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Mi hijo adolescente amenaza con irse de casa

Mi hijo adolescente amenaza con irse de casa

No cabe duda de que la adolescencia es una etapa muy pero que muy complicada, tanto para padres como para hijos pues se trata de una época de cambios constantes y tanto físicos como emocionales y mentales. Una etapa de transición entre la niñez y la adultez en la que muchas veces se quiere hacer lo mismo que los adultos como, por ejemplo, irse de casa o lo que es lo mismo “independizarse”, pero cuando todavía sé es menor. ¿Cómo actuar ante esto?

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Índice

 

¿Por qué amenaza con irse de casa?

Mientras se está educando a los niños se les va trazando los límites de lo tolerable y lo intolerable. Constantemente retan, desafían a sus mayores para ver si realmente son o no consistentes en esas normas establecidas, etc. Además, los adolescentes son conscientes de los puntos débiles de sus progenitores porque entre otras cosas son ellos quienes se los han ido mostrando con el paso del tiempo y es ahí donde “machacan”. Y es entonces cuando llegan las amenazas.

Por norma general, esas amenazas de las que hablamos se producen casi siempre en la adolescencia. Ay, la adolescencia ¡qué etapa más dura para los padres! La adolescencia es principalmente una época de cambios, la etapa que marca el proceso de transformación del niño en adulto, un periodo de transición con algunas características peculiares. El menú del día, sí, aunque unas son peores que otras.

Sin embargo, en estos casos lo primero que hay que tener en cuenta también es que un adolescente rebelde que amenaza de vez en cuando no se ha vuelto rebelde de un día para otro. Además, su rebeldía probablemente se haya ido alimentando cada día de los conflictos con sus padres de los que, además, en la mayoría de las ocasiones se cree que sale victorioso. Asimismo, es importante también saber que como actúen los padres repercutirá en las acciones que lleven a cabo los hijos. Ellos saben perfectamente cuáles son los puntos débiles de sus progenitores y no dudarán en amenazarlos con irse de casa si saben que así cederán a todas sus peticiones, así que cuidado.

Por ese motivo especialmente es por el cual los padres tienen que actuar como tal y no se pueden dejar intimidar. Poner una serie de normas y límites bien establecidos en el momento oportuno hace que los hijos sepan que están bajo la tutela de los padres, aunque ello no signifique que los padres deban ser autoritarios y no puedan dialogar con sus hijos, pero hay que saber hacerlo adecuadamente.

Es importante negociar con ellos las normas, las consecuencias del incumplimiento de estas, así como resolver los conflictos que surjan en la familia a través del diálogo, la comprensión y el entendimiento creando poco a poco esa “especie de conexión especial” entre padres e hijos, aunque a veces sea tarea imposible…
 

¿Tu hijo y tú no os entendéis? ¿Discutís constantemente? 

Lo primero, calma. Es cierto que tenemos de todo en esta vida y que habrá padres y madres que se lo tomen a risa o simplemente menosprecien la amenaza de los hijos de irse de casa, pero también todo lo contrario, es decir, que se paralicen por el miedo que les llega a entrar. Ante ello, y sobre todo en este caso en el que el adolescente es simplemente eso, un adolescente y, por tanto, menor de edad, habrá que hablar tranquilamente para descubrir el porqué de esta decisión.

Escuchar sin interrupciones de ningún tipo permitirá a los padres darse cuenta si se trata en primer lugar de una simple y pura manipulación del adolescente o de si, de lo contrario, lo que le sucede es que se siente bastante presionado por la rigidez de las normas que hay en casa. El primer caso suele ser más habitual que el segundo, aunque en cualquiera de los dos lo que está claro es que, si es menor y decirse irse de casa en algún momento debe saber que vosotros, sus padres, lo buscaréis por dos razones:

- porque le queréis

- porque es vuestra responsabilidad como padres

Emilio Calatayud (abogado, escritor y magistrado) en alguna ocasión ya nos ha advertido de que ni es fácil ser hijo ni es fácil ser padre, pero también de que no existe ningún libro de instrucciones para hacerlo mejor o peor, en cualquier caso. En su opinión, además, existen al menos tres respuestas ante el ultimátum del adolescente al decidir irse de casa:

- Vale, pues coge una muda y vete. Pero solo una muda, que lo demás es nuestro que para eso te lo hemos pagado. Es un órdago, pero puede que el niño o la niña se vaya. Hay que ser fuertes. Lo pasaréis mal y tendréis miedo, pero, lo normal, es que la muda con el niño y la niña estén de regreso en unas pocas horas.

