Cómo castigar a un niño... y a un bebé

Cómo castigar a un niño... y a un bebé
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Hablar de reglas y de límites, incluso imponerlos, no parece complicado. Lo difícil es conseguir que los niños cumplan esas reglas y respeten los límites. Parece simple determinar que la hora de acostarse son las 9. Y que después se lee un cuento, se da un beso y se apaga la luz. Lo arduo es hacer que esta, en principio, sencilla regla sea cumplida noche tras noche, sin intentos –cada vez más sofisticados- de estirar de la cuerda. Primero será un “déjame un poquito más”, después, si no funciona esta estrategia, declarará la guerra sin pensarlo: “no me voy a la cama porque no quiero”. Una noche en particular puede ser más fácil –y menos agotador- ceder a sus tácticas; se evitan lloros, gritos y rabietas, pero has de saber que esta aparente sencillez, es sólo un espejismo
 

Entonces… ¿qué hacemos cuándo esto sucede? ¿Dialogar o castigar? Todos los padres se encontrarán tarde o temprano con este dilema. Según los expertos, estos dos principios no tienen por qué ser contradictorios, sino todo lo contrario.

El niño construye su bienestar afectivo alrededor de los siguientes principios:

- Tengo derecho a hacer todo lo que quiera

- Yo soy el centro del universo

- Puedo tener lo que desee

- Quiero todo y lo quiero ahora

Dentro de este contexto, el adulto debe ayudar al pequeño a socializarse, esto implica inculcar disciplina con el fin de que cumpla las reglas, respete los límites y aprenda la noción de frustración, indispensable para su integración en la vida social. El aprendizaje de esta frustración pasa inevitablemente por la sanción. Sin embargo, para que el castigo sea eficaz, además de inmediato, debe ser explicado al niño por medio del diálogo. Diálogo que en el caso de emplearse solo, no siempre será suficiente para solucionar los conflictos. Por el contrario, si va asociado a la sanción, permitirá al niño comprender la noción de compromiso, que no puede adquirir simplemente con la palabra.

Por muy justa que sea la regla y por muy persistentes que sean los padres, siempre hay situaciones en las que el niño no respeta los límites acordados. Por ello, no vale la pena crear normas si no coexisten penalizaciones para quien no las cumple. A partir del momento en que la regla es interiorizada por el pequeño y éste no la cumple, tiene que saber que habrá consecuencias.


¿Castigo o sanción?

Lorena del Hoyo, psicóloga infantil y logopeda, matiza haciendo una clara diferencia entre castigo y sanción: “Son dos conceptos totalmente diferentes. El azote, el grito, la reprimenda, o el irse a la cama sin un beso son cosas totalmente diferentes a lo que es el coste de respuesta o sanción; ésta tiene además unas reglas bien definidas y efectivas de aplicación y efectos deseables en el aprendizaje, a la vez que facilita la vida diaria igual o más que el castigo.”


¿Cuándo usar el castigo?

Lorena, según el principio básico de la teoría del aprendizaje, defiende que el camino más corto y efectivo para aprender es “motivar y reforzar la conducta que deseamos que se repita. Por lo que es mucho más efectivo y recomendable, motivar la conducta deseable que castigar o sancionar la conducta inadecuada.”

Así, sólo en unos casos concretos puede ser más efectivo (o tal vez la única alternativa) el castigo, que otros métodos educativos:

1) Cuándo el niño tiene una conducta que pone en peligro su integridad física o la de otros. De hecho lo que hacemos castigando esta conducta es evitar un castigo que vendría dado de manera natural por la propia conducta pero que tendría unas consecuencias mucho peores que las que aportamos nosotros con el castigo.

2) Cuándo el refuerzo que consigue con la conducta indeseable, es más potente que cualquier recompensa que pudiéramos ofrecerle nosotros por llevar a cabo la conducta deseada.

3) Cuándo no existe conducta alternativa deseable que enseñar.


El castigo como método educativo

“Si el castigo ha sido utilizado y aún hoy en día sigue utilizándose es porque sin duda tiene un efecto inmediato sobre la conducta del niño”, afirma Lorena. “Sin embargo debemos saber que con el castigo el niño no aprende, sólo conseguimos que evite un problema”.

