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¿Cómo pueden los adolescentes colaborar en la construcción de la realidad?

¿Cómo pueden los adolescentes colaborar en la construcción de la realidad?

La adolescencia es una etapa de la vida llena de fuerza y energía, etapa en la que adolescentes experimentan cambios físicos, psicológicos, emocionales y sociales. La misma etapa en la que muchas veces ni ellos mismos se reconocen ni conocen tanto como creen su entorno. La misma etapa en la que estos muchas veces confunden la realidad. ¿Cómo pueden ellos colaborar en esa “construcción de la realidad”?

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Índice

 

Procesos de construcción de la realidad

Solamente en el caso de algunos autores su interpretación psicosociológica de la adolescencia y la juventud contemporáneas está vinculada a los procesos de construcción social de la realidad. Ambos estadios se consideran como un signo de los tiempos modernos y postmodernos asociados a unos condicionantes contextuales que las han conformado como productos sociohistóricos. Aunque se critica la visión que domina de dichos conceptos y mediante la cual se homogeniza la diversidad de tipologías de adolescentes y jóvenes bajo la etiqueta de la adolescencia y la juventud. De hecho, y de acuerdo con otros investigadores, se afirma que no hay adolescencia, sino adolescentes y que tampoco hay juventud, sino jóvenes.

Son dos los autores (Peter L. Berger y Thomas Luckmann) quienes señalan que la realidad se construye socialmente, y lo hacen en una de las obras teóricas más importantes e influyentes de la sociología contemporánea “La construcción social de la realidad”. La “realidad” entendida como una serie de fenómenos externos a los sujetos y el “conocimiento” como la información respecto de las características de esos fenómenos. Pero ¿por qué hablamos de ambos términos? Bien, porque realidad y conocimiento se encuentran íntimamente relacionados a partir del proceso en que el cuerpo del conocimiento sobre un fenómeno determinado queda establecido socialmente como realidad.

La trascendencia de Thomas Luckmann, ya mencionado más arriba, en el campo del pensamiento social vino dada por la publicación de La construcción social de la realidad (1967) y por completar la obra inacabada de su maestro Alfred Schütz. En Las estructuras del mundo de la vida (1977) los autores plantean una teoría del mundo de la vida en la que, a partir de la experiencia individual del sujeto, se describe la estratificación de su mundo de la vida con el foco puesto en la cotidianidad. La realidad cotidiana se encuentra dominada, entonces, por la acción y la comunicación. Sin embargo, para Luckmann no puede ser adscrito a una única perspectiva como la fenomenología social. Para él, por tanto, aunque siempre desde una óptica construccionista, el centro de su propuesta es el sujeto al que concibe, antes que cualquier otra cosa, como un individuo en permanente vínculo e interacción con sus semejantes. Desde estas situaciones de interacción, los sujetos construyen la sociedad y, a la vez, son construidos por esta.
 

¿Qué es el construccionismo social?

La perspectiva del construccionismo social ha crecido considerablemente en las últimas décadas, tanto en el campo de la psicología social como en el de la sociología. Y, aunque es evidente que no hay una única interpretación de lo que es exactamente este término, generalmente se le identifica con trabajos que van desde el interaccionismo simbólico hasta la etnometodología, aunque la primera vez que se mencionó de forma explícita la noción de construcción social fue en la obra La construcción social de la realidad de Berger y Luckmann (mencionados también más arriba).

Atendiendo a Cromby y Nightingale (1999) son cuatro las características generales del construccionismo social:

- La primera tiene que ver con la primacía de los procesos sociales; es decir, se considera que las experiencias de los sujetos en el mundo son, primeramente y antes que cualquier otra cosa, procesos sociales, y se concibe la interacción en la vida cotidiana como la determinante de los conocimientos incorporados por los sujetos.

- La segunda idea se relaciona con la especificidad histórica y cultural, de modo que todo lo que los sujetos conocemos son productos social y culturalmente específicos.

- En tercer lugar, destaca la idea de la interdependencia entre conocimiento y acción; es decir, cada modo de conocimiento trae incorporadas formas de acción diferenciadas, lo cual conlleva, a su vez, consecuencias también diferenciadas.

- La cuarta idea tiene que ver con la postura crítica que el construccionismo social toma con respecto al positivismo y al empirismo; el construccionismo asume que todo conocimiento es histórica y socialmente específico y un aporte crítico de este fue desafiar al esencialismo, al individualismo y al mentalismo, ideas centrales en la psicología hegemónica, de corte más experimental.