- No, tú no te vas. Nos vamos nosotros y los recibos y lo demás lo pagas tú. Buenas tardes, hijo/a. Al salir de la casa y, aunque no se sienta, es bueno fingir unos gritos de alegría para que el niño/a se quede más perplejo de lo que ya está.

- No te vayas, por favor, no sé qué haríamos sin ti. Esta última reacción es humanamente comprensible, pero los padres que se decidan por ella corren el riesgo de que el hijo/a se les acople hasta que tenga 40 años o más.
 

Pero ¿qué es lo correcto? ¿Qué no?

Quizás la respuesta correcta no la tiene nadie, pero lo que sí está claro es lo que no se debe hacer:

1. Pedirle que no se vaya. Si tu hijo lo decidió así es porque ya lo tiene «todo» calculado.

2. No preguntarle si lo ha pensado bien. Esa pregunta lo va ofender en lugar de hacerlo cuestionar su “propia" decisión.

3. No hacer chantajes. Evita frases como «sin ti me voy a sentir muy sol@», «me vas a abandonar».

4. Evitar las amenazas. «Te olvidas de que tienes padres», «ya no cuentas con nosotros», «si cruzas esa puerta, has muerto para nosotros».

5. Espiarlo. No te pongas en el papel de espía y comiences a investigarlo en las redes sociales o con sus amigos. Si quieres saber algo, pregunta.

6. Dramatizar. No propagues la voz con los demás familiares poniéndote en el papel de mártir. No hagas ver a tu hijo como el malo y mucho menos pongas a la familia en su contra.
 

Algunas sugerencias para una mejora de la relación con el hijo o hija adolescente


Existen algunas sugerencias para mejorar la relación con los hijos adolescentes antes de que “se cumplan esas amenazas”:

- prestar atención cuando hable

- escucharle

- intentar entenderlo

- no sermonearle, decir las cosas claras y de manera concisa

- hablar de las emociones y los sentimientos de ambos

- resolver conflictos hablando y orientándole para que aprenda de sus errores

- evitar forzarle a hacer las cosas a vuestra manera, dejar que se equivoque si ha de hacerlo

- establecer unos límites y normas, pero que no estén impuestos
 

Adolescentes que se fugan de casa ¿cómo evitar que se vayan?

Estar disponibles de manera afectiva, aunque se haya portado mal

La distancia afectiva que en ocasiones marcamos tras un castigo o reprimenda hace que el adolescente se sienta solo o no sepa cómo manejar las emociones negativas que siente tras el conflicto. La disciplina siempre debe estar centrada en corregir la mala conducta, enseñar respuestas alternativas y mantenerse afectivamente disponible.

Explicarle las consecuencias de sus actos cuando nos amenace con irse de casa

Es muy importante no entrar en alarmismos innecesarios, pero sí necesitamos ser realistas y anticiparles las consecuencias de fugarse de casa como pueden ser perderse, estar en peligro físico o tropezarse con personas con malas intenciones.

Fomentar la empatía

Ante estas amenazas, trabajar la empatía. Trasladarle cómo nos hace sentir solo de pensar en la posibilidad de escaparse y que le pase algo malo, así como la preocupación y el dolor que puede producir en vosotros dicha fuga.

Ofrecer alternativas

Empatizar ante su enfado, mostrarnos comprensivos ante su desilusión, su frustración o su tristeza, y enseñarle que hay otras formas de expresar las emociones negativas.
 

¿Cómo actuar si el menor adolescente vuelve a casa tras su fuga?

Si aún con estas recomendaciones el adolescente se escapa de casa lo único que está mostrando, sobre todo, es su inmadurez y vulnerabilidad ante un problema que está viviendo y al que no le encuentra otra solución más que “huir de casa”.

Desde ahí en primer lugar mostraremos nuestra alegría y tranquilidad al ver que ha regresado y que está bien, pues no es momento de reprimendas ni de castigos. La culpa y la consciencia de lo que ha hecho ya están presentes en su mente.

Y ya pasados al menos un día o dos, encontrar un espacio para reflexionar con él sobre la consecuencia de dicho acto, sobre cómo nos hemos sentido y también los posibles riesgos a los que ha estado expuestos. Además, habrá que mostrarse también cercano y disponible para que nos cuente cómo ha vivido esa experiencia y cómo se ha sentido. Y, a partir de aquí, tratar de enseñarle distintas alternativas para que pueda manejarse de otra manera la próxima vez que se sienta así.

Hay que tener en cuenta que las fugas durante la adolescencia, aunque sea por unas horas, son “relativamente” frecuentes, aunque no por ello han de ser aceptadas.


Fuente:

AEP

Fecha de actualización: 11-01-2021

Redacción: Ana Ruiz

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