Según la psicóloga conviene evitar el castigo como método educativo porque:

- Puede dar lugar a sentimientos de miedo entre padres e hijos.

- El niño aprenderá conductas de evitación y de huída, con respecto a la situación y con respecto a la persona que castiga. Por tanto estaremos enseñando a nuestros hijos a "escurrir el bulto" para evitar el castigo o a elaborar mentira.
 

Siempre

Avisos: Es positivo avisar de que tendrá que irse a la cama o realizar cualquier otra tarea 15 minutos antes. Los avisos le ayudarán a establecer límites y a estar preparado para lo que va a acontecer.

Hacer una pausa: Cuando está demasiado excitado, puedes mandarle que se siente en una silla para parar y descansar. Esta pausa le calmará.

Repetir las cosas de forma correcta: Cuando los niños actúan de forma incorrecta, es constructivo que repitan la acción de forma correcta.


A veces 

Quitarle los juguetes: Sólo deben prohibirse los juguetes cuando el motivo esté relacionado con un uso adecuado de los mismos, es decir, cuando el niño los maltrate, pegue a alguien con ellos, se niegue a prestarlos o no quiera ordenarlos, por ejemplo.

Cancelar actividades agradables: Debes dejar claro el motivo de la sanción. Si el niño montara una rabieta en el parque, debe saber que actúas así porque su comportamiento no es aceptable en espacios públicos.

Prohibir la televisión o videojuegos: Esta medida debe tener relación con el motivo que la desencadenó. Si el niño no deja de ver la televisión a la hora fijada, al día siguiente no debería poder sentarse a ver los dibujos.


Nunca

Compararle con otros niños: Las comparaciones negativas con otros interferirán en su autoestima.

Humillarle: Sólo conlleva a que el niño niegue lo que ha hecho, en lugar de reconocer su error o intentar modificarlo.

Dejarle sin cenar o utilizar la comida como recompensa: Hay que tener especial cuidado con esta medida porque el niño puede entrar en el juego, negándose a comer. Cuando la comida se transforma en un castigo o una recompensa, los hábitos alimenticios pueden  perturbarse.

Retirarle el cariño: Decirle a un niño que un determinado comportamiento va a causar que sus padres no le quieran, puede traer consecuencias muy graves. El resentimiento puede conducir a problemas de conducta serios.

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Cómo castigar

A la hora de llevar a cabo un castigo debes tener en cuenta una serie de pautas:

1. Elige un castigo que reduzca la conducta no deseada: El castigo sólo es eficaz si hace que disminuya la probabilidad de que una conducta se repita. Después, no se debe olvidar observar los efectos que tiene el citado castigo.

2. Usa el castigo con moderación: Si se usa demasiado a menudo, el niño se acostumbra y dejará de ser eficaz.

3. Usa el castigo combinado con técnicas positivas: Al aplicar esta técnica, asegúrate de que también estás proporcionando “disciplina positiva”. Para animar al niño de forma deseada, se deben definir, enseñar y recompensar las conductas que se quieren establecer.

4. No retrases el castigo: Se debe aplicar inmediatamente después de que el niño emita la conducta negativa. Las conductas se controlan mediante consecuencias inmediatas.
Explica siempre las consecuencias: informa al niño de cuáles son las reglas y las consecuencias que seguirán si no las respeta.

5. Sé firme: El castigo eficaz no sólo es inmediato, sino también predecible por el niño. La falta de consistencia y las amenazas vanas llevan a que la conducta indeseada se convierta en más firme y resistente al cambio.

6. Da una oportunidad para la buena conducta: El efecto inmediato del castigo es enseñar al niño lo que no debe hacer, pero hay que darle oportunidad para que demuestre lo que ha aprendido.

7. El castigo corporal debe evitarse. El enfado de los padres, la retirada de atención o el coste de respuesta son siempre más efectivos que el castigo físico y no se produce la humillación que supone éste.


 

 


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Fuentes: Centro de Educación Infantil Cangurito. Lorena del Hoyo, psicóloga infantil y directora de Edin: Evaluación y desarrollo integral del niño.

Redacción: Lola García-Amado

1 Comentarios

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  1. Anónimo

    "yo tengo una nena 10 meses pero esta muy grocera y malcriada que devo hacer esoss casas".

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