Nunca obligues a tus hijos a pedir perdón

Nunca obligues a tus hijos a pedir perdón
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El perdón, para que sirva de algo, debe ser sincero. Por eso, aunque se debe enseñar a los niños a pedir perdón y perdonar, nunca se les debe obligar a hacerlo, ya que, si las disculpas no son sinceras, no valen de nada. El niño realmente no siente lo que ha hecho y volverá a cometer ese error. Por eso, no se debe obligar a los niños a pedir perdón por sistema, sino que hay que enseñarles el valor del perdón y la empatía.

Y es que un nuevo estudio ha descubierto que forzar a los niños a pedir disculpas puede hacer que sean menos agradables en el futuro. Esta investigación ha descubierto que obligar a pedir disculpas a los niños puede empeorar las cosas. Cuando los niños dicen un falso "lo siento", a sus víctimas les disgusta aún más. Es decir, en lugar de sentirse mejor, se sienten más agraviadas. Sin embargo, los niños responden más positivamente cuando el arrepentimiento es sincero.

Según el estudio, publicado este año por la Universidad de Michigan, obligar a un niño a pedir disculpas cuando no lo siente generalmente hace más daño que bien.

"Hacer que tu hijo se disculpe porque sí, o por quedar bien, es contraproducente", dice el autor del estudio, Craig Smith, del Centro de Crecimiento y Desarrollo Humano de la universidad. "Los otros niños no consideran que el que ha pedido perdón sea agradable. Si resulta que el objetivo principal y la enseñanza que queremos transmitir a nuestro hijo al decirle que debe pedir perdón es ayudar a nuestro hijo a expresar su remordimiento, aliviar los sentimientos de dolor de la otra persona y hacer que nuestro hijo sea más agradable, lo habremos perdido por completo al obligarle”. 

El estudio preguntó a niños de entre 4 y 9 años sobre sus reacciones a tres tipos de disculpas:

- disculpas genuinas sin que los padres las pidieran
- disculpas auténticas pedidas por los padres
- disculpas forzadas

Al darse cuenta de las respuestas de los niños, descubrieron que todos los niños, especialmente los de 7 a 9 años, se sentían peor con el solicitante del perdón después de recibir una disculpa forzada, viéndolos como personas no agradables. Los sujetos, sin embargo, apreciaron las disculpas sinceras, fueran o no motivadas por sus padres. 

Los niños también se dieron cuenta de que el transgresor se sentía peor consigo mismo después de ser forzado a decir "lo siento": ¿se sentían mal por su acción original o por ser obligados a pedir disculpas? Los niños mayores sintieron que los disculpadores forzados estaban más preocupados por ellos mismos que por sus víctimas, preocupados por el castigo y sus propias consecuencias en lugar de lamentarse por haber hecho que sus víctimas se sintieran heridas.

Por lo tanto, si queremos enseñar a nuestro hijo a pedir perdón de verdad, sintiendo lo que ha hecho, primero hay que fomentar la empatía por la víctima. Asegúrate de que el niño entiende lo que ha hecho y por qué la otra persona se siente mal y no le obligues de pedir perdón hasta que no veas que realmente está listo para ello. Una vez que notes que siente lo que ha hecho, anímale a disculparse. 

Puede ser mejor tomarse un tiempo de espera personal antes de corregir al transgresor, permitiendo que el conflicto se enfríe un poco para los dos. "Cuando tu hijo esté calmado, ayúdalo a ver cómo se siente la otra persona y por qué. Una disculpa es una forma de hacerlo, pero hay muchas maneras. La investigación muestra que incluso los niños en edad preescolar valoran más el perdón cuando notan que el otro se ha dado cuenta de su culpa. A veces esto es más poderoso que las palabras". Es decir, notar que la otra persona lo siente, aunque le cueste expresarlo, es más importante que escuchar un “lo siento” forzado. 

Eso no significa que no haya ocasiones en que haya que recurrir a una disculpa forzada, especialmente en situaciones donde hay pocas oportunidades para la resolución completa de conflictos, como durante un recreo. En ciertos casos, incluso si la persona no es sincera, es importante para la persona ofendida: les permite saber que los adultos los tomaron en serio y ayudan a modelar la práctica restaurativa. Es decir, aunque notes que tu compañero no siente realmente haberte pegado, el hecho de que el profesor se ponga de tu parte y le obligue a pedirte perdón puede hacer que te sientas mejor. 

No obstante, del estudio se desprende una conclusión clara: es mejor invertir nuestro tiempo en desarrollar la empatía en nuestro hijo para que él mismo se dé cuenta de cuándo ha cometido un error y ha hecho daño a alguien y, por lo tanto, debe pedir perdón para restaurar el daño causado. 


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Fuente:

Smith, Craig E.; Anderson, Deborah; and Straussberger, Anna (2018) "Say You’re Sorry: Children Distinguish Between Willingly Given and Coerced Expressions of Remorse," Merrill-Palmer Quarterly: Vol. 64 : Iss. 2 , Article 5. https://digitalcommons.wayne.edu/mpq/vol64/iss2/5

Redacción: Irene García

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