Cómo mejorar el rendimiento escolar cuando llega el calor

Cómo mejorar el rendimiento escolar cuando llega el calor
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Es primavera, y con ella llega el tan deseado calor. Atrás quedaron los abrigos, las botas, los guantes, los días grises… el carácter se alegra y todos empezamos a pensar en qué hacer después del trabajo, nos distraemos con mayor facilidad e incluso concentrarse y rendir cuesta más de lo normal

No solo nos sucede a los adultos, también nuestros hijos se sienten más cansados, les cuesta atender en clase y los profesores perciben que el rendimiento en las aulas desciende con el buen tiempo.

 

¿Qué es?

 

¿A qué nos referimos concretamente con rendimiento escolar? Esta cuestión hace alusión a la medición de la capacidad intelectual que tienen los alumnos hacia los estímulos educativos y formativos. No siempre es constante ya que multitud de factores pueden incidir sobre ella modificándola:

 

-       Complejidad de las materias que se imparten

 

-       Acumulación de trabajos y exámenes

 

-       Estrés

 

-       Grado de comodidad en el aula

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Después de la vuelta al cole de los más pequeños, es momento de analizar sus comportamientos y posibles trastornos. Los más frecuentes son los relacionados con la audición (sobre todo entender), la voz, el habla del lenguaje y los trastornos del aprendizaje. Este tipo de problemas influyen en el rendimiento escolar y la implicación de la familia y del entorno escolar es fundamental, siempre que colaboren en la misma dirección que el terapeuta.

 

-       Motivación

 

-       Climatología

 

-       Etc.

 

Precisamente, la temperatura en las aulas es un condicionante importantísimo porque influye directamente en el ánimo y disposición del alumno y de los profesores en el colegio. Los centros educativos, al igual que las empresas, deben cuidar al detalle que en sus instalaciones no se den cambios bruscos entre el calor de la calle y el frío del interior (o viceversa en invierno).

 

El ambiente y el espacio ergonómico en las clases impactan fuertemente en el rendimiento escolar tal como afirma un estudio realizado por la Universidad de Durham (Reino Unido) en el que se subraya que “ambientes de aprendizaje extremadamente pobres tienen un efecto negativo en los estudiantes y en el personal docente” y al mejorarlo “se obtienen beneficios significativos”.

 

Y para que estas medidas se cumplan de manera estricta e inaudiblemente en todas las escuelas, un Real Decreto (486/1997) establece qué condiciones de temperatura tienen que darse en los puntos de trabajo y en los locales donde se realicen trabajos sedentarios, como es el caso de los centros de enseñanza.

 

Concreta que en invierno, para respetar los criterios establecidos en el Decreto, la temperatura debe mantenerse entre los 17º y 24 ºC (teniendo en cuenta que vestimos ropa de abrigo) según la región en la que esté ubicada el centro, y entre los 23º y 27 ºC en verano considerando que usamos ropa más ligera.

 

Recomendaciones

 

- Permanecer atentos a los sistemas de calefacción y aire acondicionado para evitar que se generen temperaturas excesivamente altas o bajas. Para ello resulta muy útil colocar termómetros u otras herramientas de medición de la temperatura en las paredes de las aulas o salas de los colegios.

 

- Durante el periodo de calor del calendario escolar conviene mantener las persianas bajadas y las ventanas cerradas dentro de clase para evitar que los rayos del sol incidan en el interior en las horas de más calor.

 

- Aireando todos los días las aulas en las horas más frescas conseguiremos mantener la temperatura idónea para cuando los niños vuelvan.

 

- Las actividades escolares y extraescolares que se practiquen en el exterior deberán ser cambiadas de horario, si fuera necesario, para evitar percances producidos por el calor o el frío.

 

Estos sencillos consejos servirán para que la humedad y velocidad del aire, la temperatura de los objetos que nos rodean, la actividad física, la vestimenta y el ambiente creado determinen de manera correcta el balance térmico del organismo y la sensación térmica corporal.

 

Como ya hemos visto, el calor causa fatiga en los alumnos y en los maestros y hace que los contenidos y sistemas de enseñanza tengan que modificarse en las aulas, aprovechando las horas más frescas cuando se requiere un grado mayor de atención y resolución y las horas más calurosas para las materias más dinámicas e imaginativas.

 

Por tanto, si la escuela se adapta, y modifica su metodología, para no afectar al rendimiento de los niños, ¿en casa deberíamos también alterar algunos hábitos para contribuir en esta tarea? La respuesta es sí. Basta con variar el menú incluyendo platos más ligeros, aportar de forma extra vitaminas B y C para que la capacidad intelectual del pequeño no se vea mermada, proporcionarles agua constantemente para permanecer hidratados y, sobre todo, procurar que duerman placidamente las 8 horas recomendadas.

