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Riesgos del consumo excesivo de proteínas en niños

Riesgos del consumo excesivo de proteínas en niños

Los tres primeros años de vida marcan en muchos aspectos la salud futura de esa persona, especialmente en lo referente a la alimentación. Una dieta correcta en esta primera etapa de su vida puede reducir los riesgos de padecer sobrepeso u obesidad. ¿Quieres conocer cuáles son las recomendaciones básicas en nutrición para estos años?

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Recientemente se celebró el Simposio Mediterráneo de Obesidad, promovido por Danone Baby Nutrition, en el que más de un centenar de expertos de diferentes disciplinas se reunieron para tratar la nutrición durante la gestación y en los primeros 1.000 días de vida del bebé.

El objetivo primordial de este Simposio era instaurar las bases de las recomendaciones de nutrición para tratar de reducir, mediante una adecuada y precoz estrategia nutricional, el impacto de la obesidad. Con qué tipo de alimento iniciar la nutrición de los niños, cuándo comenzar con las fórmulas infantiles de alimentación, a qué ritmo se deben introducir cada uno de los grupos de alimentos, qué variedad escoger y en qué cantidades, etc.

La Organización Mundial de la Salud estima que la incidencia de enfermedades no comunicables (que suponen más de un 60% de todas las muertes) se elevará un 17% en la próxima década. Entre estas enfermedades, la obesidad y el sobrepeso tienen un especial protagonismo, provocando directamente hasta 2,8 millones de fallecimientos.

“La obesidad es la pandemia del siglo XXI”, afirmó en este foro la Vocal Asesor de Coordinación Científica de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), Ana Canals; de hecho, detalló, que “hasta 5 de los 10 principales factores de riesgo asociados con las enfermedades no transmisibles están relacionados con los hábitos nutritivos y la actividad física” y, lo que es más importante, “todos ellos pueden ser modificados satisfactoriamente”, subrayó Ana Canals.

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Kilos de más en el embarazo

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Los trastornos digestivos provocados por los cambios hormonales durante el embarazo (náuseas, vómitos, ardores, dolor de estómago, antojos, etc.) suelen provocar un desequilibrio en la nutrición de muchas mujeres quienes, como consecuencia de dichos trastornos, eliminan comidas o por el contrario, se atiborran a alimentos poco adecuados. El resultado, unos cuantos kilos de más.

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“La lucha contra la obesidad debe empezar desde el periodo periconcepcional”, en opinión del Dr. José Manuel Moreno, pediatra de la Unidad de Nutrición del Hospital 12 de Octubre de Madrid, “aunque tiene que ser una tarea continua, que se prolongue a lo largo de toda la vida”. Sin embargo, advierte que “hay etapas de la vida, sobre todo en los primeros años, que tienen una mayor influencia en la salud posterior”. Así, a juicio de este experto, “cuanto antes se inicien unos hábitos de vida saludables, donde es clave la alimentación sana y equilibrada, más salud futura se garantizará”.

La obesidad en un problema de salud complejo cada vez más extendido. Por ello, recomendó el Prof. Gianvincenzo Zuccotti, del Departamento de Pediatría del Hospital Luigi Sacco, de Milán y la Universidad del Estudio de Milán (Italia), “la estrategia de prevención de la obesidad será más efectiva si se lleva a cabo lo antes posible, atendiendo a todos los factores implicados y conociendo bien e interviniendo en los hábitos dietéticos de la población”.

Se ha establecido un periodo simbólico, de mil días, en el que “nos jugamos gran parte de la salud futura”, insiste el Dr. Moreno. Incluso está en marcha una iniciativa bajo este título (www.thousanddays.org) que pretende concienciar sobre la “importancia del capital de salud que se acumula en este periodo de tiempo”, apuntó la Dra. Claudine Junien, profesora de Genética y representante de la sociedad francófona “Orígenes de la Salud y la Enfermedad en el Desarrollo” (SF DOHaD). Y es que, como defendió el Dr. José Manuel Moreno, “aunque todas las intervenciones que se hagan sobre los hábitos de vida y de nutrición después de los mil días son positivas, no resultan tan eficaces y son más costosas que las llevadas a cabo en estos primeros meses de vida y durante la gestación”.

