identificar el tipo de conducta, es decir, de qué forma expresan su agresividad (patalea, grita), con qué frecuencia se repite la conducta y qué la generó, cuál fue la respuesta, y cuándo y en qué momentos son más frecuente los ataques agresivos. Será importante reducir los estímulos que provocan la conducta agresiva y enseñarle al niño a permanecer en calma ante una provocación. Podremos felicitar a los niños cuando lleven a cabo un juego cooperativo y asertivo.

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Evitemos el contacto del niño con los modelos agresivos, mostrándole que hay otras vías para solucionar los conflictos, utilizando el diálogo, el razonamiento, la negociación, etc. Si los niños ven que los adultos resuelven los conflictos con tranquilidad, tratarán de imitar esta forma de actuar.


Cuando el niño no puede controlar sus impulsos agresivos provoca a un adulto, ya que no puede con todo y necesita de un “no hagas eso” que le permitirá encontrar un punto de equilibrio y controlar su enojo. Del mismo modo que se les enseña a caminar, hablar o comer a los niños, también debe enseñárselas a controlar su agresividad (disciplina con constancia), responde a cada episodio de agresividad de la misma forma que lo hiciste la última vez.  Si uno de los padres es permisible y el otro controlador confundirá al niño y probablemente se rebelará.


Espera a que esté calmado y platiquen tranquilamente sobre lo que pasó, explícale de forma breve que es natural que se enoje, pero que no está bien que lo demuestre pegando, pateando o gritando, enseñémosle alternativas como el diálogo, la negociación o pedir ayuda a un adulto.  Anímalo a ofrecer disculpas, tal vez al principio no sean muy sinceras, pero con el tiempo irá comprendiendo que es una buena opción.


Algunos programas infantiles (dibujos animados o series) a menudo contienen mucha violencia presentada como algo cómico (gritos, empujones, golpes, malas palabras), por lo que será conveniente limitar el tiempo frente al televisor o acompañarlos a verlos y hacer las observaciones pertinentes cuando haya terminado el programa.


Si tu hijo es muy activo y no tiene la oportunidad de gastar esa energía fuera de casa, se vuelve un verdadero torbellino dentro de ella, por lo que será importante que le permitas correr, saltar o jugar a la pelota, la actividad física ayudará a los niños a gastar sus energías y si son al aire libre mejor (pueden ser también actividades que le gusten como natación, futbol, baile).


Si tu niño se muestra agresivo por más de dos o tres semanas, parece asustar o molestar a otros niños, ataca a los adultos y tus intentos de aliviar la situación no parecen tener resultados, no dudes en consultar a su médico o a un especialista en conductas infantiles para que juntos podáis encontrar la base del problema y ayudar a tu niño a solucionarlo.


Recordemos algunas causas que pueden ser detonantes de conductas agresivas en los niños:


- Violencia dentro del entorno familiar.

- Vivir situaciones específicas como duelos por pérdida de alguna persona o mascota, pérdida de objetos de valor, mudanzas, cambios de escuelas.

- Víctima de violencia familiar o escolar.

- Ausencia de uno de los padres en el hogar.

- Presenciar actos injustos o incoherentes.

- Baja tolerancia a la frustración.

- Ausencia de límites claros.

 

Sin duda alguna el hogar siempre será el principal lugar donde los niños reforzarán su autoestima, recibirán amor, seguridad y protección que le ayudarán a superar las conductas agresivas.


Fecha de actualización: 04-09-2018

Redacción: Irene García

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