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¿Por qué los adolescentes gritan?

¿Por qué los adolescentes gritan?

En la adolescencia los comportamientos de nuestros hijos y nuestra relación con ellos suele cambiar. Empiezan a estar más irritables, parece que las cosas les molestan más y reaccionan ante eso: gritan, lloran, se encierran en su habitación… ¿Qué podemos hacer para mantener una buena comunicación?

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Índice

 

La adolescencia hoy en día


Tu hijo ha dado el salto al instituto, donde conoce a más adolescentes con otros gustos y otros problemas. Además, la carga escolar aumenta, pero a la vez se encuentra más cansado y no se ve capaz de llegar a todo con energía, como hacía antes. La falta de descanso o el estrés hacen que ciertos detalles les molesten y puede que piensen que todo el mundo va en su contra o que están solos en el mundo.

Sin duda, es más fácil buscar una solución a sus problemas o preocupaciones de manera externa. Lo difícil es hacer que se paren a razonar y se den cuenta de que no tienen de qué preocuparse si el asunto tiene solución.

Las nuevas tecnologías, el acceso a contenido inapropiado o los videojuegos violentos pueden calar en las mentes de nuestros hijos adolescentes.
 

¿Por qué llegan hasta el punto de gritar?


Las situaciones de estrés y malentendidos pueden desembocar en discusiones. Y en estas discusiones tu hijo adolescente va a querer hacerse oír. No le va a importar gritar, ya que, al fin y al cabo, ha visto a algún familiar levantar la voz, por lo que no considera que sea algo prohibido.

Además de querer hacerse notar, también busca ese papel de adulto. Él ya no se siente como un niño que simplemente llora al estar en desacuerdo con algo. A esta edad empieza a formar sus propios argumentos. Aunque intenten comportarse como un adulto, su cerebro aún no ha alcanzado el nivel de desarrollo de un adulto, y esto se hace de notar a la hora de mantener la calma cuando una discusión alcanza su pico.

Los adolescentes gritan, aunque su interlocutor no lo esté haciendo, para destacar así en la conversación y para mostrar su enfado, desconcierto o emoción que sientan en ese momento.

Cuando se llegue a este punto, lo mejor es intentar calmar el ambiente y pedir al hijo adolescente que intente expresar su opinión o sentimientos utilizando un vocabulario y tono adecuados. Si se ve incapaz, se le pedirá que se calme durante un rato y que vuelva cuando considere que razona sin que el enfado influya.

Habrá que mostrarle que, en la gran mayoría de casos, los gritos no llevan a ningún sitio, y que un problema no se va a solucionar antes por gritar más.

Una pregunta sencilla que se les puede formular es: “¿Puedes expresar lo que quieres, pero sin gritar por favor?”. Esto les hará recapacitar, intentarán calmarse antes de proseguir con su discurso y puede ayudarles también a pensar de forma más clara.
 

Cómo mantener una buena comunicación


Para evitar una discusión a base de gritos es importante mantener una buena comunicación previa para que el adolescente no busque el grito como única vía de escape de sus pensamientos. Aquí van algunos consejos que puede ayudarte:

- Entiéndelo e intenta ponerte en su lugar (aunque sea complicado): habrá situaciones que te plantee y con las que no estés de acuerdo, pero intenta ponerte en su piel para encontrar un punto intermedio entre lo que él quiere y lo que tú crees que es lo mejor. Por ejemplo, si quiere el móvil para hablar con sus amigos, pero tiene que estudiar, puedes proponerle que al menos tiene que estudiar dos horas antes de hacer un descanso y coger el móvil.

- Cuidado con las emociones: las emociones pueden confundirnos a veces y no llevarnos a encontrar la mejor solución. Hay que pensar y sentir a partes iguales.

- Las preguntas claras, mejor: aunque haya momentos en los que andemos con rodeos para intentar ablandar a nuestro hijo para que confiese algo, hay otras veces en la que los rodeos pueden perjudicarnos ya que el adolescente empezará a sentirse incómodo, como si estuviera en un interrogatorio y no querrá contestar más preguntas, y si lo hace lo hará de mala manera, o incluso desembocando en una discusión.

- No compares: las comparaciones son odiosas, y en la adolescencia lo puede ver como un ataque. Puede que otro niño de su clase haya sacado más nota en un examen, pero tu hijo destacará en otra cosa.

- Prémialo y felicítale cuando lo merezca: tenemos por costumbre dar más importancia a lo malo que a lo bueno, porque esperamos que lo bueno sea lo habitual. Puede que a tu hijo le haya costado mucho esfuerzo sacar un sobresaliente en ese examen, ¿qué tal si preparas de cenar algo que le guste mucho? Hacer que se sientan valorados y queridos mejorará su comportamiento.


Fuente:

Álava, Silvia (2016), Queremos que crezcan felices, Madrid, Actitud de Comunicación.

Fecha de actualización: 14-09-2020

Redacción: Laura Abad

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