Terapia psicológica para niños obesos

Terapia psicológica para niños obesos
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La obesidad en la infancia, sobre todo a partir de los diez años, puede ser un factor determinante de obesidad en la edad adulta y tener riesgos para la salud, que incluyen tanto problemas físicos como psicosociales. Hasta que el niño tiene 12 años, los padres somos los principales agentes del cambio, por lo que el tratamiento psicológico va dirigido hacia nosotros, pero desde los 8 años los niños pueden participar en el tratamiento.

La terapia psicológica que se emplea en caso de obesidad no es que el niño haga dieta, sino enseñarle, a él o a los padres, a que tenga una dieta o estilo de alimentación que encaje con sus necesidades, y que pueda mantener a lo largo del tiempo.

Debemos tener en cuenta que comer es una de las conductas más importantes que realizamos, y que está muy relacionada con el estado emocional de la persona y la manera de vincularnos con los demás. Es decir, cómo comen nuestros hijos está estrechamente vinculado con cómo se sienten por dentro, su nivel de autoestima, sus problemas, su nivel de satisfacción o insatisfacción, y cómo se relacionan con otros.

Lo principal es encontrar el origen del problema, que puede ocurrir por distintas causas.

Si un niño tiene una sensación de vacío por dentro, se siente solo, no es escuchado ni comprendido, o se exige mucho de él, es posible que coma para intentar calmar dicho vacío. Al mismo tiempo, la obesidad y la comida se pueden convertir en una manera de llamar la atención de los padres, que empiezan a preocuparse por él, llevarle al médico y, en definitiva, hacerle más caso. Aunque sea de esta manera, el niño se siente más atendido por sus padres.

El estrés también suele ir de la mano de unos peores hábitos alimentarios, se come a mayor velocidad, y en mayores cantidades. Además, se utiliza la comida para calmar la ansiedad y, los alimentos que se consumen para esto, no suelen ser los más saludables. Muchos niños tienen acceso libre a la nevera o a la despensa, donde guardamos los helados, las chocolatinas o la bollería, y  muchas veces no podemos estar pendiente de ellos las 24 horas, por lo que no nos damos cuenta cuando se dan esos atracones.

Pero, además de la ansiedad, se debe trabajar en otras áreas como la educación nutricional, el control de los impulsos, la capacidad de planificación, la estructuración del tiempo y las actividades, que también tienen mucha influencia en la conducta alimentaria.

La terapia psicológica para la obesidad debe ser un complemento a la intervención médica y nutricional. Cuando se intenta abordar la obesidad infantil únicamente desde la perspectiva nutricional y médica, no se contempla la realidad emocional, psicológica y vincular del niño, por lo que se deja fuera una parte muy importante de su vida, lo que lleva a que en muchos casos la intervención no tenga éxito.

La obesidad infantil es un problema que no debe tomarse a la ligera, y que puede tener consecuencias muy graves para el niño en las distintas etapas de su vida:

Dentro de los problemas físicos se asocia con un aumento del riesgo cardiovascular, diabetes mellitus tipo 2, presión arterial alta y trastornos ortopédicos como pie plano. Algunos de los trastornos psicosociales son baja autoestima, imagen corporal negativa, depresión, estigmatización, estereotipos negativos, marginación y aislamiento.

A corto plazo

Las consecuencias más frecuentes son las relacionadas con la socialización del niño. Desde edades muy tempranas, el pequeño con exceso de peso es tratado y descrito despectivamente por sus compañeros de clase, lo que puede llegar a causarle problemas de aislamiento.

A medio plazo

Las alteraciones más comunes a causa de la obesidad infantil son las ortopédicas, respiratorias y cutáneas.

A largo plazo

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Terapia psicológica para niños con problemas de aprendizaje

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Los trastornos del aprendizaje engloban una serie de dificultades en la adquisición y uso de las habilidades del habla, escritura, razonamiento o matemáticas. Estos trastornos complican el aprendizaje del niño y afectan a su rendimiento escolar, por lo que es importante detectarlos cuanto antes para buscar la ayuda profesional necesaria que, en algunos casos, puede incluir la terapia psicológica.

Supone un notable aumento del riesgo de obesidad en la edad adulta. Aproximadamente un 75% de los adolescentes obesos lo serán también de adultos

¿Cómo puedo saber si mi hijo es obeso?

Lo mejor para saber si una persona, ya sea niño o adulto, padece sobrepeso u obesidad es calcular su Índice de Masa Corporal (IMC). Para ello, hay que tener en cuenta el peso, la altura, la edad y el sexo de la persona.

El IMC se calcula dividiendo el peso corporal en kilogramos entre la estura en metros al cuadrado (kg/(estatura m)2 ). Si el valor obtenido oscila entre 25 y 30 se considera que existe sobrepeso. Un cociente mayor a 30 se considera obesidad

¿Qué podemos hacer en casa para ayudarle?

Una vez hayamos hablado con el pediatra, nutricionista o psicólogo, nos darán una serie de pautas que podemos poner en práctica para acabar con la obesidad del niño, entre estas podemos encontrar:

- Aumentar la ingesta de frutas y verduras y eliminar poco a poco la comida basura, las grasas, los refrescos con gas y los zumos con azúcares. El proceso de eliminación de estos alimentos puede resultar duro para el niño, ya que no está acostumbrado, por ello debe realizarse poco a poco en lugar de retirarlos de repente. No debemos caer en utilizar la comida basura como premio, o dárselos cuando los demande constantemente solo para que no nos moleste.

- A la hora de cocinar, intentar que todo sea a la plancha, al horno o al vapor, en lugar de frito. Y reducir la pasta a una vez por semana.

- Sustituir las golosinas, chucherías o snacks por un alimento más sano, como una fruta.

- Implementar la actividad física y evitar el sedentarismo. Debemos sustituir sus actividades sedentarias, como mirar la tele o jugar con la consola, con actividades al aire libre donde se fomenten los juegos con otros niños y el movimiento.

- Dar ejemplo. Nosotros también debemos implicarnos en esta nueva vida sana, pues no sirve de nada decirle a nuestro hijo que no puede comer ciertos alimentos, o que debe reducirlos, si nos ve a nosotros comerlos a todas horas.

- Pero, sobre todo, debemos ser pacientes, los cambios no se producirán de un día para otro, sino que será todo un proceso.


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Fuentes:

- Obesidad infantil, la importancia del papel del psicólogo. Por Clínica Obésitas. https://www.clinicasobesitas.com/actualidad/psicologo-obesidad-infantil/

- Tratamiento psicológico de la obesidad infantil: principios principales y trampas. Por Ellen Moens, Julie Latomme y Caroline Braet. https://ebook.ecog-obesity.eu/es/evaluacion-psicologica-alteraciones/tratamiento-psicologico-de-la-obesidad-infantil-principios-principales-y-trampas/

Foto: Freepik.com

Fecha de actualización: 13-03-2019

Redacción: Cristina Rodríguez

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