Miedo infantil a la muerte

Miedo infantil a la muerte
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Aunque el miedo puede resultar un mecanismo beneficioso frente a ciertas situaciones, protegiéndonos de posibles peligros, puede afectar la vida de un niño que hasta entonces no se planteaba el final de la vida, haciéndole sufrir mucha angustia. El miedo a la muerte puede generarle ansiedad, incapacidad para conciliar el sueño, rechazo a dormir solo y fuera de casa, o no querer alejarse de los padres.

La muerte es un fenómeno natural, pero también uno de los eventos que más difícil resulta de comprender. Todas las personas nos preguntamos tarde o temprano sobre la muerte, la tememos y nos enfrentamos a ella en diferentes etapas de nuestra vida, los niños no están exentos de ello. Incorporar el concepto de la muerte a su vida y reconocerla como algo real puede ser una experiencia un tanto difícil de racionalizar para los más pequeños. Por lo que los padres deben estar preparados para hablar de ello e intentar que el primer contacto del niño con la muerte sea lo menos traumático posible, cuando llegue el momento, lo cual depende de varios factores:


- La edad que tenga. El concepto de la muerte varía con la edad del niño. Comienzan a conocer el concepto de muerte alrededor de los 3 años a través de cuentos, películas o experiencias que puedan tener alrededor. Pero este concepto suele ser bastante vago, piensan en ello como algo reversible, no lo ven como algo permanente e inevitable.


- La madurez emocional del niño. La capacidad que tenga para elaborar sus emociones y la forma en que las maneje determinará la manera en que afronta la situación y las consecuencias que pueda tener.


- El desencadenante de la conversación. Puede que el niño sienta curiosidad por el concepto de la muerte, o se haya producido un fallecimiento en el entorno de la familia.

De los seis a los once años el niño comprende gradualmente que la muerte es irreversible y definitiva. Comienzan a ser conscientes de que las personas mayores que les rodean fallecerán algún día, pero esto no significa que no sientan preocupación, temor y angustia. La verbalización de todos estos sentimientos no es sencilla y, en ocasiones, los miedos a la muerte aparecen de una forma alternativa: miedo a la oscuridad, a los animales, a las personas malvadas…


Si se detectan miedos que antes no existían, quizás sea el momento de afrontar la conversación, no es conveniente esperar ya que pueden agravarse.


Los niños pueden experimentar la angustia o el miedo frente a la posibilidad de la muerte de sus padres, la suya propia o la de otros familiares.


Cuando se muere algún familiar o conocido, no hay que utilizar frases como “Está durmiendo en el cielo” o “Ya no volverá a despertarse”. No hay que confundirle ni hacerle pensar que la muerte es igual que dormirse, pues de esta manera puede desarrollar un miedo fatal a que él no vaya a despertarse cuando se duerma.


Pero para disminuir el temor del niño no es útil tratar de convencerle de que sus miedos son irracionales o sin sentido. El miedo es una emoción visceral y, aunque consigamos entenderlo y tratar de razonar sobre ello, no disminuye, tan solo puede ser cambiado a través de la experiencia y el afrontamiento.


A la hora de hablar con él, es fundamental utilizar un lenguaje claro y acorde a su edad y a lo que necesita, que el niño pueda entender y procesar. Se puede pensar que es mejor dar respuestas excesivamente simples o contestar “Tranquilo, eso no le va a pasar a mamá o papá”, pero esto solo minimizará lo que el niño está sintiendo. No se debe restar importancia a sus preocupaciones, ya que de este modo solo se contribuye a incrementarlas y a que no encuentre respuestas ni tranquilidad.


Tampoco se debe eludir el tema, esto puede hacer que el niño se haga sus propias ideas de lo que significa la muerte y le cueste más aceptar la realidad.


Cuando se trata de niños de corta edad es más complicado tratar el tema de forma directa. En ocasiones, los cuentos y narraciones infantiles pueden ayudarles a elaborar y poner nombre a sus miedos, a expresarlos y a extraer de forma inconsciente una enseñanza.


De los once años en adelante aparece el pensamiento más abstracto, por lo que comienzan a ser conscientes del carácter universal, inevitable e irreversible de la muerte. Son conscientes de que también ellos morirán en algún momento y, solo aquí, se encuentran en disposición de ver la muerte como una etapa más de la vida.


Lo normal es que este miedo se pase solo con el tiempo, a medida que el niño crece y evoluciona. Pero, en ocasiones, se convierte en una fobia constante que causa tanto temor al niño que es incapaz de irse a la cama y dormirse. Ante esta situación, lo mejor es buscar ayuda profesional que pueda orientar a los padres cómo deben actuar y trabajar con el niño para que se sienta más tranquilo.


Fuente:

Coleman, Paul (2001), ¿Cómo decirlo? A los niños, México, Pearson Educación.

Redacción: Cristina Rodríguez

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