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¿Por qué los adolescentes llevan la contraria?

¿Por qué los adolescentes llevan la contraria?

Los adolescentes son en realidad niños que se hacen grandes y de un momento a otro quieren convertirse en adultos. Sin embargo, no lo son. Estos adolescentes, además, empiezan a cambiar su comportamiento con la familia llevándole la contraria a sus progenitores, pero ¿por qué pasa esto? ¿Por qué los adolescentes cambian su comportamiento de la infancia? ¿Por qué empiezan a negarse a todo y a llevar la contraria a los adultos?

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Índice

 

¿Qué causa los cambios de comportamiento en los adolescentes?

Sí, efectivamente, a muchos adolescentes les da por llevar la contraria a sus progenitores y a estos, por supuesto, les acaba consumiendo la paciencia. En la época de la adolescencia (o de la rebeldía y el hacer lo que les da la gana) quieren comenzar a ser del todo independientes y empezar a tomar también las decisiones por sí mismos. Se trata, por tanto, de actitudes totalmente desafiantes que además se van a producir con más frecuencia cuando estos estén cansados, algo alterados o irritables, con hambre, o bien sufran algo de estrés. Y, aunque en realidad no se trata de una cuestión de rebeldía sino más bien de supervivencia, hay que frenarla en algunas ocasiones (y de cierta manera) para que esto no vaya a más y las consecuencias no sean peores.

Al decir en cierta manera, nos referimos en realidad a que no hay que tomar represalias y castigos constantes si en algunas ocasiones puntuales o determinadas nos llevan la contraria porque en realidad hay que comprender que existe una parte en la que el adolescente no se va a oponer a sus padres por el simple hecho de desobedecerlos y con ese único objetivo como tal sino que lo va a hacer especialmente para mantener viva su opinión y su integridad. De hecho, en la mayoría de los casos se comportan así para reivindicarse como personas.

Hay que tener en cuenta que la adolescencia es y será una etapa y un periodo de la vida muy cambiante, pero que a su vez se trata también de una época de introspección y aprendizaje intenso en la que dicen adiós a una infancia que ya no volverá. Sin embargo, esa etapa en la que la falta de control emocional en los adolescentes, y que en realidad no es culpa suya al 100%, necesita de su dominio. Además, antes o después ten en cuenta que todo se va a estabilizar y se alcanzará el equilibrio. Tu hijo adolescente va a volver en algún momento a comportarse de un modo racional, aunque mientras tanto es normal que necesites algunos consejos.

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¿Por qué los adolescentes se autolesionan?

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La autolesión suele comenzar en los primeros años de la adolescencia, cuando las emociones son más volátiles y los adolescentes se enfrentan a la presión de sus amigos, a la sociedad y a los conflictos con sus padres u otras figuras de autoridad (abuelos, profesores, entrenadores, etc.).

 

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Una de las tareas más difíciles en este caso es que el adolescente aprenda a expresar sus sentimientos de una manera sana y evite así el lado dañino de esas emociones. Hay que intentar en la medida de lo posible que el adolescente evite transformar esas acciones o palabras que dañan a otros en emociones.
 

Mi hijo es un rebelde ¿qué puedo hacer?

Con frecuencia, la rebeldía persistente de los adolescentes tan jóvenes exaspera enormemente a los padres y manejarla lleva en muchas ocasiones a sentir cierta impotencia e incapacidad. En esta etapa, además, los hijos necesitan que sus padres asuman su papel para que los guíen y les pongan límites. Además, la parálisis en estos casos es la peor opción. Existen también algunas acciones que están por completo contraindicadas:

- los gritos

- los discursos largos y moralistas

- regañarlos y reprenderlos permanentemente y en público

- insultarlos y humillarlos

- tratarlos con agresividad

- dejar de hablarles durante largos periodos de tiempo

- mostrar despreocupación por ellos como persona

Pero lo que sí puedes hacer es:

- Evitar temas que puedan convertirse en un motivo de conflicto. Hay que ser aquí bastante prudentes para no provocar al adolescente. Es importante dejar pasar por alto pequeños detalles como un gesto o una contestación algo desafortunada.

- Tener en cuenta que los adolescentes son expertos en discutir por discutir. Hay que evitar en la medida de lo posible caer en la trampa de las discusiones.

- Intentar procurar que salgan de su “yo, yo mismo”. Es fundamental que no den tanta importancia a sus cabreos sino que se preocupen también de su familia y de sus amigos, evitar que se muestren como personas indiferentes porque en realidad los adultos no lo son.

- Evitar pensar que siempre tenemos razón solo por el hecho de ser adultos y ser sus padres. Todo lo contrario, hay que tener claro que, muchas veces, los hijos, por mucho que sean adolescentes, pueden tener perfectamente la razón. Todo el mundo se puede equivocar y vosotros, sus padres, también estáis metidos en el saco. Además, cuando un adulto sabe reconocer que se ha equivocado también le está proporcionando a su hijo un ejemplo muy bueno y también necesario.

- No castigar ni sermonear en medio de un enfado o una discusión. Efectivamente, en medio de una discusión o de un enfado no es momento de imponer castigos o de regañar a vuestro hijo adolescente. Mejor estar tranquilos y relajados en el momento de hacerlo.
 

La rebeldía como pura supervivencia

Lo cierto es que si los padres, de manera general, pudieran introducirse en la mente de una o de uno de estos adolescentes etiquetados durante toda su vida como un “adolescente rebelde” podríamos comprender en realidad que esta actitud insumisa solamente es la forma que encontraron para sobrevivir a una situación injusta de poco respeto y un exceso de control, pero también para seguir siendo ellos mismos.

Lo que hacen es protestar, pero es que el adolescente protesta por mantener en realidad viva su voz, su opinión y también su integridad. Además, hay que tener en cuenta que sin esta actitud rebelde quizás hubieran sucumbido al sometimiento y se habrían convertido, por ejemplo, en personas apocadas y de muy baja autoestima. Además, y según la gran mayoría de los expertos en psicología, la rebeldía les ayuda a sobrevivir y a mantener “cierta cordura interna” en un entorno irrespetuoso y disfuncional porque al fin y al cabo la rebeldía es un síntoma de salud mental porque, además, a pesar de todas las presiones externas, no logran realmente desconectarle de sus verdaderos deseos y de su voz interior y “ese niño rebelde” se mantiene todavía vivo.

Sin embargo, ante esto los padres justamente hacen lo que no deben. Intentan reconducir a un adolescente rebelde y seguramente lo hacen para procurarles, como ellos mismos aseguran muchas veces, “un buen futuro”. Sin embargo, al hacerlo, o al menos al intentar hacerlo con una estrategia errónea, lo único que pueden hacer es acabar perjudicándoles.

En muchos casos, de hecho, pese a la fortaleza mostrada por el menor durante esta etapa, esos mensajes de culpa y de vergüenza que los padres han estado transmitiéndole reaparecen en su edad adulta para causar estragos en su psique. Son mensajes que no van a dejar de circular por su inconsciente durante todos estos años por lo que hay que tener especial cuidado con la forma en que afrontamos la adolescencia de los hijos.


Fuentes:

Álava, Silvia (2016), Queremos que crezcan felices, Madrid, Actitud de Comunicación.

Alberca, Fernando (2012), Adolescentes. Manual de instrucciones, Madrid, Espasa Calpe. 

Fecha de actualización: 03-09-2020

Redacción: Ana Ruiz

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