 

Recomendaciones básicas

Para luchar contra esta “plaga” del siglo XXI, lo primero es la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses y, cuando la lactancia ya no es posible, se aconseja “el empleo de leches de continuación que provean el aporte energético y las cantidades de macro y micro nutrientes necesarios para las necesidades del niño durante los tres primeros años”, según el Dr. José Manuel Moreno.

Y es que un excesivo consumo de proteínas a edades tempranas se asocia con un aumento del riesgo posterior de tener obesidad. El Prof. Carlo Agostoni, del Departamento de Ciencias Clínicas y Salud de la Comunidad de la Universidad de Milán, señaló que “la elevada ingesta de proteínas tiene un papel clave en la síntesis de factores que promueven el crecimiento”. De la misma forma, el Prof. Angelo Pietrobelli, de la Unidad de Neonatología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Verona (Italia), concretó que “el consumo excesivo de proteínas en el segundo año de vida induce la presencia de una mayor tasa de grasa en la infancia posterior”, recomendando “una apropiada ingesta de proteínas en los primeros años para facilitar un óptimo crecimiento y reducir el riesgo de sobrepeso, obesidad y de enfermedades cardiovasculares en etapas más avanzadas de la vida”.

Completando esta idea, la Dra. Marie-Françoise Rolland-Cachera, de la Unidad de Investigación Epidemiológica Nutricional de la Universidad de la Soborna (Francia), aclaró que “existe una creciente evidencia que relaciona el elevado consumo de proteínas en los estadios iniciales de la vida y el riesgo posterior de tener obesidad; sin embargo, no hay en la literatura científica evidencia consistente que ponga de manifiesto la asociación entre la ingesta de grasa en estas etapas incipientes de la vida y el aumento del riesgo futuro de obesidad”. De hecho, la propia Academia Americana de Pediatría ha recomendado recientemente que no se restrinja el consumo de grasa en niños menores de dos años (debiendo evitarse los ácidos grasos trans y las grasas saturadas).

De esta forma, se desmitifica el efecto negativo de las grasas en la alimentación de los niños en sus primeros años de vida; incluso, en estudio prospectivo de dos década de seguimiento (ELANCE Study) ha mostrado que una restricción del consumo de grasas en las edades más tempranas se asocia con un elevado nivel de grasa y de leptina sérica en el adulto. Por todo ello, advirtió la Dra. Rolland-Cachera, “consideramos que, en gran parte, el origen de la obesidad en los países industrializados podría deberse a un consumo elevado de proteínas y a una baja ingesta de grasas en los primeros años de vida”.

Asimismo, se ha recalcado la importancia de vigilar y extremar el cuidado de la alimentación de la embarazada (incluso antes de la concepción). Aparte de confirmar que determinadas dietas de la madre influyen sobremanera en la salud del feto, ahora se sabe también que “incluso estas dietas pueden tener un impacto distinto en la salud posterior del niño según el sexo del feto”, afirmó Pascale Chavatte-Palmer, Directora de Investigación en el French National Institute of Agricultural Research (Francia).

En este sentido, se ha comprobado en modelos animales (de ratones) que la administración en la madre de una dieta equilibrada durante el embarazo y la lactancia se vincula con importantes cambios en la susceptibilidad de la cría a desarrollar obesidad, con un marcado dimorfismo sexual en la placenta y en la cría asociado con rasgos epigenéticos específicos. “Estos hallazgos –apuntó la veterinaria Pascale Chavatte-Palmer- indican que la dieta materna antes y durante el embarazo tiene un significativo impacto en el desarrollo posterior de la cría y que, por lo tanto, pueden llevarse a cabo estrategias para minimizar los posibles efectos negativos”.

Además, como destaca el Dr. Moreno, “hay que individualizar las pautas de alimentación, así como ser constantes, prácticos y flexibles en la introducción de alimentos en los niños pequeños”, matizando que “la excesiva rigidez de los padres en la alimentación de sus hijos acarrea, entre otras consecuencias, la aparición de ansiedad que termina por afectar negativamente a la correcta alimentación del niño”.

 


Fuente:

Simposio Mediterráneo de Obesidad

Fecha de actualización: 11-04-2020

Redacción: Irene García

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