 

- Vitamina B: Todas las vitaminas del complejo B son cofactores del proceso de producción de neurotransmisores. En concreto, la B1 te la proporciona la carne de cerdo, la B6 en el melón, el pollo y los plátanos y la B12 en los huevos y el queso, ésta muy importante para contrarrestar el estrés y fortalecer la agilidad intelectual.

 

- Vitamina C: Los expertos han comprobado que con ella disminuye la posibilidad de sufrir cáncer cerebral sobre todo en la infancia. Los cítricos, el pimiento, o los tomates aportan esta vitamina.

 

- Calcio: interviene en la transmisión de los impulsos nerviosos, presente en la leche y en sus derivados.

 

- Hierro: influye en el rendimiento y en el trasporte de oxígeno a las células. Lo contienen las carnes, legumbres y frutos secos, especialmente la nuez y la avellana ya que aportan un aminoácido muy importante para la memoria.

 

- Proteínas: regula la capacidad intelectual e incide “de lleno” en el estado de ánimo. Las aportan los alimentos de origen animal.

 

Nuestro cerebro, y especialmente el de los niños, necesita una alimentación equilibrada para funcionar bien, tal como indica la web www.alimentación-sana.com. Existen vitaminas y minerales que intervienen directamente en la concentración, la memoria, el rendimiento intelectual y el estado de ánimo. Si nuestro cuerpo careciese de ellos sería mucho más difícil que el cerebro rindiera al máximo.

 

 

Decálogo para un cerebro sano:

 

- DESAYUNO. Constantemente nos dicen que el desayuno es la comida más importante del día pero, ¿por qué? Es debido a que nuestros hijos normalmente, desde que cenan hasta que se despiertan pasan 10 horas de ayuno y si por la mañana no se alimentan, pasarán apáticos el resto del día y su glucosa podrá bajar afectando así, entre otras cosas, al rendimiento en el colegio.

 

- COMIDA. En época de esfuerzos es importante que los niños coman verduras porque son fuentes ricas en potasio, magnesio, ácido fólico y fibra.

 

- CENA. Evita que las cenas sean pesadas y ligeras en grasas ya que la digestión por la noche puede afectar el funcionamiento normal del estómago y a la vez puede dificultar el sueño.

 

- MERIENDAS. Golosinas, bollos industriales, galletas, comida rápida… aportan energía pero también peso de más. Sustitúyelos por fruta fresca de temporada, yogures, sándwiches y bocadillos.

 

- PLANIFICACIÓN. Organizar el día permite a padres e hijos disponer de tiempo para el estudio, el ocio y el descanso. El sueño es muy importante para que la mente descanse lo suficiente.

 

- ESTIMULANTES. Consumir bebidas cafeinazas, té, gaseosas u otros estimulantes  mantiene la mente despierta pero no aumenta proporcionalmente la concentración y la memoria. La opción saludable serían los zumos mezclados con alfalfa o apio, el agua y las infusiones.

 

- DORMIR. Descansar 8 horas al día proporciona agilidad mental y máximo nivel de rendimiento.

 

- SUPLEMENTOS. En esta época es bastante frecuente el aumento injustificado de la venta de suplementos de vitaminas y minerales. Una alimentación bien equilibrada, que incluya alimentos de todos los grupos consumidos a diario, cubrirá todas las necesidades de energía y nutrientes sin necesidad de recurrir a ningún tipo de suplemento.

 

- DIETA. Una dieta inadecuada sumada a las crisis de ansiedad que se producen en épocas de exámenes puede hacer que los niños más aprensivos tengan problemas de sobrepeso o, peor aún que desarrollen enfermedades más graves relacionadas con la alimentación.

 

- NUTRIENTES. Si el calor, el frío o el cansancio le hacen perder el apetito, elabora platos más nutritivos. Añádeles clara de huevo cocinada y rayada, queso, leche, haz ensaladas con frutas y frutos secos, jamón, atún…

 

¡Importante!

 

El número de neuronas que se tiene a lo largo de la vida se produce durante nuestros primeros años de desarrollo y cuando estas mueren, no hay reproducción ni multiplicación posibles. En la formación de los tejidos cerebrales influye también la nutrición. Por tanto, una dieta equilibrada durante la infancia garantiza una buena capacidad de aprendizaje futura.

 

Los niños mal alimentados suelen ser, por lo general, niños distraídos a los que, a la larga, les costará concentrarse y estudiar.


Fuente:

Universidad de Durham

Redacción: Almudena Villoslada

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