Para el construccionismo social, por lo tanto, el mundo social está conformado por conversaciones concebidas como patrones de actividades conjuntas, similares a los juegos. Así, desde que nacemos, estamos incluidos en determinadas pautas de interacción social. Como en el caso de muchos juegos, estas pautas no las iniciamos nosotros. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, nos encontramos cada vez más involucrados en ellas (son las que nos permiten aprehender y construir los significados de nuestro entorno). Los sujetos tienen la capacidad innata para insertarse en estas conversaciones o pautas de interacción. Estas actividades se estructuran, como los juegos, según ciertas normas.

Para Berger y Luckmann, la subjetividad se comprende como un fenómeno que pone de manifiesto el universo de significaciones construido colectivamente a partir de la interacción. La propuesta tiene como eje básico el concepto de intersubjetividad, comprendido como el encuentro, por parte del sujeto, con otra conciencia que va constituyendo el mundo en su propia perspectiva. La intersubjetividad no se reduce al encuentro cara a cara, sino que se amplía a todas las dimensiones de la vida social. Por tanto, sus propuestas socio-fenomenológicas implican el tránsito de lo individual a lo social, de lo natural a lo histórico y de lo originario a lo cotidiano.

En La construcción social de la realidad (1967), los autores parten de dos tesis básicas:

- por un lado, de que la realidad se construye socialmente;

- por el otro, consideran que es tarea de la sociología del conocimiento analizar los procesos por medio de los cuales se construye socialmente la realidad.

Para la exposición de estas dos tesis básicas, los autores construyen un argumento central: los procesos de objetivación, realizados por medio del lenguaje usado en la interacción social cotidiana son los que construyen la sociedad y la convierten en una realidad objetiva a través de los mecanismos de institucionalización y legitimación.
 

Pero ¿qué pasa en el caso de los adolescentes? ¿Cómo pueden colaborar ellos en dicha construcción de la realidad?

En realidad, los adolescentes no colaboran. El adolescente es parte de esa “construcción social”. Los adolescentes están dotados con comportamientos y características muy fundamentales que combinadas y puestas en el correcto rumbo de acción pueden constituir un aporte insuperable para el desarrollo, progreso y buen vivir tanto en el núcleo de la sociedad como la familia y la sociedad en sí. Claro que al aceptar esta idea como correcta se deberían aceptar también otros paradigmas que enuncian de manera errada que “los adolescentes y jóvenes son el futuro la sociedad”, que deben ser orientados asumiendo una postura sumisa ante los adultos para poder asumir funciones útiles para la sociedad solo en un futuro, siendo su aporte en el presente casi nulo. Aunque lo cierto es que la realidad presenta la idea de que este paradigma está cada vez más errado puesto que los adolescentes han reclamado (y reclaman hoy cada vez más) su derecho a aprender, crecer y aportar algo a la sociedad dirigiendo sus derechos, expresiones y protagonismo hacia una participación activa en la construcción de la realidad tanto del presente como del futuro, un futuro marcado además por la globalización en el mundo.

Su enorme potencial para asumir roles y tareas que implican liderazgo dentro de sus familias y la sociedad concuerda con los significativos aportes y un fuerte compromiso en la construcción de sus propios caminos y destinos con una responsabilidad en cuanto al aporte que deben realizar para conveniencia de la sociedad. Tienen un poderoso frenesí de energía, impulso, deseo por realizar, gran creatividad que deriva en innovación, y suelen permanecer optimistas y entusiastas. En general son positivos, alegres y efusivos, características todas ellas muy positivas en todos los ámbitos de la vida. Pero por encima de todo, los adolescentes están abiertos a convivir, compartir e intercambiar experiencias y conocimientos. Y ya dejaron hace tiempo de ser recipientes pasivos a la espera de conocimiento o enseñanzas que pudieran proporcionarle los adultos.

Ahora son actores protagonistas de la construcción y rediseño de sus propios proyectos y expectativas, y todos aquellos que actúan con sabiduría son conscientes de su potente músculo intelectual, emocional y espiritual, pero también lo son de sus cualidades específicas y de cómo estas pueden aportar a su propio desarrollo y bienestar, así  como contribuir al crecimiento familiar y social, reconociendo siempre que no lo pueden hacer solos, sino que la vida personal, familiar, laboral y  social solamente puede alcanzar su verdadera plenitud cuando se sustituye el conflicto por el encuentro entre las generaciones, es decir, cuando se hace posible la contribución y el aporte de todos.


Peter L. Berger y Thomas Luckmann, La construcción social de la realidad

 

Fecha de actualización: 12-02-2021

Redacción: Ana Ruiz

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